Castillo Mart’nez, Cristina. ÒCanciones disparatadas de la provincia de Guadalajara: supervivencias modernas de la l’rica popular del Siglo de OroÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 4 (enero-junio 2007).

http://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/castillo.htm

 

ISSN: 1886-5623

 

 

 

Canciones disparatadas de la provincia de Guadalajara:

supervivencias modernas de la l’rica popular del Siglo de Oro

 

Cristina Castillo Mart’nez

Universidad de JaŽn

 

Resumen

A pesar de que la sociedad moderna no favorece la supervivencia de la l’rica popular de anta–o, todav’a se mantienen en el recuerdo de algunas personas vestigios de lo que fue aquella tradici—n. Este art’culo presenta un grupo de canciones disparatadas de la provincia de Guadalajara, algunas de las cuales tienen su origen en la l’rica popular del Siglo de Oro.

Palabras clave: canciones disparatadas, l’rica popular, Guadalajara, Siglo de Oro.

 

Abstract

Although modern society does not favour the survival of traditional poetry, nowadays there are still people who remember some of these verses. This article collects a small group of nonsense songs of Guadalajara, some of them with origin in the folk poetry of the Spanish Golden Age.

Keywords: Nonsense Songs, Folk Poetry, Guadalajara, Spanish Golden Age.

 

 

 

D

esde que el mundo es mundo, el ser humano ha sentido una especial atracci—n por lo lœdico, concebido como un espacio y un tiempo de evasi—n de la realidad, y manifestado, en ocasiones, como una inversi—n de lo l—gico, que da cabida casi a cualquier cosa, por irracional que Žsta parezca, y que roza, a veces, el mundo de lo carnavalesco. En otro momento hablŽ de la importancia de lo lœdico vinculado exclusivamente a los juegos[1]. Ahora quisiera analizar el funcionamiento de este aspecto en algunas canciones populares. Tan s—lo me voy a referir a un peque–o pu–ado de composiciones –muy breves–,  recogidas en la provincia de Guadalajara. Muchas de ellas constituyen un eslab—n m‡s de una larga cadena que se inicia en el Siglo de Oro, y que el tiempo y la fortuna han permitido que se extienda, como extra–a muestra del pasado, hasta este siglo XXI, en el que cada vez se concede menos relevancia al juego y a la canci—n l’rica transmitidas de modo oral y tradicional.

Buena parte de estas divertidas canciones podr’an ser entendidas como un chiste que rompe con el sentido l—gico de lo previsible, que quiebra el horizonte de expectativas del que las escucha por primera vez, habituado por la costumbre a un esquema similar previamente fijado[2]. Es lo que sucede con la siguiente canci—n, que fue recogida a un informante oriundo de Maranch—n:

 

Como sŽ que te gusta

el arroz con leche,

por debajo de la puerta

te echo un ladrillo[3].

 

El giro que se produce a ra’z de la incoherencia de sentido y de mŽtrica (ladrillo no rima, como deb’a ser preceptivo, con leche) de los dos œltimos versos –no s—lo con respecto a los primeros, sino en s’ mismos, a ra’z del hecho imposible que describen–, es el que crea la situaci—n disparatada. Sin embargo, frente a los chistes, aqu’ el conocimiento de la canci—n y su repetici—n no merma tanto el cariz humor’stico, quiz‡ porque, a diferencia de aquŽllos, no es tan importante el efecto sorpresa, o porque la existencia de un ritmo determinado mantiene viva la esencia del mismo. Ese corte brusco que provoca la sonrisa, y que se podr’a entender como una deformaci—n par—dica de las canciones de ronda que tanto proliferaron en Espa–a, tambiŽn viene marcado por la quiebra de la rima esperada. No podemos pasar por alto, por otro lado, que la brevedad de este tipo de composiciones l’ricas se presta bastante a su deformaci—n par—dica[4].

Siguiendo esta misma l’nea de burla, encontramos una nueva parodia de las canciones con las que el enamorado ronda a su amada frente a la casa de Žsta, convertida por la tradici—n en recia fortaleza custodiada por el padre. Veamos estos divertidos versos:

 

En tu puerta plantŽ un pino,

y en tu puerta plantŽ un pino...

–Y se asoma el padre y dice:

ÀY por d—nde voy a sacar el carro ahora![5]

 

La irrupci—n del padre de la enamorada acaba con las intenciones amorosas del pretendiente. Lo interesante de esta canci—n es que, aunque por un lado se rompa con el sentido l—gico de lo que se est‡ contando, por otro se recupera la coherencia de la situaci—n, pues la presencia de un ‡rbol en la puerta no tiene ningœn sentido. Se recupera, en definitiva, la l—gica de la que muchas veces prescinden los enamorados, al menos en sus versos. De manera que el tono elevado de la canci—n se desvanece, en este caso concreto, por el car‡cter pr‡ctico de la pregunta (que, por lo dem‡s, no se canta, sino que se recita), y es precisamente eso lo que genera la burla y desencadena la risa y la sonrisa.

No son pocas las variantes disparatadas de estas canciones. JosŽ Manuel Pedrosa ha analizado una Òrima frustradaÓ que fue anotada, en el siglo XVI, en el manuscrito 3915 de la Biblioteca Nacional de Madrid:

 

Pasando por tu ventana

hechŽ hun le–o en tu portal;

tu padre, desque lo supo

de imbidia compr— hun bonete[6].

 

La menci—n del padre de la amada como presencia imprevista que se asocia a la irrupci—n de la rima frustrada se encuentra tambiŽn en uno de los m‡rgenes del manuscrito del entremŽs de El sacrist‡n mujer, de Calder—n de la Barca, segœn fue anotado en el manuscrito 15.197 de la misma BNM:

 

EchŽ le–a en tu corral

pensando casar contigo

y tu padre que lo supo

me dio con un pan caliente[7].

 

Luis Qui–ones de Benavente, uno de los grandes nombres del gŽnero entremesil, y muy aficionado a la inserci—n de disparates y de composiciones populares en sus piezas de teatro, supo aprovechar el reconocimiento c—mplice y el efecto c—mico inmediato de estos versos entre el pueblo, al abrirles el tejido poŽtico del EntremŽs de los ladrones y el reloj, precisamente cuando la moza, protagonista de la obra, confabulada con el gracioso, intenta enga–ar a los que pasan por su lado. Estas rimas frustradas como mœsica de fondo contribuyen a aumentar el ambiente de enga–o, y tambiŽn a realzar la traza humor’stica de toda la composici—n. El cambio fundamental con respecto a la versi—n anterior es la sustituci—n de ÒpanÓ por ÒbolloÓ:

 

EchŽ le–a en tu corral,

pensando casar contigo,

tu padre desque lo supo

se comi— un bollo caliente[8].

 

Hace unos veinte a–os, entre los estudiantes de Guadalajara, se pod’an escuchar los siguientes versos, que se cantaban como un gui–o a este tipo de canciones que escond’an declaraciones amorosas o alusiones a la ruptura de los amantes:

 

En tu puerta me caguŽ

pensando que me quer’as,

pero como ya no me quieres,

dame la mierda que es m’a[9].

 

La reclamaci—n de los dones que hab’an sido regalados, una vez se consuma la ruptura de la relaci—n amorosa, se da tambiŽn en estos versos recogidos por Gonzalo Correas en su Arte de la lengua castellana y espa–ola:

 

EchŽ le–a en tu corral,

pensando casar contigo;

dame mi le–a, te digo,

que no me quiero casar[10].

 

Por su parte, Jose M» Al’n ha aducido otros ejemplos de ÒsupervivenciasÓ modernas de esta modalidad de canci—n. He aqu’ una versi—n andaluza:

 

EchŽ le–a en tu corral,

pensando que me quer’as;

ahora que no me quieres,

venga la le–a que es m’a[11].

 

Estos juegos no son exclusivos de la tradici—n espa–ola. Se–alan Garc’a Berrio y Huerta Calvo que a la concepci—n lœdica de la poes’a Òobedecer’an gŽneros como la resverie y la fatrasie francesas, en que se especializaron los poetas rhŽtoriqueurs (P. Zumthor, 1975), la frottola italiana, y, en Espa–a, los disparates, perquŽs y chistes, que tan amplio cultivo alcanzaron desde el siglo XVÓ[12].

Y precisamente del disparate como gŽnero me gustar’a hablar a ra’z de una composici—n de tales caracter’sticas recogida en Guadalajara. El informante le dio el nombre de ÒLetan’a del locoÓ, seguramente porque s—lo en el ‡mbito de la locura pueden tener cabida estos conceptos o ideas contradictorias:

 

Caminaba en una noche de invierno

por un camino solitario,

cuando los rayos del sol

alumbraban la tierra

me encontrŽ con un muerto

sentado en una piedra de madera,

leyendo un libro

sin pastas y sin hojas.

SaquŽ mi cuchillo

sin filo y sin mango

y le peguŽ tres tiros.

El muerto se levant—

y dijo: ÁIdiota

me has matado![13]

 

Por disparate se entiende aquella composici—n poŽtica basada en el absurdo y en la quiebra continua del sentido l—gico. En Espa–a, los primeros testimonios se encuentran en los cancioneros del siglo XV y luego en el Cancionero de Juan del Encina, y fueron muy habituales durante todo el Siglo de Oro, insertos, en muchas ocasiones, en entremeses, o reproducidos en pliegos de cordel, tal y como nos se–ala Blanca Peri–‡n en su complet’simo estudio sobre el gŽnero[14].

Son, en definitiva, trasgresiones sem‡nticas que contribuyen a crear la idea del mundo al revŽs. En la mayor parte de los casos, se trata de composiciones que presentan anomal’as sem‡nticas muy sencillas, contraposiciones o paradojas que reœnen tŽrminos dispares y que provocan un sinsentido continuo, como se puede apreciar en la ÒLetan’a del locoÓ, cuando se habla de la posibilidad de disparar con un cuchillo o de sentarse sobre una Òpiedra de maderaÓ. No faltan ejemplos de similares caracter’sticas en el folklore moderno de Espa–a, HispanoamŽrica, Portugal, Italia, Francia o Inglaterra, e incluso en la tradici—n oral serfard’[15]. En una buena parte de los casos responden al esquema formulaico de la visi—n: Òhe vistoÉ [tal cosa disparatada]Ó, aunque no de una manera exclusiva.

Este tipo de composiciones ha quedado, hoy, m‡s bien asimilado dentro del repertorio tradicional infantil, acaso por la carga lœdica que entra–an. De hecho, una de las canciones que seguramente resonar‡ en la memoria de todos sigue los par‡metros del gŽnero de los disparates, aunque no hay que circunscribirlos con exclusividad a ese ‡mbito:

 

Ahora que vamos despacio

vamos a contar mentiras:

por el mar corren las liebres,

por el monte las sardinas.

Sal’ de mi campamento

con hambre de seis semanas;

me topŽ con un ciruelo

cargadito de manzanas;

empecŽ a tirarle piedras

y cayeron avellanas;

con el ruido de las nueces,

sali— el amo del peral:

ÒChiquillo, no tires piedras,

que no es m’o el melonarÓ[16].

 

Una nueva canci—n escuchada en Guadalajara nos obliga a volver una vez m‡s la mirada al siglo XVII:

 

Por la calle mayor baja

un rat—n haciendo el cojo

que ven’a de segar

con una raspa en un ojo[17].

 

Lo il—gico de su sentido viene determinado, en parte, por la rima, pero, sobre todo, por los elementos que lo componen (la personificaci—n del rat—n segador o la presencia de la raspa en el ojo), que alimentan el car‡cter disparatado de la composici—n.

Se trata tambiŽn de unos versos que arraigan en una antigua tradici—n que el profesor Pedrosa ha etiquetado como ÒLa siega accidentadaÓ. El œnico testimonio del Siglo de Oro que ha localizado se encuentra en el texto an—nimo conocido como Baile de el Carreteiro. Es una extensa composici—n, que data de la primera mitad del siglo XVII, y que en una de sus estrofas incluye esta breve interpolaci—n l’rica de la que hablamos[18]. Aunque, para el caso que nos incumbe, s—lo nos interesa una estrofa, incluyo algunas m‡s del comienzo que servir‡n para contextualizarlo y para advertir el tono de todo el poema:

 

Bolbamonos a la Aldea
que ya anocheziendo viene,
iremos echando Copras
cada qual, como Supiere.

Becinos abrid el ojo,
que viene el a–o derecho
y precure hazer barbecho,
la que tubiere Restrojo.

Cayosele el ojo al gato,
mirando Casi a la Luna,
q[u]e pens—, que era asadura
q[u]e colgaba del Garabato.

Camino de Jibraltar
vide venir un piojo
con una espina en un ojo,
q[u]e venia de segar...

 

En la actualidad, versos similares a los de esta œltima estrofa han sido localizados en Navarra, Zamora, Cuenca, Canarias[19]. A esa n—mina podemos ahora tambiŽn a–adir la versi—n de Guadalajara.

Es indudable el interŽs de algunas canciones populares que reœnen en tan s—lo cuatro versos un atractivo especial, por estar cargadas de una sencilla belleza o por estar llenas de una sutil sensualidad. Es el caso de esta antiqu’sima canci—n que permanece en la memoria de algunos alcarre–os:

 


Por la calle abajito

va quien yo quiero,

no se le ve la cara

con el sombrero[20].

 

El monumental Nuevo Corpus de Margit Frenk se nos ofrece, una vez m‡s, como una herramienta fundamental para la localizaci—n de las fuentes (Nuevo corpus, n¼ 2285). La principal es el MŽtodo para aprender a ta–er la guitarra de Luis de Brice–o (1626) (fol 16), aunque tambiŽn, en el siglo XVIII, se ha localizado un testimonio similar en el baile de El barquillero de Antonio de Zamora, de 1703[21]. En cuanto al folklore moderno, las grabaciones conocidas apuntan a las zonas de Extremadura y Andaluc’a. Las versiones de esta œltima regi—n las ha estudiado JosŽ Mar’a Al’n, en su trabajo ÒReferencias nuevas (andaluzas) de viejas cancionesÓ[22], a partir de dos cancioneros: el recopilado por çlvarez Curiel, y el recogido por Enrique Alcal‡ Ortiz[23]. 

Del Cancionero andaluz de çlvarez Curiel extrae dos versiones: una pr‡cticamente idŽntica a la grabada en Guadalajara, salvo por la presencia del posesivo en el tercer verso:

 

Por la calle abaxo

ba el que m‡s quiero,

y yo no veo la cara

con el sombrero (p. 135).

 

Y otra algo m‡s distinta a consecuencia del cambio de sentido propiciado por la incorporaci—n de ese Òse le derrama la graciaÓ:

 

Por la calle abajito

va quien yo quiero,

se le derrama la gracia

por el sombrero (p. 105)

 

 

Mientras que del Cancionero popular de Priego[24] extrae Al’n una œnica pero interesant’sima versi—n desarrollada por medio de la inserci—n de unos versos onomatopŽyicos que actœan como estribillo y que subrayan la musicalidad y el car‡cter lœdico de la composici—n:

 

Por la calle abajito

-p’o, p’o, pi-

va quien yo quiero

-qui-quiriqu’-

va quien yo quiero

-pav’, pav’-

 

No le he visto la cara

-p’o, p’o, pi-

por el sombrero

-qui-quiriqu’-

por el sombrero

-pav’, pav’-

 

Estos versos no los recogi— Al’n en su Cancionero tradicional, pero s’ que es cierto que incluy—, con el nœmero 1065, una composici—n emparentada que le llev— a hablar de ellos en una nota a pie de p‡gina. En esta ocasi—n, los versos est‡n puestos en boca del portador del sombrero, y revisten una mayor carga dram‡tica al aparecer convertidos en un lamento o en una maldici—n:

 

Mal aya la falda

del mi sombrero,

que me quita la vista

de quien bien quiero.

 

            TambiŽn JosŽ Manuel Pedrosa ha estudiado versiones y m‡s versiones de esta canci—n[25]. Reproduzco las l’neas que le ha dedicado. En sus nutridas notas a pie de p‡gina podr‡n encontrarse versiones sumamente interesantes:

 

Conozcamos otro ejemplo de seguidilla cantada por los sefard’es de Marruecos. En este caso se trata de una de las canciones que, tambiŽn a mediados del siglo XX, acompa–aban un juego "de columpio" de Alcazarquivir documentado por JosŽ Mart’nez Ruiz. HŽla aqu’:

 

Por la caye abajita

va el que yo quiero;

no lo he visto en su caza

con el sombrero[26].

 

Nos encontramos, de nuevo, ante una seguidilla de antigŸedad venerable, ya que en diversas fuentes literarias barrocas, como el Metodo mui facilissimo para aprender a ta–er la guitarra a lo espa–ol, publicado por Luis de Brice–o en Par’s en 1626, o en el Baile de El Barquillero publicado por don Antonio de Zamora en 1703, aparecen versiones como la siguiente:

 

Por la calle abaxo

ba el que m‡s quiero;

no le veo la cara

con el sombrero[27].

 

En este caso, y aunque los or’genes de esta canci—n son indudablemente viejos, se puede razonablemente suponer que su introducci—n en la tradici—n sefard’ pudo haberse producido en la Žpoca de finales del siglo XIX y comienzos del XX en que se intensificaron extraordinariamente los contactos demogr‡ficos y culturales entre la pen’nsula ibŽrica y los sefard’es del norte de Marruecos. ÀPor quŽ? En primer lugar, porque esta seguidilla se halla tambiŽn relativamente difundida en la tradici—n peninsular moderna, especialmente en la del sur de Espa–a[28]. Y, en segundo lugar, porque va acompa–ada, en la versi—n "de columpio" recogida por Mart’nez Ruiz, de otra estrofilla conocida œnicamente en la tradici—n hisp‡nica moderna:

 

Dises que no me quieres

porque soy chica;

m‡s chica es la pimienta,

galana, y pica[29].

 

 

Como hemos podido apreciar, el elenco de canciones disparatadas de Guadalajara que presento en este art’culo no es muy amplio, pero s’ es muy significativo, sobre todo desde el an‡lisis hist—rico-evolutivo, ya que nos ofrece un ramillete muy escogido de una tradici—n de canciones disparatadas y de rimas frustradas que procede, en muchos casos, de los Siglos de Oro. Los testimonios que hemos alcanzado a recoger son, sin duda, versiones epigonales, supervivencias ins—litas que hoy, en la moderna sociedad del siglo XXI, sobreviven como c‡scaras desemantizadas, como lejanos recuerdos que no son entonados segœn se hac’a anta–o, vinculadas a las labores del campo o a los momentos de ocio comunitario, sino como extra–o eco de un mundo rural y de una cultura tradicional que ya se sienten como acabados.

Ponerlas por escrito es s—lo el espejismo de su salvaci—n, pues la frescura de su manifestaci—n oral puede darse casi definitivamente por agotada. Pero, al menos, dar cuenta por escrito de que existieron y de que alentaron hasta los primeros a–os del siglo XXI permite constatar la casi heroica resistencia que la literatura de transmisi—n oral ha opuesto, a lo largo de tantos siglos, y, sobre todo, en las œltimas dŽcadas, al olvido.

 

 

 

 

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[1] VŽase Cristina Castillo Mart’nez, ÒLa paloma y otros juegos en El PersilesÓ, Peregrinamente Peregrinos. Quinto Congreso Internacional de la Asociaci—n de Cervantistas (1-5 de septiembre de 2003, Lisboa), Madrid, Asociaci—n de Cervantistas, 2004, pp. 249-268. Y tambiŽn, ÒPancracios, quinquercios, abecedarioÉ y otros juegos pastorilesÓ, Nueva Revista de Filolog’a Hisp‡nica, LV, nœm. 1 (2007), pp. 51-76.

[2] Para m‡s informaci—n sobre el particular, vŽase el libro de Sigmund Freud, El chiste y su relaci—n con lo inconsciente, en Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1967, vol. I, pp. 825-937.

[3] Pablo Mart’nez, nacido en Maranch—n (Guadalajara) en 1909.

[4] Afirma GŽrard Gennette que ÒLa parodia literaria se realiza preferentemente sobre textos breves (y, claro est‡, lo bastante conocidos para que el efecto sea perceptible)Ó, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Madrid, Taurus, 1989, especialmente p. 45.

[5] Eugenio Castillo, nacido en Tomellosa (Guadalajara), en 1939.

[6] Cito por JosŽ Manuel Pedrosa, ÒCanciones disparatadas y rimas frustradas: notas sobre un recurso poŽtico del cancionero popular (siglos XVII al XX)Ó, Bolet’n de la Biblioteca de MenŽndez Pelayo, LXXII (1996), pp. 39-67. Adem‡s, Pedrosa, en ÒLa le–a de Calder—n: un estudio de antropolog’a literariaÓ, Romanische Forschungen 105 (1993) pp. 110-117, hizo un estudio muy amplio y completo de este tipo de canci—n y de sus implicaciones socioantropol—gicas.

[7] Cito por Margit Frenk, Nuevo corpus de la antigua l’rica popular hisp‡nica (siglos XV al XVII), MŽxico, UNAM-El Colegio de MŽxico-FCE, 2003, n¼ 1963bis.

[8] Ed. Abraham Madro–al, Entremeses de Benavente, Kassel, Reichenberger, 1996, p. 211.

[9] Marta Mart’nez, nacida en Guadalajara, en 1971.

[10] Frenk, Nuevo Corpus, n¼ 1963.

[11] Al’n, ÒReferencias nuevas (andaluzas) de canciones viejasÓ, en Pedro M. Pi–ero, Enrique Baltan‡s y Antonio J. PŽrez Castellano (comps.), Romances y canciones en la tradici—n andaluza, Sevilla: Fundaci—n Machado, 1999, pp. 119-138, p. 124. Su fuente es Francisco çlvarez Curiel, Cancionero popular andaluz, M‡laga, Arguval, 1991.

[12] Antonio Garc’a Berrio y Javier Huerta Calvo, Los gŽneros literarios. Sistema e historia, Madrid, C‡tedra, 1992, p. 156.

[13] Vicente Garc’a, nacido en Guadalajara, en 1949.

[14] Blanca Peri–‡n, Poeta ludens. Disparate, perquŽ y chiste en los siglos XVI y XVII, Pisa, Giardini, 1979.

[15] De ello nos habla JosŽ Manuel Pedrosa en ÒBorges y la ret—rica del disparate: fuentes y correspondencias medievales, renacentistas y folcl—ricas de El AlephÓ, Dicenda (1996), 14, pp. 215-233. All’, el interesado podr‡ encontrar un interesante corpus de este tipo de canciones.

[16] M» çngeles Mart’nez, nacida en Guadalajara, en 1942.

[17] Eugenio Castillo, nacido en Tomellosa (Guadalajara), en 1939.

[18] ÒLa siega accidentada: una canci—n disparatada del siglo XVII y sus supervivencias folcl—ricas modernasÓ, Revista de Folklore (1998), n¼ 215, pp. 162-163.

[19] VŽase el citado art’culo de J.M. Pedrosa.

[20] M» çngeles Mart’nez, nacida en Guadalajara, en 1942.

[21] Ed. Mart’n, t.1, p. 286, vv. 249-252.

[22] En Romances y canciones en la tradici—n andaluza, Op. Cit., pp. 130-131.

[23] Cancionero popular de Priego: poes’a cordobesa de cante y baile, Priego, 1984-1992, 5 vols.

[24] Volumen V, n¼ 3402.

[25] En su art’culo ÒSeguidillas sefard’es de Marruecos: diacron’a, poŽtica y comparatismoÓ, Revista de Literaturas Populares 2 (2002) pp. 153-175.

[26] JosŽ Mart’nez Ruiz, ÒPoes’a sefard’ tradicional inŽdita de Alcazarquivir (Marruecos), a–os 1948-1951Ó, Miscel‡nea de Estudios çrabes y Hebraicos XXXVII-XXXVIII (1988-1989) pp. 55-73, 68-69.

[27] Brice–o, Metodo f. 16. VŽase adem‡s Eduardo Mart’nez Torner, L’rica hisp‡nica: relaciones entre lo popular y lo culto (Madrid: Castalia, 1966) nœm. 248; y Margit Frenk, Corpus de la antigua l’rica popular hisp‡nica (Siglos XV a XVII) (Madrid: Castalia, 1998) nœm. 2285.

[28] VŽanse, efectivamente, versiones publicadas en Francisco Rodr’guez Mar’n, Cantos populares espa–oles (Sevilla: Francisco çlvarez y C’a, 1882-1883) nœm. 2039: "Por la caye abajito / ba quien yo quiero; no le beo la cara, / con er sombrero", bastante similar a la de Pedro Echevarr’a Bravo, Cancionero musical manchego (Madrid, 1951; 2» ed. Ciudad Real: CSIC, 1984) p. 323, y a la de Francisco çlvarez Curiel, Cancionero popular andaluz (M‡laga: Arguval, 1991) pp. 105. Algunas versiones se caracterizan por la adherencia de aparatosos estribillos y apŽndices en forma de bord—n, como sucede con la de çngela Capdevielle, Cancionero de C‡ceres y su provincia (C‡ceres: Diputaci—n Provincial, 1969) p. 37: ÒPor la calle abajito / retend—n, vere, verend—n, / garand—n, / va quien yo quiero. / No le veo la cara, / verend—n, vere, verend—n, / garand—n, / con el sombrero. / Mal haya los sombreros, / retend—n, vere, verend—n, / garand—n, / que tanto tapan. / Yo te comprarŽ uno, / retend—n, vere, verend—n, / garand—n, / para estas pascuas. / Si compras sombrero, / retend—n, vere, verend—n, / garand—n, / c—mpralo fino, / y ser‡s en querer / retend—n, vere, verend—n, / garand—n, / como yo he sidoÓ. Otras versiones de este tipo fueron editadas en M. L. Escribano Pueo, T. Fuentes V‡zquez, F. Morente Mu–oz y A. Romero L—pez, Cancionero granadino de tradici—n oral (Granada: Universidad, 1994) nœms. 3 y 200. Sobre otras supervivencias granadinas de la canci—n, vŽase AndrŽs Soria Ortega, ÒNotas sobre oralidad. Mutaciones en la tradici—nÓ, O cantar dos Trobadores: Actas do Congreso celebrado en Santiago de Compostela entre os d’as 26 e 29 de abril de 1993 (Santiago: Xunta de Galicia, 1993) pp. 505-515, pp. 515-516; y sobre supervivencias andaluzas en general, vŽase JosŽ Mar’a Al’n, ÒReferencias nuevas (andaluzas) de canciones viejasÓ, Romances y canciones en la tradici—n andaluza, eds. P. M. Pi–ero, E. Baltan‡s y A. J. PŽrez Castellano (Sevilla: Fundaci—n Machado, 1998) pp. 119-138, pp. 130-131.

[29] Mart’nez Ruiz, ÒPoes’a sefard’ tradicionalÓ pp. 68-69. Como ejemplo de correspondencia no sefard’ de esta canci—n puede verse la versi—n argentina editada en Juan Alfonso Carrizo, Cancionero popular de La Rioja, 3 vols. (Buenos Aires-MŽxico: Espasa-Calpe Argentina, 1937-1942) nœm. 2391: ÒDices que no me quieres / porque soy chica; / la pimienta es chiquita / y bien que picaÓ; o la recogida por m’ en Barrio de LiŽbana (Cantabria) en julio de 1989, cantada por Alicia Tej—n Mart’nez, de 53 a–os: ÒDices que no me quieres / porque soy chica; / m‡s chica es la pimienta, / pero bien picaÓ.