Agúndez García, José Luis. “Cuentecillos espaĖoles (III). La sabiduría de las naciones de Bastús y su influencia en El porqué de los dichos de Iribarren”. Culturas Populares. Revista Electrónica 4 (enero-junio 2007).

http://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/agundez2.htm

ISSN: 1886-5623

 

 

Cuentecillos espaĖoles (III). La sabiduría de las naciones de Bastús

y su influencia en El porqué de los dichos de Iribarren

José Luis Agúndez García

Fundación Machado (Sevilla)

 

Resumen

Vicente Joaquín y Bastús (1799-1873) fue un decidido estudioso de las tradiciones; y lo fue especialmente dentro del campo de la paremiología, donde era proverbial su afán por el descubrimiento del origen y la historia de los dichos y refranes. Quería que se conociesen sus significaciones. Como resultado de sus desvelos, obtuvo una gran colección de refranes que glosó con innegable erudición, como lo habían hecho en su tiempo Correas, Hernán NúĖez, Covarrubias, Mal Lara y demás paremiólogos ya clásicos. Entre esas glosas, como en los precedentes, dispuso una buena porción de cuentecillos, anécdotas y demás elementos narrativos mínimos. Su La sabiduría de las naciones (1862-1867) fue un buen punto de apoyo para los paremiólogos que le sucedieron; entre ellos uno de los más populares, cercano a nuestros días está Iribarren, cuyo El porqué de los dichos (1955) se sigue reeditando regularmente. El presente trabajo extracta los cuentecillos de La sabiduría e intenta descubrir su influyo en El porqué.

Palabras clave: literatura siglo XIX, paremiología, fraseología, lexicología, cuento tradicional, adagio, sentencia, máxima, dicho, proverbio, locución, refrán.

 

Abstract

Vicente Joaquín y Bastús (1799-1873) was a resolute researcher of traditions. Specially interested in the study of proverbs and sayings, he was eager to find out their starting point and history. He wanted the meanings of the proverbs to be known by common people and as a result of his efforts, he collected a great amount of sayings which he glossed with erudition, immitating specialists such as Correas, Hernán NúĖez, Covarrubias, Mal Lara and other classical researchers of proverbs. Among his comments, he disposed of a great number of short tales, anecdotes and the other short narrative elements. La sabiduría de las naciones (1862-1867) was a good support for researchers of proverbs to come, such as Iribarren, whose El porqué de los dichos (1955) is still regularly reissued. This article extracts the short tales from La sabiduría and tries to discover its influence on El porqué.

Keywords: 19th Century Literature, Proverbs, Phraseology, Lexicology, Traditional Tales, Adage, Sentence, Maxim, Tag, Proverb, Expression, Saying.

 

 

C

omentábamos, en un artículo precedente de esta misma revista (2 [2006]) sobre los cuentecillos de El Averiguador Universal, la importancia del cuento en el discurso, de su valor innegable en varias disciplinas. El cuento fue también sustancia fundamental en la elaboración de determinados refraneros glosados. No pudo ser de otra forma cuando los paremiólogos cayeron en la cuenta de que muchos refranes habrían ascendido a tal categoría tras convivir un tiempo formando parte de unos cuentos originales de los que se desprenderían como fórmulas aisladas que se irían desvinculando hasta tomar vida independiente de los relatos. Durante el período en que expresiones y cuentos fuesen coetáneos en la mente colectiva, las fórmulas serían condensación que hiciese expandir en el oyente, en cuestión de segundos, la totalidad de la fabulación al ser mencionada. Aún tenemos un amplio repertorio de refranes que conservan de forma fresca en nosotros las referencias al cuento original; pero en otros muchos casos eso no es así. Quedan muchos refranes por las antologías huérfanos de sus vínculos o con referencias iniciales inciertas, discutibles o perdidas. “Algo es algo”, dijo al ver el hueso el galgo (Más de 21.000); “Algo es algo.” Y le echaba un pelo al santo (Más de 21.000); “Algo es algo.” Y comía hielo (12.600 refranes); “Algo es algo.” Y roía una correa el galgo (Todavía 10.700); “ŃAlgo se pesca!” Y llevaba una rana en la cesta (Los 6.666); “Ajos majan: bien comerán.” Dijo el gato: “Quizá mal.(12.600 refranes); Después de los pollos idos, “Tapa el portillo” (12.600 refranes)... Podría hacerse una lista interminable de refranes que hacen referencia clara a algún cuento como la mínima muestra anterior, enteramente de los diversos refraneros de Rodríguez Marín, da a entender. En algunos casos, el refrán parece lo suficientemente elocuente como para dar por supuesto que se trata de un lance anodino; lo que puede que llevara a los estudiosos a interpretarlo como una simple, elemental ocurrencia; pero en tal ocasión todo viene a ser conjeturas que pueden fallar, como demuestra el hecho de que no siempre los investigadores llegan a las mismas conclusiones ante las mismas formas ni sus explicaciones o relatos concuerdan; el propio Bastús, en la obra que estudiaremos, en el refrán El Sastre del Campillo, trabajaba de balde y ponía el hilo, fundándose en un refrán que parece elocuente, se limita a interpretar, sin más: “Se referirá sin duda esta locución á un sastre (...), el cual tendria la abnegacion que expresa el adagio, de trabajar de balde y poner el hilo.” Pero nos preguntamos si eso fue todo. Posiblemente, sí, pero no es seguro. Además de casos no suficientemente esclarecidos, hay otros totalmente velados en los que la referencia posiblemente seguirá perdida para siempre; incluso es patente que eso ya era así en tiempo de los primeros paremiólogos, a los que se les escaparon los orígenes de cientos de refranes; mas, por fortuna, muchos otros fueron rescatados del olvido y aparecen plenos en los refraneros bajo las fórmulas que los representaron.

            La sabiduría de las naciones de Bastús[1], sobre el que versa el estudio del presente artículo, es un claro ejemplo de refranero glosado con una buena porción de cuentos descritos tras las fórmulas de sus refranes. Por desgracia para el folklorista, su principal fuente de inspiración es la tradición escrita, aunque no haya renunciado a la oral. En ocasiones, cuando explica algún hecho o cuento, utiliza los consabidos cuentan o se dice, y tal vez debamos entender estos términos como vinculados a lo contado o dicho en los escritos; pero nos entusiasma la idea de que esos se dice hagan mención exacta a lo que manifiestan literalmente: a que los cuentos a los que se refieren los hubiese allegado de la pervivencia oral, incluidas las anécdotas, leyendas o hechos históricos. No puede negarse que todas estas narraciones también se refieren oralmente en determinados círculos, y más entonces. Nuestras reservas, en este caso de Bastús, nos vienen por la gran erudición que ilustró a este paremiólogo; nuestras esperanzas, por otro lado, surgen por su empeĖo y tesón por resolver el origen de los dichos y refranes, empeĖo reconocido por sus coetáneos y por el que fue recordado durante tiempo (le tildará la enciclopedia Espasa de: “Rebuscador incansable de modismos y etimologista consumado”), empeĖo, en fin, que tuvo que llevarle a indagar en mil formas y lugares, a anotar de conversaciones tanto como a extractar de libros.

            La preocupación de Bastús en sus prólogos, antes de mostrarnos su trabajo, es ennoblecer el refrán. Es consciente del origen humilde del mismo; sabe que por ello puede ser rechazado; se empeĖa en remarcar el aprecio con que fue acogido por los más grandes pensadores de la antigüedad clásica, y nos presenta el ejemplo de innegables hombres de letras de nuestra cultura que se dedicaron a su estudio.

            Tiene muy claro que los refranes caen hasta momentos profundos de la historia del hombre, que han llegado a nosotros de generación en generación completando una enorme labor pedagógica y normativa, hasta el punto de habérseles llamado la sabiduría de las naciones, “y entre nosotros, los EVANGELIOS CHICOS Ó ABREVIADOS”, nos recordará en el prólogo (p. IX). Sobre ese pervivir del pasado, ese origen remoto y anónimo incidirá tras una de las denominaciones con que se los conoció: “Dábaseles en un principio á los refranes el nombre de retraeres, que equivale á recuerdos” (p. XIII).

            Nos repasa las fuentes en que ya brota el refrán recopilado o creado: la literatura religiosa (Proverbios, Eclesiástico [de Jesús, hijo de Sirac]...), siete sabios, los druidas (que los retenían mentalmente, por tenerlos prohibidos), los poetas gnómicos, Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles (Clereo y Teofrasto, sus discípulos), Plutarco, proverbios sacerdotales para hablar a los oráculos, etc. Y asegura que ya se conocían en EspaĖa antes de que se escribiesen.

            Seguidamente explica la labor de los precursores que prepararon el camino hasta él, y afirma que se limitaban a ir aumentando el número de refranes sin comentarlos, lo cual, evidentemente, no es cierto. Para él en cambio, asegura, su propósito es “averiguar el origen y significado histórico” (p. XV) para que se haga un uso correcto de los mismos, tarea que le parece más difícil, pero más conveniente.

            En la serie tercera volverá a insistir en la idea de que los refranes son enseĖanza de la experiencia colectiva de nuestras generaciones precedentes: “De aquí se saca, que son los refranes, como unos hijos legítimos de la costumbre, que nos enseĖan las cosas que nuestros pasados aprobaron. Y á ésta causa los sabios no suelen menospreciarlos: antes lléganse á ellos, como buenos consejeros" (p. 10, reflejando el Prólogo á las cartas en Refranes que escribió Blasco de Garay, Racionero de la Santa Iglesia en Toledo).

            La cita precedente concluye con la idea a propósito de que el refrán tiene unos orígenes humildes; pero fue bendecido por los sabios y hombres cultos, como los que mencionaba anteriormente, que, especialmente en sus épocas de madurez, los recogían y atesoraban con gran aprecio y veneración. Ese es el pensamiento insistente que expondrá en el prólogo a la segunda serie (pp. 5-12), donde publicará las justificaciones del maestro León (alumno de Hernán NúĖez) para dar a la imprenta los refranes que compilara su maestro (1555, aprobados en Valladolid el 10 de diciembre de 1549), llenos de tanto valor y autoridad. Este maestro León, tras hacer relación de tan gran cantidad de sabios antiguos empeĖados en lo mismo, exalta la figura del Comendador, al que llama “Fénix de nuestra edad”, que después de escribir obras de gran doctrina sobre Séneca, Plinio, Pomponio Mela y otros “que no están impresas, á la postre, dio en escribir estos Refranes”.

            Expuesta la tan alta misión y dignidad de los refranes, recurriendo a tan insigne figura, incluso a textos antiguos, Bastús comienza decididamente su misión de esclarecer el origen de los mismos, y, afortunadamente, tuvo que acudir al cuento en ocasiones, al suceso, la anécdota, las leyendas tradicionales, recibidas por vía oral o escrita, de cualquier forma, de larga tradición; todo ello bajo las correspondientes fórmulas, desde el mínimo vocablo, hasta el más perfecto refrán, pasando por los proverbios, dichos y demás expresiones o apelativos que utilicemos.

            Continuando con la idea que nos impulsó en el primer artículo, extractaremos los cuentos hallados en La sabiduría. Somos conscientes de que gran parte de ellos reflejan los de los clásicos griegos y latinos, muy especialmente Plutarco, pero no podemos renunciar a ellos en este trabajo más dado a las tradiciones de la literatura oral, porque son los mismos que discurrirán a lo largo de la historia de la literatura, los mismos que veíamos en Timoneda, en Santa Cruz después, en Arguijo y todos cuantos llegaron detrás influenciándose, o no; pues cabe la posibilidad de que saltasen, al menos en algunos casos, de las letras a la oralidad y al contrario; eso si no tenemos que remontarnos a unos orígenes primigenios hablados.

            Hay cuentecillos indudablemente folklóricos, como el que inserta en el refrán Por un clavo se pierde una herradura (ATU 774C: La leyenda de la herradura). Entonces este chascarrillo debía de ser tan conocida que Bastús recuerda el cuento: “Cuéntase tambien cierta anécdota, muy moral, acerca un trozo de herradura que viajando Jesús con san Pedro no quiso este coger, y que recogió y guardó el SeĖor, etc.” Pero no termina de narrarlo, quizás porque no fuese necesario: todo el mundo lo sabría. Idéntico caso es el del refrán Yo le he conocido ciruelo, cuento perfectamente catalogado y con infinidad de versiones de tradición oral y escrita (cf. nuestros Cuentos populares sevillanos, Sevilla, Fundación Machado, 1999, nľ 248: San Nicolás). Conocidísimo es el del refrán Sacarse un ojo por sacar á otro dos (ATU 1331: El envidioso y el codicioso), del que podríamos enumerar infinidad de versiones orales y escritas. Muy familiares son, por lo demás, otros varios cuentos, como los relatados bajo los refranes Achica compadre y llevarás la galga; A quien dan, no escoje; Mientras bebo no me doy; Todo se andará; Al freir será el reir, Al trocar será el llorar; Dios te la depare buena; Anda que es chata (sobre este refrán puede consultarse el espléndido trabajo de José Fradejas Lebrero, «De un refrán al cine: “Le quitay de la horca como puta”», en El cuento folklórico en la literatura y en la tradición oral, ed. de Rafael Beltrán y Marta Haro, pp. 151-185; en el que pueden consultarse infinidad de versiones reflejadas en la literatura escrita); Este es gallo, etc., en los que no vamos a detenernos en estudios por no ser propósito de este trabajo.

            Junto a ellos, existe toda una larga serie de anécdotas que, como hemos seĖalados, han ido rodando de autor en autor a lo largo de la literatura, en muchos casos desde unos orígenes clásicos sobradamente claros, como Zapatero á tu zapato; El dinero huele bien salga de donde saliere o el que aparece en la nota a pie de página en Para los desdichados se hizo la horca (cuento que, indiscutiblemente, ha saltado también a la tradición oral), entre otros muchos. Hay una buena porción de fábulas que toma directamente de autores conocidos, como la que refleja en El hombre ambidiestro, espigada de Príncipe. También, ciertamente, está en Príncipe (fáb. CI) la del pelícano que se abre el pecho por los hijos (Amor de pelícano), fábula que también recordará Leonardo de Vinci (El pelícano y sus hijuelos), Hartzenbusch (I, 23: El milano y el pelícano, donde se dice que es inspirada en Pfeffel), que también traduce otra de Lessing sobre el tema (nľ XVII: El pelícano). Lope de Vega la incluyó en El piadoso aragonés... Y otro largo número de fábulas célebres, como el parto de los montes o Deseando el camello tener cuernos, perdio las orejas, algunas de los cuales son de una procedencia mucho más antigua y se cuentan oralmente como cuentos populares de animales, o se rememoran nítidamente tras la fórmula del refrán.

            También son interesantes algunas anécdotas por su raigambre popular, tal vez basadas en alguna costumbre, como Pelar la pava o A la luna de Valencia; en muchos casos de origen discutible.

            Hay algunas anécdotas o relatos que parecen exclusivamente ligados a la historia; mas dado su carácter narrativo, su relación con un refrán divulgado de viva voz y su difusión oral en ámbitos concretos, como La carta de Urías en los sermones, o Cortar la cabeza á la Hidra, útil en ambientes lúdicos y didácticos, los reflejamos aquí. Es nuestra intención recopilar, en estos artículos, insistimos, las relaciones, cuentos, chascarrillos, anécdotas (muchas eminentemente históricas, tal vez refrendadas por documentos históricos, son excluidas) y demás creaciones de carácter narrativo. No todas las narraciones están igualmente elaboradas y detalladas; los estudiosos, ciĖéndose a los materiales, obviamente, se esmeraron en pormenorizar cuentos o se limitaron a plantear el esbozo de un argumento; en cualquier caso se trata de hallar relatos con acción, aunque sea mínima. Esto excluye todo refrán que se explique con costumbres o usos, como Echar o meter el montante, por ejemplo, que debe entenderse porque los maestros de esgrima usaban una especie de espada larga llamada montante, sin que nos refiera ningún hecho concreto de ningún maestro de esgrima. Cabe seĖalar, no obstante, que, pese a nuestro propósito, los límites entre las categorías que hemos seĖalado no son siempre claros, por lo que podría haberse prescindido de algún refrán y haberse tomado, tal vez, algún otro más.

            Nuestra segunda intención es seĖalar la importancia de Bastús en esa cadena que eslabona la larga y doble tradición literaria del cuento y la paremiología. Por un lado, como ya hemos seĖalado, existía toda una literatura escrita (Timoneda, Santa Cruz...; a veces circulando manuscritamente) entregada a la recopilación de cuentecillos con determinados fines para el discurso y el diálogo de tertulias, encuentros... Cabe decir que ya los más tempraneros recolectores y algunos de los más relevantes, como el propio Timoneda, escriben parte de sus cuentos como explicación del por qué se dijo, es decir, estaban haciendo lo mismo que hará Bastús (lo cual recordará este él mismo). No es extraĖo esto en Timoneda, pues si su pretensión de tener una recopilación de cuentos para uso oral en los instantes apropiados estuvo en el origen de la parte más distinguida de su obra, bien debía de saber que uno de esos momentos viene cuando surge el dicho o refrán. El buen conversador tiene el recurso de entrar en baza con el correspondiente a propósito de ese refrán, continuar con el chascarrillo y apropiarse de la palabra y protagonismo. En ese sentido, y como puede observarse, su aportación es considerable.

            Por otro lado, y principalmente, su vinculación más directa está con toda esa serie de paremiólogos que se venían dedicando a glosar refranes. Se diferencia de algunos de ellos, y en eso sí tiene razón, en que el número de refranes no le importa tanto como el esclarecimiento de su origen: quiere que se usen con la mayor propiedad y con consciencia de la realidad que late tras ellos. Algunos refranes son verdaderos estudios monográficos llenos de erudición literaria e histórica. En este sentido, su trabajo es muy semejante a Mal Lara, y especialmente a Covarrubias; con este las semejanzas son mayores pues, por su afán esclarecedor, no se detiene cuando se le presenta la ocasión de explicar determinadas palabras, erigiéndose, por lo tanto, en inesperado lexicógrafo. Como hemos dicho, no pretende hacer un acopio exhaustivo de refranes, a modo de diccionario, como tantos precedentes; en este sentido se aleja de Correas, cuyas glosas son más escuetas y cuyo volumen de refranes, por otra parte, es ingente, y más ligado a la tradición oral. Como no pretende hacer un diccionario de sentencias, elude su ordenación alfabética o de cualquier otro tipo, lo que dificulta enormemente la búsqueda de refranes concretos. Aunque no le faltará razón a su prologuista cuando dice que las ordenaciones alfabéticas no son solución, pues un mismo refrán puede decirse de mil formas. Bastús, por lo demás, no sólo sigue los trabajos de sus anteriores, sino que parte de ellos transcribiendo opiniones, citas o relatos. Lo mismo harán los que le siguieron a él, que partirán de los cimientos labrados por los precedentes haciendo constar el lugar de su fundamento, que muchas veces son garantía de autoridad, pero otras veces silenciando la autoría de las ideas hurtadas.

            Tras él, pues, vendrán inmediatamente otros estudiosos que lo seguirán, como Sbarbi, Rodríguez Marín, Montoto y los folkloristas de la segunda mitad del s. XIX. Y, superado el horizonte del nuevo siglo, vendrá otra nueva generación a inspirarse en todos ellos, como Martínez Kleiser, copilador de recopiladores, Casares, Vicente Vega, Vergara Martín, pero especialmente Iribarren[2], cuya obra, con todo mérito, sigue aún vigente, y cuyo celebrado y meritorio El porqué de los dichos sigue publicándose incesantemente en nuestros días. Por el contrario, y por desgracia, Bastús está oculto tras la nebulosa del tiempo, pese a haber dado un nuevo impulso a la tradición de los refraneros glosados: él fue inspiración directa y decidida para Iribarren, a quien podríamos imaginar extractando todo cuanto en su predecesor halló apropiado para los lectores de su tiempo, casi un siglo después, y también lo fue indirectamente, porque Iribarren también bebió en la generación intermedia que se había surtido de la fuente de Bastús. La importancia de La sabiduría, pues, es de primer orden para Iribarren. Para José María Romera, en su estudio de El porqué, las fuentes principales de Iribarren son los diccionarios, como el Vocabulario de Correas, y el Tesoro de Covarrubias (en menor medida los normativos, como el Diccionario de Autoridades), a lo que aĖade en importancia los repertorios paremiológicos y los diccionarios especializados, así los de Sbarbi y Rodríguez Marín, Vergara Martín (Diccionario geográfico-popular, de 1923), Gela Iturriaga (Refranero del mar, de 1944) o Vicente Vega (Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, de 1952). Luego agrega: “Son muchas las obras misceláneas y pintorescas de todo género empleadas ocasionalmente para un modismo o anécdota, entre las que Iribarren no establece por lo general otras diferencias que las de su oportunidad para este o aquel dicho”. Y continúa, eso sí, mencionando aquí a Bastús: “Muy aprovechadas por él son las de Joaquín Bastús (Memorándum anual y perpetuo, y sobre todo La Sabiduría de las Naciones)”. Por nuestra parte, no tenemos duda de que la utilización de la obra de Bastús no es de forma ocasional, sino primordial. Como veremos, lo menciona sobre un centenar de veces, y casi otras tantas lo copia textualmente, y sin citar; tal vez porque, en algún caso, sea consciente de que Bastús está usando textos anteriores. Y no es sólo que utilice textos o fragmentos que están en Bastús, es que, incluso, en la elección de algunas expresiones mínimas parece seguir el rastro de las escogidas por él, como Comer de mogollón, Sudar el hopo, Aquí fue Troya, El de marras o Dimes y diretes, por ejemplo. ņEs coincidencia, incluso, que escoja vocablos como mequetrefe, perillán o bicoca y los explique en términos semejantes? Si las coincidencias fuesen escasas, podríamos justificarlas, tal vez podrían desecharse una a una, mas no las abrumadoras coincidencia en general. No supone esto que Bastús fuese su única fuente de inspiración, o la primordial, sino que fue de primer orden y que la exploró por completo recogiendo cuanto le fue de utilidad para sus coetáneos. Iribarren utiliza a Bastús como Bastús había utilizado a Covarrubias, por ejemplo. A veces para recordar sus ideas, en ocasiones para contrastarlas. Nada que reprochar por revivir sus ideas.

            Nuestra intención es reconocer el mérito que Bastús debe disfrutar dentro de la paremiología, identificarlo con uno de los eslabones más sólidos dentro de la tradición de estas obras. Desde ÍĖigo de Mendoza, si no queremos remontarnos a la cultura occidental anterior, hasta Iribarren, cada uno de los estudiosos ha sido figura valiosa, pues cada uno ha aportado nuevas fórmulas para inventariar y esclarecer las expresiones que utilizamos actualmente como fruto de la experiencia de la sabiduría popular, cada uno es importante, y Bastús fundamental: debe formar parte del reducido grupo digno de tenerse en cuenta en esta materia.

            No es nuestro interés hacer un estudio exhaustivo de las coincidencias entre Bastús e Iribarren, que requeriría mayor dedicación pues, tanto uno como otro huyen de todo tipo de ordenación alfabética, lo cual, como seĖalamos, no es ayuda definitiva, pero podría facilitar la tarea. Para mayor complicación, los textos no siempre concuerdan con los refranes. A veces una expresión independiente en uno le cuadra mejor dentro de un refrán general al otro.

            Comenzaremos el presente trabajo con un primer apartado de refranes en el que Iribarren cita a Bastús, junto a alguna anotación de lo que representa éste en dicho refrán. En este apartado, la fórmula del refrán seĖalada en estos textos coincide con la de Iribarren (obviamente, no es así en los refranes glosados con relatos, donde las fórmulas son las propias de Bastús). La primera mención a Bastús refleja en cada caso la cita que hace el navarro, a la que agregamos una segunda donde especificamos el número del refrán, pues Iribarren ha preferido citar únicamente la página exacta del texto (salvo en algún caso en que cita por el número de refrán) que ha tomado de su predecesor (en alguna ocasión erradamente; nosotros damos los números de la página que ocupa todo el refrán); cuando la fórmula difiere notablemente, solemos exponer también la de Bastús. Como el Memorándum de Bastús es citado en escasas ocasiones por Iribarren, comparado con La sabiduría, siempre que se omite la obra objeto de copia, se referirá a esta última, así como a El Porqué, si nos referimos a Iribarren. En un segundo apartado, exponemos aquellos refranes de los que Iribarren ha copiado clarísimamente a Bastús, o las semejanzas son muy grandes. Finalmente, extractamos los cuentecillos de La sabiduría, algunos de los cuales son retomados por Iribarren, lo cual hacemos constar.

            Aun cuando proclamemos a Bastús como uno de los principales modelos de Iribarren, es justo reconocer que no todo le fue tomado para ser ampliado o sintetizado, incluso a veces es rebatido. En cuanto al reflejo, no es igual en todas las expresiones: a veces toma unas líneas, a veces fragmentos enteros, en ocasiones copia de memoria; véase, por ejemplo, cómo explica cada uno la expresión Como una guitarra en un entierro, en la que Iribarren no menciona a Bastús ni a ningún otro precedente:

 

Es decir, una cosa inoportuna, fuera de lugar, un despropósito.

            Este modismo es antiquísimo, como que en el Cap. XXII, v. 6, del libro del Eclesiástico se lee ya: Un discurso fuera de tiempo viene á ser como la música en un duelo ó funeral. Musica in luctu importuna narratio, etc.

 

Como anillo de oro en hocico de cerda.

            Comparación oriental para espresar la inoportunidad de alguna cosa. Es tomada de los Proverbios de Salomon, Cap. XI, v. 22. “La belleza en una mujer fatua, es como sortija de oro en el hocico de un cerdo.”

            Círculus aureus in naribus suis, mulier pulcra et fatua.

            Los italianos para espresar la inoportunidad de una cosa se valen de un modismo especial. Dicen que la cosa está allí: Comme Pilato nel Credo. (Bastús, I, 277; p. 318-319)

 

            Comparación popular para expresar que una cosa es inoportuna, fuera de lugar, un despropósito.

            Es un modismo antiquísimo, como que, con parecida expresión, aparece en el capítulo 22, vers. 6ľ del Eclesiastés, donde se lee: “Un discurso fuera de tiempo viene a ser como la música en un duelo o funeral”. (Musica in luctu importuna narratio, etc.).

            Idéntico significado tiene la comparación oriental Como anillo en hocico de cerda, que está tomada de los Proverbios de Salomón (cap. 11, vers. 22): “La belleza de una mujer fatua es como sortija de oro en el hocico de un cerdo”.

            Los italianos dicen Comme Pilato nel Credo. (Iribarren, p. 182a)

 

            No son raros los casos en que la referencia de un refrán o sentencia es tan evidente que no cabe sino acudir ineludiblemente a fuentes bíblicas o litúrgicas, por ejemplo, para su explicación. Bastús hizo un gran trabajo en este apartado, por lo que el impulso de pensar que aquí también se convirtió Bastús en guía nos tienta. El lugar para acudir a la explicación de la sentencia está a la vista y es evidente, pero no lo es tanto la coincidencia en la elección de tales sentencias y con bastante asiduidad; como, por ejemplo, Muchos son los llamados y pocos los escogidos, donde tanto Iribarren (p. 322b) como Bastús (III, 182; p. 297) se limitan a enviarnos a la cita bíblica, evidentemente.

            Es patente, en suma, que Iribarren copia a Bastús más de lo que proclama. Difícil es calcular cuánto exactamente, ni es relevante. No parece justo, pues, que él mismo quiera proclamar, airear, que Bastús ha copiado a Covarrubias algún fragmento sin advertirlo. En La ley del embudo y la ley del encaje, extracta unos textos de Bastús (III, p. 54) [III, 11; pp. 53-54: en La ley permite á veces lo que prohibe el honor] y seguidamente desvela: «Esto escribe Bastús (La Sabiduría de las Naciones, 3.Ľ serie, pág. 54), repitiendo, aun cuando no la cita, la explicación de Covarrubias, que en su Tesoro de la Lengua Castellana (1611), dijo en la palabra encaxar: “La ley del encaje:…”». (Iribarren, pp. 167b-168a)

 

 

            REFRANES EN QUE IRIBARREN MENCIONA A BASTÚS.-

 

  1. El quid de la dificultad (Iribarren, p. 27a). Expone las ideas de Bastús (I, p. 40) [I, 6; p. 40].
  2. Liar el petate (Iribarren, p. 39a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 43) [I, 8; pp. 43-44: Va á liar el petate].
  3. Sudar el hopo (Iribarren, p. 99a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 66).
  4. Tomar las de Villadiego (Iribarren, pp. 96b-98b). Inserta Iribarren la carta que incluye Bastús en el prólogo a la primera serie de su Sabiduría, carta que Hartzenbusch le había enviado sobre tal frase. Explicará después Bastús [I, 9; pp. 44-45] el refrán, donde también parece evidente que Iribarren se ha fijado.
  5. Estar, o ponerse, en berlina (Iribarren, p. 71). Utiliza comentarios de Bastús
  6. (I, p. 68) [I, 29; p. 68: Estar en berlina].
  7. Averígüelo Vargas (Iribarren, pp. 14b-15a). Utiliza el nombre de Bastús (sin especificar cita) [I, 31; pp. 70-71] para apoyar una de las opiniones sobre la identidad del personaje.
  8. El preste Juan de las Indias (Iribarren, p. 342). Utiliza la idea de Bastús (I, p. 71).
  9. Vísteme despacio que estoy deprisa (Iribarren, pp. 243b-244a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 88) [I, 48; pp. 88-89: Vísteme despacio que voy de prisa].
  10. No te levanta ni el Sursum corda (Iribarren, p. 195). Transcripción de Bastús (I, p. 97) [I, 55; p. 97].
  11. Acosado por los ingleses. Tener uno muchos ingleses (Iribarren, p. 127a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 114) [I, 71; p. 114: Perseguido por los ingleses. Tener muchos ingleses].
  12. Echar margaritas a los puercos (Iribarren, p. 49a). Refiere la idea de Bastús, pero aporta más (I, 131) [I, 88, p. 131].
  13. A Roma por todo (Iribarren, p. 133a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 147) [I, 102; p. 146-148: Cuando á Roma fueres haz lo que vieres].
  14. Poner una pica en Flandes (Iribarren, pp. 67b-68a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 153) [I, 110; pp. 153-154].
  15. El ojo del amo engorda el caballo (Iribarren, p. 301). Idea de Bastús que comenta (I, nľ 111) [I, 111; p. 154; también lo menciona en I, 70, p. 113: en el refrán Los duelos con pan son menos].
  16. Mojar la oreja de otro con saliva (Iribarren, p. 50). Idea de Bastús (I, p. 156) [I, 113, p. 156: ņHa que te mojo la oreja con la saliva?] que no le convence, por lo contrapone la del Diccionario de Autoridades. Volverá Bastús [II, 100; pp. 159] a insistir sobre el modismo en la expresión Que haga seĖas con las orejas, dentro del refrán A que te mojo la oreja con saliva.
  17. Hacer escupir el dinero (Iribarren, p, 40b). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 185) [I, 143; pp. 184-185].
  18. Salidas o entradas de pavana (Iribarren, p. 139b-140a). Utiliza comentarios de Bastús (sin especificar) [I, 147, p. 188: Entrada de Pavana: salida de pavana].
  19. Peor es meneallo (Iribarren, 59b). Sigue a Bastús (I, p. 197) [I, 157; p. 197].
  20. Ser un bolonio (Iribarren, pp. 160b-161a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 204) [I, 165; p. 204: Es un bolonio].
  21. El hábito no hace al monje (Iribarren, p. 321b). Sigue la idea de Bastús (I, p. 216) [I, 178; pp. 214-218].
  22. Echar o meter el montante (Iribarren, p. 141a). Idea de Bastús (Memorándum, I, p. 886) [También en I, 181; p. 220: Meter el montante].
  23. La ocasión la pintan calva (Iribarren, pp. 110a-111a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 235) [I, 198; p. 235: Coger la ocasión por la melena. Asir la ocasión por los pelos].
  24. Tener muchas ínfulas (Iribarren, p. 22b). Expone las ideas de Bastús, que cita del Memorándum (tomo 1.ľ, pág. 146); pero la idea está también en La sabiduría [I, 213; pp. 253-254: Hombre de muchas ínfulas].
  25. Echar su cuarto a espadas (Iribarren, p. 36a). Expone la idea de Bastús (I, p. 221) [I, 183; pp. 221-222].
  26. El campo de Agramante (Iribarren, p. 170a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 256) [I, 217; pp. 257-257: Es un campo de Agramante].
  27. Mentir más que la gaceta (Iribarren, pp. 207a-208a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 269) [I, 230; p. 267-269: en el refrán Miente más que la Gaceta, incluido en Quien siempre me miente, nunca me engaĖa].
  28. No se ganó Zamora en una hora (Iribarren, p. 312b). Menciona los comentarios de Hartzenbusch al prólogo de la primera serie de Bastús [La expresión aparecerá en I, 274, pp. 315-316].
  29. Andarse a la flor del berro (Iribarren, p. 94b-95a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 280) [I, 241: Andarse á la flor del Berro].
  30. Sin faltar una jota (Iribarren, p. 21b). Refleja la idea de Bastús, que localiza en el Memorándum (tomo 2.ľ, págs. 748-749); pero también está en La sabiduría [I, 242, pp. 281-282].
  31. Dar [o echar] una peluca (Iribarren, 53a). Confiesa que es idea de Bastús (I, p. 282) [I, 243; p. 282-284: Dar una peluca], que transcribirá Montoto.
  32. Ciertos son los toros. (Iribarren, pp. 20b-21a). Utiliza comentarios de Bastús (I, p. 300) [I, 263; pp. 299-302].
  33. Tocayo y tocaya (Iribarren, p. 259). Idea de Bastús (I, p. 319) [I, 278; pp. 319-320: Tocayo, tocaya].
  34. Tener muchos humos (Iribarren, pp. 107b-108a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 37) [II, 3; p. 37].
  35. Dar gato por liebre (Iribarren, p. 48). Es la idea de Bastús (II, p. 49) [II, 9; p. 48-50: Venderle á uno gato por liebre, dentro del modismo Buscar cinco piés al gato].
  36. A cencerros tapados (Iribarren, 55b-56a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 65) [II, 21; pp. 65-66].
  37. Andar al retortero. Traer al retortero (Iribarren, pp. 69b-70a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 71) [II, 25; p. 71].
  38. Estar entre dos fuegos (Iribarren, p. 61). Refleja la idea de Bastús (II, p. 76), que le parece “demasiado erudita y rebuscada” [II, 30; pp. 76-78: Estar entre dos fuegos, en Estar entre el martillo y el yunque].
  39. Coger una mona (Iribarren, p. 56). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 82) [II, 34; p. 82-83: Ha tomado la mona en Coger una turca].
  40. Coger una turca (Iribarren, p. 30). Bastús (II, p. 82) [II, 34; p. 82-83].
  41. Ser el “non plus ultra” (Iribarren, p. 202b-203a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 87) [II, 39; pp. 87-88: Ser el Non plus ultra]
  42. Tortas y pan pintado (Iribarren, p. 88a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 88) [II, 40; pp. 88-89].
  43. Tener muchas camándulas (Iribarren, p. 26a). Expone las ideas de Bastús (II, p. 98) [II, 50; p. 98].
  44. Para las calendas griegas (Iribarren, p. 141). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 102) [II, 53; pp. 102-103: Por las Calendas griegas].
  45. Bicoca (Iribarren, pp. 280b-281a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 105) [II, 55; pp. 104-107: Una bicoca].
  46. Echarle a uno el sambenito (Iribarren, p. 62). Extracta la opinión de Bastús (p. 25) [III, 84; pp. 178-179: Llevará su Sambenito].
  47. Durar más que la obra del Pilar (Iribarren, pp. 205b-206a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 146) [II, 89; pp. 146-148: ŃLa obra del Escoria!…].
  48. Cantar la palinodia (Iribarren, p. 35a) Expone la idea de Bastús (cita en I) [II, 92, pp. 151-152].
  49. No dejar roso ni velloso (Iribarren, p. 137a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 153) [II, 94; pp. 153].
  50. Y aquí paz, y después, gloria (Iribarren, p. 131). Idea de Bastús (II, p. 164) [II, 102; pp. 163-164: en Estamos gozando de una Paz Octaviana].
  51. Allá van leyes do quieren reyes (Iribarren, pp. 305b-306a). Utiliza comentarios de Bastús (I, prólogo de Hartzenbusch) [Volverá al refrán en II, 103; pp. 164-168: Allá van leyes, do quieren reyes].
  52. Armarse un Tiberio (Iribarren, p. 68a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 176) [II, 107; pp. 176-181: Habrá un Tiberio: unas Vísperas sicilianas: un San Bartolomé: unas Pascuas veronesas: un San Quintín: un Trafalgar: una Marimorena: la de Dios es Cristo: y Tirarse los bonetes].
  53. Armar la de Dios es Cristo (Iribarren, p. 29b-30a). Expone las ideas de Bastús (II, pp. 180-181) [II, 107; pp. 176-181: Habrá un Tiberio: unas Vísperas sicilianas: un San Bartolomé: unas Pascuas veronesas: un San Quintín: un Trafalgar: una Marimorena: la de Dios es Cristo: y Tirarse los bonetes].
  54. Poner los puntos sobre las íes (Iribarren, p. 75a). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 184) [II, 111; pp. 184-189: Hombre que pone tildes á las ies].
  55. La luna de miel (Iribarren, p. 82). Utiliza comentarios de Bastús (II, p. 193) [II, 113; pp. 192-197: en Estar la Luna sobre el horno].
  56. A río revuelto ganancia de pescadores (Iribarren, 320b-321a). De Bastús (sin especificar) [II, 120; pp. 205-206].
  57. Temblar como un azogado (Iribarren, 192-193). De Bastús (Memorándum, pág. 517) [Y en La sabiduría, II, 122; p. 208].
  58. Pasar la noche en blanco (Iribarren, p, 45b). Expone la idea de Bastús (II, p. 215) [II, 125; pp. 215-216: en la expresión Una noche toledana].
  59. Pagar con las setenas (Iribarren, p. 150a). Utiliza comentarios de Bastús (Memorándum, I, p. 662) [Igualmente en La sabiduría, II, 130; p. 226].
  60. Volver la chaqueta (Iribarren, p. 49b-50a). Mención a Bastús (II, 284) [II, 160; pp. 284-285: Cambiar ó volver casaca].
  61. Vale lo que pesa (Iribarren, p. 85a). Idea que toma de Bastús (II, p. 296) [II, 168; pp. 296-298: en el refrán Ni al niĖo el bolo, ni al santo el voto].
  62. Como pedrada en ojo de boticario (Iribarren, pp. 187a-188a). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 38) [III, 2; pp. 38].
  63. La vida es “emífera” (Iribarren, p. 244a). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 53) [III, 10; pp. 51-53: en Hacer buen agosto ó su agostillo].
  64. Tertulia y tertuliano (Iribarren, p. 276). Utiliza comentarios de Bastús (Memorándum, I, p. 175) [Pero también en III, 15; pp. 59-60: Un tertuliano, una tertuliana]
  65. Covachuela y covachuelista (Iribarren, pp. 289b-290a). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 72) [III, 22; pp. 72-73: Un Covachuelista].
  66. Preparar o liar los bártulos (Iribarren, p. 120a). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 115) [III, 47; pp. 115: Preparar los bártulos].
  67. A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga (Iribarren, pp. 309b-310a).
  68. Utiliza comentarios de Bastús (Memorándum, I, p. 809) [También en III, 71; pp. 154-156: A quien Dios se la diere, san Pedro, san Juan ó san Antonio se la bendiga, en El bien y el mal vienen de Dios].
  69. Tener vista de lince. Ser un lince (Iribarren, pp. 188a-189a). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 199) [III, 95; p. 199: Es un lince].
  70. Con treinta mil diablos (Iribarren, p. 145b). Es transcripción de Bastús (Memorándum, I, p. 981) [Idea que repite en III, 97; pp. 202-204: en El diablo está en Cantillana].
  71. Lágrimas de cocodrilo (Iribarren, p. 168). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 224) [III, 111; pp. 224-225].
  72. De la Ceca a la Meca (Iribarren, pp. 32a-33b). Hace un comentario referente al Valle de Andorra que recoge de Bastús (Memorándum anual, tomo 1.ľ, página 62). Bastús [La sabiduría, III, 114; pp. 227-230: De Andorra el valle, / Ya de muchos, ya de nadie en Modismos proverbiales de localidad] vuelve sobre dicho valle, pero con una idea diferente.
  73. Es un poltrón (Iribarren, p. 277). Transcribe literalmente la idea de Bastús (3, 231) [III, 115; p. 231: Poltrón].
  74. Dentro de cien aĖos, todos calvos (Iribarren, pp. 315b-316a). Mención a Bastús (sin concretar) [III, 119; p. 237: Al cabo de cien aĖos todos seremos calvos, en Al cabo de los aĖos mil vuelve el agua por do solia ir], para seĖalar que no comenta el proverbio, y que nadie más ha recogido, por lo que considera que es moderno.
  75. Mane, Thecel, Phares (Iribarren, p. 334b). Utiliza comentarios de Bastús (III, p. 249) [III, 131; pp. 249-250].
  76. Es un día seĖalado (Iribarren, pp. 48b-49a). Utiliza comentarios de Bastús (Memorándum, I, p. 30).
  77. El entierro de la sardina y el baile de PiĖata (Iribarren, p. 338). Refiere la
  78. Idea de Bastús (Memorándum, I, p. 223).
  79. Más vale tarde que nunca (Iribarren, p. 299). Transcribe de Bastús (Memorándum, I, p. 558).
  80. Franchute y Gabacho (Iribarren, p. 275). Utiliza comentarios de Bastús (Memorándum, I, p. 758).
  81. Andar o estar hecho un azacán (Iribarren, p. 137a). Refiere la idea de Bastús (Memorándum, II, p. 171).
  82. Las siete maravillas del mundo (Iribarren, p. 333a). Transcripción de la idea de Bastús (Memorándum, II, p. 646).
  83. A donde fueres, haz como vieres (Iribarren, p. 299). Refiere la idea de Bastús (Memorándum, II, p. 1028).

 

 

            REFRANES EN QUE POSIBLEMENTE UTILIZA, SIN MENCIONAR, A BASTÚS COMO FUENTE.-

 

  1. A cada cerdo [puerco] le llega su San Martín (Iribarren, 306b). Copia literalmente el principio de Bastús [I, 21, p. 61: A cada cerdo le llega su San Martin].
  2. Al buen callar llaman Sancho (Iribarren, p. 316). Puede haber obtenido algunas anotaciones de las muchas que aporta Bastús [I, 28, pp. 66-68].
  3. Tomar las de Villadiego (Iribarren, pp. 96b-98b). Además de insertar la carta del prólogo de Hartzenbusch, también demuestra que ha leído la expresión correspondiente [I, 9, pp. 44-45].
  4. Buenas son mangas después de Pascuas (Iribarren, 313a). La definición parece inspirada en Bastús [I, 39, pp. 79-80].
  5. Saber más que Merlín (Iribarren, 201). Recoge anotaciones que están en Bastús (Pellicer, Feijóo…) [I, 49, pp. 89-90: Sabe mas que Merlin].
  6. Meterse de hoz y coz (Iribarren, p. 46). Comienza con las mismas anotaciones que están en Bastús [I, 52, pp. 93-94: Meterse de hoz en coz].
  7. Comer de mogollón (Iribarren, p. 35a). Sin duda, sigue a Bastús [I, 66, pp. 108-109].
  8. Ir por lana y volver trasquilado (Iribarren, pp. 18b-19a). Coincide en alguna cita con Bastús [I, 78, pp. 121-122] (Fernán González, Fuero Juzgo).
  9. Meterse en camisa de once varas (Iribarren, p. 76a). Siendo uno de los más extensos de Bastús por la cantidad de aportaciones etnológicas y clásicas, Iribarren se limita a exponer su idea con el único testimonio de Sancha Velásquez, “según cuentan”, dice “para adoptar como hijo legítimo y heredero de sus estados al llamado Mudarra González”, lo cual está en Bastús [I, 89, p. 132-133: Hijo ageno mételo por la manga y salirse ha por el seno], que volverá a insistir en otro refrán [II, 105; pp. 169-175: Meterse en Camisa de once varas].
  10. El muerto, al hoyo, y el vivo, al bollo (Iribarren, pp. 312b-313a). Coincide con Bastús en las citas [I, 92, pp. 135-136: El muerto á la fosada y el vivo á la hogaza].
  11. Cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla (Iribarren, pp. 313b-314a). Coincide en las citas con Bastús [I, 104, p. 149, y I, 198, pp. 235-236, en el refrán: Coger la Ocasion por la melena. Asir la Ocasion por los cabellos].
  12. En martes, ni te cases ni te embarques (Iribarren, p. 304). Coincide con Bastús en citas [I, 120, pp. 161-162: En martes no te cases, ni te embarques].
  13. Puede arder en un candil (Iribarren, p. 44a). La definición coincide con la de Bastús [I, 121, pp. 162-163].
  14. Todo se ha perdido, menos el honor (Iribarren, p. 235b). Es la idea de Bastús, que desarrolla más ampliamente [I, 122, pp. 163-165: Todo se ha perdido menos el honor].
  15. Pasar el Rubicón (Iribarren, p. 175a). Tal vez siga la exposición del hecho histórico trazado por Bastús [I, 126, pp. 169-170: Resolviese á pasar el Rubicón], aunque las coincidencias no son concluyentes: Iribarren: “El Rubicón era un pequeĖo río que separaba a Italia de la Galia Cisalpina…”; Bastús: “El Rubicón es un pequeĖo rio de Italia llamado ahora Fiumesino ó Rugone, que servia de límites entre la Galia Cisalpina y la Italia propiamente dicha”…).
  16. Predicar en desierto, sermón perdido (Iribarren, p. 305b). Hay fórmulas semejantes a las de Bastús, aunque podría excusarse por coincidencias de la cita del Quijote [I, 135, pp. 177-178: Predicar en desierto].
  17. Escribir más que el Tostado (Iribarren, pp. 181-182). La fuente, secundaria al menos, es sin duda Bastús [I, 141, p. 183: Ha escrito mas que el Tostado], tal vez a través de Rodríguez Marín (exponen idéntica bibliografía y el epitafio).
  18. Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi seĖor (Iribarren, pp. 244b-245a). Usa los mismos comentarios y el mismo romance que Bastús [I, 150; pp. 190-191], aunque Iribarren especifica la fuente exacta.
  19. No hay libro tan malo que no tenga algo bueno. (Iribarren, pp. 303b-304a). Parece seguir a Clemencín en la idea general, pero tal vez se haya guiado de Bastús [I, 154; pp. 194-195] para la indicación de Diego de Mendoza.
  20. Un clavo saca otro clavo (Iribarren, p. 312a). Sigue a Bastús [I, 159; p. 198].
  21. Aquí fue Troya (Iribarren, pp. 60b-61a). Posiblemente Bastús [I, 166; p. 205] le orientó a la cita de Virgilio.
  22. El vulgo es necio, y, pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto (Iribarren, p. 240). Iribarren parte de la cita de Lope, como Bastús [I, 169; pp. 207-208: Porque como las paga el vulgo, es justo Hablarle en necio para darle gusto], pero podría decirse que por mediación de Sbarbi: cabe, pues, desvincular a Iribarren de Bastús en este caso.
  23. El número de los tontos es infinito (Iribarren, pp. 316b-317a). Como Bastús, [I, 180; pp. 218-220: El número de los tontos abunda mucho) parte de la misma cita del Eclesiastés, lo cual no es, evidentemente, concluyente.
  24. Saber más que Calepino. Tener más hojas que un Calepino (Iribarren, p. 198b). Esboza la biografía del fraile italiano, en términos similares, que refiere Bastús [I, 254; p. 292: Sabe mas que el Calepino].
  25. Ahora lo veredes, dijo Agrajes (Iribarren, p. 111a). Se limita a comentar la misma cita que Bastús [I, 275; p. 317] trae sobre Quevedo.
  26. El de marras (Iribarren, 115a). Refleja la misma cita de Berceo que Bastús expone bajo el dicho En tiempo de marras [II, 3; p. 37: En tiempo del rey Wamba].
  27. Echar la soga tras el caldero (Iribarren, 16b-17a) Recoge citas coincidentes con Bastús [II, 3; p. 37], a las que agrega algunas más.
  28. El becerro de oro (Iribarren, p. 359a). Evidentemente, comenta la misma cita que Bastús [II, 18; p. 61 Adorar al becerro de oro], de una forma coincidente: (Bastús: “Es una alusión á la conducta observada por los israelitas en el desierto…”. Iribarren: “Recuerda la conducta de los israelitas en el desierto…”
  29. Estar bajo la férula de otro (Iribarren, pp. 25b-26a). Copia a Bastús [II, 51; pp. 99-100: Estar bajo la férula en el refrán Coscorrón de caĖaheja, duele poco y mucho suena].
  30. Dimes y diretes (Iribarren, 60b). Copia literalmente a Bastús, aĖadiendo el comentario de Cejador [II, 75; p. 131: Dimes y diretes. Dares y tomares en No dijo oste ni moste].
  31. Andar a la sopa o a la sopa boba (Iribarren, 132b-133a). Transcribe literalmente una parte de Bastús [II, 91; pp. 149-150: Andar á la sopa].
  32. Más ligero que un volatín. Dar más vueltas que un volatín (Iribarren, p. 206). Sigue los mismos comentarios y citas que Bastús [II, 95; pp. 153-155: en Ligero como el ave de San Lucas].
  33. Armarse una marimorena (Iribarren, 39). Coincide con Bastús en el origen y circunstancias del dicho, pero en este caso tales circunstancias son justificables, porque ambos siguen a un mismo autor anterior (José María de Zuaznávar), obviando que Iribarren no fuese apercibido de tal autor por Bastús, lo cual bien pudo ser, pues ya se ha visto cómo de este refrán de Bastús Iribarren ha tomado otros textos; la redacción no es coincidente en este caso [II, 107; pp. 176-181: Habrá un Tiberio: unas Vísperas sicilianas: un San Bartolomé: unas Pascuas veronesas: un San Quintín: un Trafalgar: una Marimorena: la de Dios es Cristo: y Tirarse los bonetes].
  34. Una golondrina no hace verano (Iribarren, 318b-319a). Es innegable que ha tenido en cuenta a Bastús [II, 137; pp. 239-240]: refleja detalles tomados de él, como el refrán catalán.
  35. Las delicias de Capua (Iribarren, p. 350b). Resume la idea de Bastús [II, 147; pp. 261-262], pero con fragmentos copiados literalmente.
  36. Las indirectas del padre Cobos (Iribarren, p. 170). Parte, como Bastús [II, 149; pp. 263-265, en A ti te lo digo hijuela: entiéndelo tú mi nuera], de la fábula de Hartzenbush; Bastús la transcribe enteramente, él fragmentos bibliográficos mínimos.
  37. Volver la chaqueta (Iribarren, p. 49b-50a). Expone la idea de Montoto, pero aclara en nota a pie de página que ha comprobado que Montoto la copia de Bastús (II, 284) [II, 160, pp. 284-285: cambiar o volver casaca].
  38. Poner pies en polvorosa (Iribarren, p. 106). Parece acudir a una cita seĖalada por Bastús [II, 174; pp. 312: la misma expresión en Poner faldas ó aldas en cintura].
  39. Ya no habrá Pirineos (Iribarren, 235a) Sin duda, se trata de un resumen de Bastús [III, 2; pp. 3-38: Ya no hay Pirineos], con fragmentos copiados literalmente.
  40. Darle a uno su porqué (Iribarren, 107b). La referencia y los extractos de Olózoga son transcripciones literales de Bastús [III, 7; pp. 48].
  41. Perillán (Iribarren, 291a). Lo toma de Bastús [III, 17; p. 62: Es un Perillán].
  42. Estar bajo la égida (Iribarren, p. 138a). Transcripción literal de Bastús [III, 55 p. 125].
  43. Meter o sembrar cizaĖa (Iribarren, pp. 137b-138a). Transcripción literal de Bastús [III, 64; pp. 143-144].
  44. Calumnia, que algo queda (Iribarren, p. 308b). Recoge, de entre muchas de Bastús [III, 65; pp. 144-146], la cita de Bacon, mas sería arriesgado garantizar que por influencia suya.
  45. Mequetrefe (Iribarren, p. 285b). Escribía Iribarren: “Según leí hace poco, esta voz es de origen inglés y procede de maketriple, que significa “fabricante de baratijas”. “La transcripción fonética al castellano es fácil de entender. El verbo to make –que se pronuncia mec- significa hacer o construir. Trefli es baratija….”. Bastús [III, 75; pp. 161-163: Un mequetrefe, en Yo le he conocido ciruelo], por su parte, decía lo siguiente: “Derívase de la voz antigua inglesa Maketrefel que significa fabricante de baratijas ó de cosas de poco valor.” Las semejanzas podrían, por supuesto, ser casuales.
  46. Filípica y Catilinaria (Iribarren, p. 285b). Evidentemente, no cabe otra alternativa que acudir a lugar común, pero Iribarren parece resumir la larga exposición de Bastús [III, 79; pp. 168-171: Una Filípica, una Catilinaria], mas haciendo uso de expresiones idénticas.
  47. Echar el áncora (Iribarren: 114b). Iribarren copia casi literalmente la explicación de Bastús [III, 83; pp. 175-178: Echar el áncora sagrada en Quien espera desespera]: “Es con alusion a que los antiguos solian llevar de respeto en sus embarcaciones una áncora consagrada á los dioses y que se echaba al mar en lances de gran aprieto, y esta se llamaba el áncora sagrada.” Luego expone la explicación de Covarrubias, que posiblemente inspirara a Bastús; después agrega algún comentario propio.
  48. Cobrar el barato (Iribarren, p. 92). Parece que ha copiado una pequeĖa parte de Bastús, lo referente a Montalbán [III, 86; pp. 183-184].
  49. El diablo está en Cantillana (Iribarren, p. 116a). Parece que Iribarren entresaca datos de Bastús [III, 97; pp. 202-204], además de los que ambos tienen coincidentes por seguir a Clemencín.
  50. En un santiamén (Iribarren, 176a). Iribarren se limita a hacer una breve definición que bien podría haber entresacado de la más amplia exposición de Bastús [III, 101; pp. 208-209].
  51. Las cuentas del Gran Capitán (Iribarren, 214). Hay coincidencias en la definición del dicho en Bastús [III, 103; pp. 210-212], mas, en este caso, podrían justificarse como casuales.
  52. Adivina quién te dio (Iribarren, 38b-39a). Iribarren copia partes de Bastús [III, 144; pp. 263-264].
  53. Echar una zancadilla (Iribarren, 115a). Copia a Bastús [III, 157; pp. 276-277].
  54. El parto de los montes (Iribarren, 161b). La alusión es tan evidente que no podría defenderse la copia de Bastús, pero la forma en que lo explica no difiere sustancialmente [III, 170; p. 286].
  55. El herrero de Arganda que él se lo fuella y él se lo macha, y él se lo lleva á vender á la plaza (Iribarren, 165a). Aunque Iribarren refleja algunas etimologías, termina dando la explicación de Bastús: “Tomaria orígen, esta locución proverbial, de la conducta observada por algun herrero de Arganda, pueblo de la provincia de Madrid” [III, 171; pp. 286-288].
  56. Atar los perros con longaniza (Iribarren, 71b). La parte final (el modismo italiano y la referencia a la costumbre romana están tomados literalmente de Bastús [III, 174; p. 291: No ata los perros con longaniza].
  57. Pender de un hilo. Cortar el hilo de la vida (Iribarren, pp. 91b-92a). Copia a Bastús [III, 199; pp. 310-312: Pende su vida de un hilo, en Estar con la candela en la mano].

 

 

            CUENTECILLOS EN QUE IRIBARREN COPIA A BASTÚS, O IMITA:

 

            Cada uno sabe donde le aprieta el zapato.

            Un patricio romano tenía una esposa jóven, bella, rica y honrada, y sin embargo la repudió.

            Como este divorcio no parecia fundado en ningun motivo razonable, sus amigos se lo reprobaron, pero el marido les contestó con el siguiente apólogo.

            Veis mi calzado, les dijo, mostrándoles el pié revestido con una rica solea. ņHabeis vosotros visto otro mejor trabajado, ni mas elegante? Sin embargo:

YO SE EN DONDE ME LASTIMA EL PIÉ.

            De aquí suponen que se formó el proverbio (…) (Bastús, La sabiduría, I, 2, p. 35) (Iribarren, El porqué, p. 85b, lo cita y transcribe literalmente.)

 

            Quien mucho abarca poco aprieta.

            (…) Habíase erigido á Buffon aun viviendo una estátua, al pié de la cual se puso la siguiente inscripción latina: Naturam amplectitur omnen: Abraza toda la naturaleza. Y un hombre chistoso aĖadió á continuación: Quien mucho abarca poco aprieta; lo que habiendo llegado á noticia de Buffon fue bastante para que pidiese se suprimieran el elogio y la crítica. (Bastús: La sabiduría, I, 3; p. 37) (Iribarren, El porqué, p. 302a, cita y transcribe.)

 

            Come para vivir, no vivas para comer.

(…) Come poco, cena más poco: es refran que se halla ya en la colección de NúĖez, y que D. Quijote aconseja á Sancho le tenga presente cuando esté mandando en la ínsula Barataria. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 14, pp. 51-55) (Iribarren, El porqué, p. 324a: Come poco y cena más poco. Recoge esta cita única de la gran cantidad de aportaciones de Bastús al tema.)

 

            Fíate en la vírgen y no corras.

            Adagio que espresa que despues de tener fé y confianza en los santos, debemos trabajar y coadyuvar al buen éxito de nuestras pretensiones.

            Parece que tomó origen de un imprudente torero que entregado á la confianza celestial, se comprometia á los mayores peligros, sin tomar precaución alguna para evitarlos, y que un dia vino el toro y cogiéndole entre los cuernos, después de estarle zarandeando bien por ellos, le tiró contra los de la luna, cayendo luego muy mal parado en medio del redondel; y que entonces el público recordando sus imprudencias, le gritó: Fíate en la Vírgen y no corras. (Bastús, La sabiduría, I, 42; pp. 81-82; en el refrán A quien madruga Dios le ayuda.-Ayúdate y Dios te ayudará) (Iribarren, El porqué, pp. 92b-93a: Fíate de la Virgen y no corras; transcribe la anécdota con alteraciones mínimas y agrega algún comentario.)

 

A la luna de Valencia.

Quedar á la luna de Valencia (…)

Otros quieren que venga el refran del chasco que se llevó cierto individuo que hubo de pasar horas de la noche esperando inútilmente en su zaguán ó patio descubierto de una casa, que en Valencia se llama también luna. (Bastús, La sabiduría, I, 76; pp. 119-120) (Iribarren, El porqué, pp. 58b- 59a: Quedarse a la luna de Valencia; cita y transcribe.)

 

            Deseando el camello tener cuernos, perdio las orejas.

            Alusión á una fábula que se cuenta de este animal.

Antiquísimo refran, del que se hace ya mencion en el poema del Conde Fernan Gonzalez y tiene relacion con una costumbre no menos antigua (…) (Bastús, La sabiduría, I, 78; pp. 121-122; en el refrán Ir por lana y volver trasquilado) [Recuérdese la versión de Esopo: EL CAMELLO QUE QUISO TENER CUERNOS: Un camello, que vio a un toro orgulloso de sus cuernos, tuvo envidia de él y quiso llegar a tener unos iguales. Por eso, se presentó ante Zeus a pedir que le concediera cuernos. Entonces, Zeus indignado contra él porque no le bastaba el tamaĖo de su cuerpo y su fuerza, sino que todavía ansiaba más, no solo no le otorgó los cuernos, sino que incluso le quitó parte de las orejas (…) (Esopo, Fábulas, tr. P. Bádenas de la PeĖa, Madrid, Gredos, 2000, nľ 117)] (Iribarren, p. 18, también alude al poema de Fernán González en el refrán Ir por lana...)

 

            Como la justicia de Peralvillo, que después de asaeteado al hombre, le fulminan el proceso.

            Aplícase este refran á un tribunal ó autoridad cuando obra precipitadamente.

            Este antiguo proverbio espaĖol se formó con motivo de la asombrosa actividad con que procedia el tribunal de la Santa Hermandad contra los delincuentes de su jurisdiccion, asaetándolos en Peralvillo, pueblo inmediato á Ciudad Real, camino de Toledo, luego de justificado sumariamente el delito cometido en despoblado.

            Quevedo llamó Peralvillo de las bolsas, en la Fortuna con seso, al estudio de un abogado ignorante y embrollón, porque en el bufete de aquel letrado daban fin las bolsas de los pleiteantes, como en Peralvillo daban fin los ladrones y malhechores. (Bastús, La sabiduría, I, 96; pp. 138-139) (Iribarren, El porqué, pp. 211b-212a. SeĖala los Diccionarios de Vergara Martín y Sbarbi como fuente de extracción; pero el mismo texto estaba en Bastús, al que no menciona.)

 

            El bigote al ojo y sin cuarto.

            (…) El nombre bigote le formaron nuestros abuelos viendo y oyendo que un aleman retorciéndose el pelo del labio superior esclamaba: bey Gott, vive Dios. Otros le dan un origen inglés de by-God, que tambien significa vive Dios. Esta es la opinion de Camden.

            (…) Cuéntase de D. Juan de Castro, almirante y virey de las Indias portuguesas, cuyos bigotes son célebres en su biografia, el hecho siguiente:

            Mandando este virey en la India en 1645, los infieles sitiaron la ciudad de Diu, plaza importante que poseian los portugueses. Para hacer levantar el sitio era menester equipar una flota, pero faltaban los fondos necesarios. En este apuro, qué hizo el portugués Castro? Se hizo cortar uno de sus bigotes y le envió en garantia á los negociantes de Goa, por la suma de doscientos millones de reis que les pedia prestados.

            La grandeza de alma del portugués era conocida, la suma por consiguiente fue prestada, el sitio levantado y el bigote honestamente retirado (…) (Bastús, La sabiduría, I, 108; pp. 151-152) (Iribarren, pp. 272b-273a: Bigote. Cita y transcribe a Bastús.)

 

            Que Dios guarde.

            (…) En una nota puesta por el célebre orientalista francés Savary á su traducción del Alcoran, precedida de un compendio de la vida de Mahoma, dice; que habiendo pedido algunos cristianos al Profeta la historia de los Siete durmientes, contestóles: MaĖana os la contaré: y como hubiese olvidado aĖadir, si Dios quiere, fue reprendido Mahoma; y entonces cuenta que Alá le reveló esta máxima que continuó en su libro ó lectura por excelencia llamado el Corán ó Alcoran: No digas jamás haré tal cosa, sin aĖadir, si Dios quiere. (Bastús, La sabiduría, I, 124; pp. 166-167) (Iribarren, p. 144: Si Dios Quiere. Identifica los comentarios de Bastús en el Memorándum, I, p. 921.)

 

Vale mas tarde que nunca.

Dícese que el orígen de este refran viene de que siendo de mucha edad el filósofo Diógenes se propuso aprender música, y habiéndole dicho uno de sus amigos, Iam senex discis, esto es, ya eres viejo para aprender; el filósofo le contestó: Praestantius sero doctum esse, quam nunquam; es decir, vale mas ser instruido ó docto tarde que nunca. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 153; p. 193) (Iribarren, El porqué, p. 303a: Más vale tarde que nunca, cita y extracta el mismo texto de Bastús, Memorándum, I, p. 558.)

 

            Todas las cosas son difíciles antes de ser fáciles.

            Se atribuye esta especie de proverbio á Cristóbal Colón, cuando algunos de los envidiosos de su gloria trataban de rebajar el mérito del descubrimiento del Nuevo Mundo.

            Con este motivo cuéntase que estando comiendo un dia con varios de aquellos detractores, tomó uno de los huevos pasado por agua que acababan de servir á la mesa y les propuso si se empeĖaba alguno en hacerle tener derecho por la punta. Todos lo ensayaron varias veces, mas ninguno lo consiguió, y entonces tomando otra vez Cristóbal Colon el huevo les dijo: SeĖores, no creo que la cosa sea tan difícil como parece, y dando un golpecito sobre la mesa con la punta del huevo y aplastándole un poco consiguió que se mantuviese derecho.

            Oh!!! Esclamaron todos, esta es la cosa mas fácil del mundo.

            Es verdad, repuso Cristóbal Colon, todas las cosas son difíciles antes de ser fáciles.

            “Convengamos, sin embargo, continuó Colón, en que á pesar de su sencillez y facilidad no habeis dado en ello, y que yo solo he sido el que ha soltado la dificultad. Lo mismo sucedió pues con el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo lo que es natural parece fácil, cuando una vez se ha conocido ó encontrado. La dificultad está en ser el inventor, el primero en conocerlo y en demostrarlo.”

            Esta anécdota atribuida á Cristóbal Colon, que muchos creen apócrifa, se contaba ya de Brunelleschi, célebre arquitecto florentino, anterior de muchos aĖos á Colon. (Bastús, La sabiduría, I, 189; pp. 226-227) (Iribarren [El porqué, pp. 214b-215a: El huevo de Colón], que no menciona a Bastús, sentencia tras contar la relación con otras palabras: “Esta anécdota de Colón, que muchos creen apócrifa, se contaba de Brunelleschi, el célebre arquitecto florentino, anterior en muchos aĖos al inmortal genovés.)

 

Reunir las cuatro SSSS de los enamorados.

Estas cuatro eses son las iniciales de sabio, solo, solicito y secreto.

Este dicho proverbial lo esplicó Luis Barahona en las Lágrimas de Angélica, de este modo:

            Ciego ha de ser el fiel enamorado (…)

(Bastús, La sabiduría, I, 210; pp. 250-251) (Iribarren, El porqué, pp. 340b-341a. No lo menciona, pero es indudablemente su inspirador.)

 

            Ahí me las dén todas.

            He aquí como cuentan el orígen de este refran ó modismo que usamos cuando nos hablan de una cosa que nos es del todo indiferente, de desgracias sobre cosa ó persona que no nos toca, ó están bien empleadas en el sugeto sobre que recaen.

            Puso un antiguo Alcalde mayor un auto de prision contra un bergante, y dióle al alguacil para su ejecucion. Fue el ministro de justicia á prenderle, mas al echarle mano le sacudió el pillastre una terrible guantada, diciéndole al mismo tiempo: “toma, para el juez que te envia.

            Volvióse corriendo el alguacil amostazado, y presentándose al Alcalde mayor con la mano en el carrillo y bufando de coraje: “SeĖor,” le dijo, “ahora mismo acaban de dar á su seĖoría una bofetada.” –“A mí!” preguntó la autoridad, estraĖando la noticia. –“Sí seĖor, no lo dude V.S.,” replicó el corchete, “en este momento acaban de pegar á su seĖoría una tremenda bofetada en esta mi cara.” –“En tu cara dices?” –“Sí, seĖor, en mi cara,” –Oh! Entonces,” contestó el Alcalde con mucha sorna:

            Ahí me las dén todas. (Bastús, La sabiduría, I, 269; pp. 309-310) (Iribarren, El porqué, p. 90. Transcribe de Bastús, junto a variantes de otros autores.)

 

Hablar ad-efesios.

(…) Hubo en Efeso un ciudadano virtuoso llamado Hermodoro, que habiendo excitado por su brillante posicion social la envidia de muchos de sus conciudadanos, resolvieron condenarle al Ostracismo ó destierro: y en efecto, fue inicuamente obligado á tener que abandonar su patria por un determinado número de aĖos.

En medio del desórden que reinó en este acto tumultuario, intentaron varias veces Hermodoro y sus amigos hacer oir su voz y demostrar al pueblo de Efeso su inculpabilidad é inocencia, mas nunca pudieron conseguir que diesen oido á sus disculpas, ni se atendieran sus justificaciones, de donde nació el proverbio,

Hablad ad-efesios,

cuando no se hace caso de nuestras palabras ú observaciones. (Bastús, La sabiduría, II, 22; pp. 66-67) (Iribarren, 16b-17b: hablar “ad ephesios”. Adefesio. Transcribe la versión de Bastús, permitiéndose algunas modificaciones, pero seĖalando la fuente exacta.)

 

Nadie diga de esta agua yo no beberé.

(…) Es una alusion á la aventura de un borracho, que jurando sin cesar que no beberia agua de una fuente, se ahogó últimamente en su pilon.

Esta anécdota se lee en Ariosto.

Come veleno e sangue viperino,

Lęacqua fuggia, quanto fuggir si puote.

Or quivi muore, e quel che piu ęannoia

El sentir che nell acqua sene muoia.

Huia del agua como de un veneno, como de la sangre de una víbora; sin embargo murió, y su mayor sentimiento fue morir en el agua. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 32; pp. 77-80, en el refrán Hoy para mí, maĖana para tí) (Iribarren, El porqué, pp. 311b-312a: Nadie diga “De esta agua no beberé”. Cita y copia a Bastús.)

 

Tú lo quisiste, fraile mosten,

Tú lo quisiste, tú te lo ten.

(…) Mosten ó Mostense es sinónimo de Premostratense, religioso de la órden de Canónigos regulares, fundada por San Norberto en 1120; lo que tal vez supondria que la aplicacion de dar ó echar una peluca principiaria ó tendria lugar con alguno que desearia entrar en esta órden, y el cual, por su desordenada conducta, dio lugar á que le echaran y al hacerlo le dijeran:

Tú lo quisiste, fraile mosten,

Tú lo quisiste, tú te lo ten. (Bastús, La sabiduría, II, 35; pp. 83-84) (Iribarren, El porqué, p. 322a. Transcribe de Bastús.)

 

Como los desposados de Hornachuelos.

(…) En este pueblo de Estremadura los padres de un mozo y de una jóven trataron de casarlos y otorgáronse el uno al otro antes que se viesen. Pero como ambos a dos eran feos y abominables, cuando los carearon para darse las manos, ni el uno ni el otro quisieron hacerlo.

Al final, para dar contento á sus padres, se casaron, pero quedó el refrán: Los novios de Hornachuelos: él llora por no llevarla y ella por no ir con él. (Bastús, La sabiduría, II, 71; p. 126) (Iribarren, El porqué, p, 206a: transcribe la versión de Mal Lara y la presente.)

 

Cantar la palinodia.

(…) Se remonta su orígen al tiempo del poeta Stecicore, de Himera en Sicilia, quien, habiendo compuesto una sátira picante contra Helena, hizo despues un elogio de su hermosura, de su virtud y de su fidelidad á Menelao.

Pausanias refiere este hecho del modo siguiente:

“Habiendo perdido el poeta Stecicore la vista en castigo de los versos mordaces que habia escrito contra Helena, no la recobró hasta despues de haber retractado sus calumnias, con una nueva composicion contraria á la primera, la que se llamó despues palinodia, voz griega que equivale á la latina recantatio; es decir, canto en el que se deshace ó se desdice lo cantado anteriormente.” (Bastús, La sabiduría, II, 92; pp. 151-152) (Iribarren, El porqué, p. 35a: relata la anécdota de Stecicore, pero no la transcribe literalmente.)

 

Andar a caza de grillos.

(…) El Comendador Griego pone este refran en la forma siguiente:

Cuando la zorra anda á caza de grillos, no hay para ella, ni para sus hijos.

Una fábula de la zorra dice que un dia fué á caza de grillos, y cuando pensaba que le tenia debajo de sí, sonaba en otra parte y con esto anduvo perdida toda una noche, hasta que de cansada y corrida lo dejó y dio ocasión al proverbio.

También se dice: Andar á grillos. (Bastús, La sabiduría, II, 124; p. 214) (Iribarren, El porqué, p. 67a. Refleja la misma cita que Bastús, pero esta vez sigue a Covarrubias directamente.)

 

            Las verdades de Pero Grullo, ó una Perogrullada.

            [SeĖala algunas, entre ellas, varias de Quevedo en la Visita de los chistes, y concluye:] AĖaden que hay una profecía suya en Asturias, de que ha de venir por el rio una avenida de oro y toneles de vino de Rivadavia; y que por estar prevenidos para la pesca, los paisanos de Pero Grullo andan siempre descalzos. (Bastús, La sabiduría, II, 158, pp. 278-279) (Iribarren, pp. 161b-162b: Las verdades de Perogrullo. También seĖala las de Quevedo y el agregado final, de La pícara Justina.)

 

            El papel todo lo admite.

            (…) El conde de Segur refiere en sus Memorias una anécdota que tiene alguna relacion con la materia.

            Diderot, á quien Catalina de Rusia habia llamado cerca de sí para que la ilustrara en las reformas que deseaba hacer en su imperio, le aconsejaba grandes innovaciones que la Emperatriz no siempre habia realizado.

            Un dia el filósofo manifestó á S. M. I. su sorpresa con cierto resentimiento, y la Emperatriz le contestó:

“Tenga presente Mr. Diderot la diferente posicion en que en el plan de reforma que hemos emprendido nos encontramos. Vos, sabio é ilustrado filósofo, espresais con toda estension y sin dificultad alguna vuestros grandes pensamientos, porque trabajais sobre papel, materia unida y compacta que todo lo admite sin resistirse ni presentar obstáculos ni á vuestra imaginacion ni á vuestra pluma; mientras que yo, pobre emperatriz, tengo que trabajar sobre la piel humana que, como vos sabeis, es muy irritable y quisquillosa.” (Bastús, La sabiduría, III, 13, p. 57) (Iribarren, El porqué, 322b: El papel todo lo aguanta. La coincidencia es total, pero no revela la fuente.)

 

            Un quid pro quod.

            (…) Atribúyese el orígen de esta expresion á una receta de un médico ignorante ó distraido, en la que pidió un QUI por un QUO, y dio lugar con esta equivocacion al envenenamiento del enfermo; ó bien á la ignorancia de un farmecéutico, que al despachar la receta tomara un QUI por un QUO, y causara la misma desgracia.

            De aquí vino el dicho proverbial que aun se usa á veces:

            Dios me libre de quids pro quos de boticarios y de etcéteras de notarios. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 51, pp. 118-120) (Iribarren, p. 24, cita y transcribe literalmente.)

 

            Herrar o quitar el banco.

            (…) Dícese que tuvo su orígen este refran de un herrador que como á tal se le permitió colocar en la calle el potro, banco y demás armatostes del oficio, y que luego no le ejercia, perjudicando al público sin proporcionarle ninguna utilidad, por lo que los vecinos se empeĖaron en que “herrara ó quitara el banco.”

            Conocemos una linda poesía del seĖor Breton de los Herreros que tiene por título ó tema: “Herrar ó quitar el banco.”

            Cuéntase que viendo herrar su caballo el mariscal de Sajonia, dijo al herrador que tenia malas herraduras, y para probar su aserto cogió una y la dobló con sus nervudos dedos, como si fuera de estaĖo.

            El herrador se encogió de hombros y calló, pero cuando el mariscal le pagó le dijo: “No es mejor vuestra moneda seĖor, que mis herraduras según veo, porque mirad,” y agarrando los escudos los fue torciendo de la misma manera que el mariscal habia torcido su herradura. (Bastús, La sabiduría, III, 54, pp. 123-124) (Iribarren, El porqué, p. 93b, cita y transcribe literalmente.)

 

La cola del perro de Alcibiades.

Este célebre general ateniense tenia un hermoso perro que le habia costado sesenta minas, y un dia se le autojó (sic) cortarle la cola, que era su mas bello adorno.

Sus amigos reprobaron esta accion, diciéndole que todo el mundo la condenaba y se ocupaba de ella.

“Pues esto era precisamente lo que me habia propuesto y deseaba, contestóles riendo Alcibiades, porque mientras se entretendrán esos gaznápiros con este hecho, me dejarán á lo menos en paz, y no se meterán en averiguar otras acciones mias.”

(…) Zopiro se mutiló la nariz y las orejas para distraer la atención de los babilonios excitando su piedad, mientras que trabajaba en secreto para la pérdida de la ciudad, cuyas puertas abrió por fin á Dario su general (…) (Bastús, La sabiduría, III, 77, pp. 164-167, en el refrán No quiero perro con cencerro) (Iribarren, p. 359a: El perro de Alcibíades, no menciona a Bastús, sino a Vicente Vega, pero es la misma versión que la de Bastús.)

 

Tornarse el sueĖo del perro.

Cambiar un gozo por un quebranto, un bien imaginario por un mal efectivo y real.

Dicen que tuvo su orígen de un perro que soĖaba que comia un pedazo de carne y daba muchas dentelladas y algunos aullidos sordos de contento. Cuando el amo viéndole de esta manera tomó un palo y le sacudió de firme hasta que despertó y se halló el perro sin bocado y apaleado. (Bastús, La sabiduría, III, 77, pp. 164-167, en el refrán No quiero perro con cencerro) (Iribarren, El porqué, p. 143a: Tornarse [o volverse] el sueĖo del perro. Aunque no menciona a Bastús, debió leerlo; extracta una versión casi idéntica a la suya, aunque con algunas variantes. Tal vez no lo mencione por apoyarse en la versión de Covarrubias directamente)

 

La fé del carbonero

Se llama así la fé sencilla y franca que tiene el hombre ingenuo que cree sin discutir.

Dicen que vino este proverbio del cuento siguiente que se lee en las Memorias de Trevoux:

“Habia un carbonero exclusiva y constantemente ocupado en su oficio á quien parece que el diablo habia tomado por cuenta. Un dia disfrazado de doctor de la Sorbona, le emprendió de frente y preguntóle qué era lo que él creia acerca la fé de Jesucristo, y el buen hombre contestóle: Yo creo todo lo que cree la Iglesia.

            Entonces el diablo apremiándole de nuevo le dijo: “Y bien, ņqué es lo que cree la Iglesia? á lo cual el carbonero contestó dejando confundido y patitieso al maligno espíritu: —Ella cree todo lo que creo yo. (Bastús, La sabiduría, III, 155, pp. 273-275, en el refrán: Hombre sin fé. Hombre sin freno) (Iribarren, El porqué, p. 161, cita y transcribe literalmente.)

 

Las verdades del barquero.

[Tras sugerir el cuentecillo:] Otros dicen que las verdades del barquero son cuatro y suponen ser las siguientes.

1.Ľ        Quien da pan á perro ajeno, pierde pan y pierde el perro.

2.Ľ        El que no está hecho á bragas, las costuras le hacen llagas.

3.Ľ        El pan duro, duro; vale mas duro, que ninguno.

4.Ľ        El zapato aunque malo, mas vale en el pié que en la mano. (Bastús, La sabiduría, III, 205, pp. 317-318) (Iribarren, El porqué, p. 79, menciona este refrán en Bastús, del que extracta un fragmento, sin especificar lugar exacto.)

 

 

            OTROS CUENTECILLOS DE BASTÚS:

 

            Si es más rico que coma dos veces,

es una especie de reto que hace al rico el pobre, cuyo pan grosero está sazonado con un vigoroso apetito, mientras que todo el lujo de los festines mas refinados no pueden suplir á este atractivo que el rico á veces desconoce.

            Recuérdese la contestación de aquel hacendista acosado á la hora de comer por un pobre que le pedia limosna, diciendo que tenia hambre –Cuan feliz es ese tunante! dice que tiene hambre, y yo… no puedo pasar un bocado…

            En el festin de Trimalcion se lee ya este antiguo proverbio: Tu beatior es? bis prande, bis caena. “Si tu eres mas rico que yo, come y cena pues dos veces.” (Bastús, La Sabiduría, I, 14, pp. 51-55, en el refrán Come para vivir, no vivas para comer)

 

            No debe uno desnudarse, antes de ir á meterse en la cama,

            esto es, nadie debe desprenderse de sus bienes, mientras pueda gozar de ellos, ni cederlos hasta que vaya á descender al sepulcro; contestación significativa que dio un Príncipe á su hijo que le apremiaba para que le cediera sus estados, y máxima muy particularmente recomendada en el Eclesiástico (…) (Bastús, La sabiduría, I, 16; pp. 55-56; en el refrán Quien dá lo suyo antes de su muerte, que le den con un mazo en la frente)

 

            El Sastre del Campillo, trabajaba de balde y ponía el hilo.

            (…) Se referirá sin duda esta locución á un sastre que habria en alguno de los varios pueblos ó aldeas que llevan en EspaĖa el nombre de Campillo, el cual tendria la abnegacion que expresa el adagio, de trabajar de balde y poner el hilo (…). (Bastús, La sabiduría, I, 18; p. 58)

           

Al hombre favorecido de la fortuna, oro le cae naturalmente en la boca.

A propósito de este último proverbio se cuenta que el Visir Raghib-Pacha, que brillaba al frente de los poetas turcos del siglo XVIII, se complacia en poner en práctica este proverbio.

En una comida que solia dar semanalmente á los hombres mas distinguidos en letras y ciencias, el plato principal de ella era siempre una pirámide de arroz con manteca, con el cual estaban mezclados muchos granos de oro y plata de buen tamaĖo.

Cada comensal tomaba á su vez con la cuchara, y de aquel que se encontraba con el mejor lote, se decia que el oro le habia caido naturalmente en la boca (…). (Bastús, La sabiduría, I, 30; pp. 68-70; en el refrán A los atrevidos la fortuna les favorece)

 

Al que mejor administre, no el bolsillo se registre.

Fué un administrador á felicitar á principios de aĖo nuevo al Cardenal Dubois cuyas rentas manejaba, y esperando las estrenas ó aguinaldo que en tales dias suelen darse, su Eminencia le dijo: Amigo, os cedo por estrenas todo lo que me habeis robado entre aĖos (…) (Bastús, La sabiduría, I, 32; pp. 71-72; en el refrán Administrador que administra, y enfermo que se enjuaga, algo traga)

 

Al perezoso le nace pelo en la palma de la mano.

(…) Entre los antiguos se usaba esta expresión como fórmula de desafio. Habiendo dicho Crasso á un embajador de Seleucia: Yo te contestaré en tu pais, este embajador le repuso con fuerza: Antes que tu puedas entrar en él, brotará el pelo en la palma de mi mano (…) (Bastús, La sabiduría, I, 34; pp. 72-75; en el refrán El perezoso es siempre menesteroso)

 

            Por su mal nacieron alas á la hormiga,

            se aplica, aunque fundado en un error de historia natural, á un hombre de baja esfera habiendo subido á alto lugar y no sabiéndose gobernar, ni conducir, cayó de él afrentósamente. (Bastús, La sabiduría, I, 34; pp. 72-75; en el refrán El perezoso es siempre menesteroso)

 

            A Dios rogando y con el mazo dando,

del que hemos hablado, se atribuye á un batidor de oro, que encontrando á sus oficiales tranquilamente rezando, y bajo cuyo pretesto habian suspendido el trabajo de batir el oro con el mazo, les dijo: Ea, amigos, yo no me opongo a que se reze en las horas de trabajo, pero todo puede conciliarse:

            A Dios rogando y con el mazo dando (…) (Bastús, La sabiduría, I, 42; pp. 81-82; en el refrán A quien madruga Dios le ayuda.-Ayúdate y Dios te ayudará)

 

            A quien madruga Dios le ayuda. -Ayúdate y Dios te ayudará

            (…) En uno de los paseos que solia dar el Papa Pio VIII por los alrededores de Roma, vió una viĖa del todo abandonada, y llamando al dueĖo de ella le reconvino amistosamente por su indolencia, y el labrador, despues de escuchar al Padre Santo y prometer cuidarla mejor, le suplicó que se dignara bendecirla.

            Lo haré con mucho gusto, dijo Su Santidad, pero… no te olvides de podarla. (Bastús, La sabiduría, I, 42; pp. 81-82)

 

            El dinero huele bien salga de donde saliere,

se cree que nació del hecho histórico siguiente:

            Habiendo impuesto el emperador Vespasiano una contribución sobre las letrinas, contra la opinion de su hijo Tito, cuando le trajeron el primer dinero tomó una moneda, y acercándola á la nariz al Príncipe le preguntó: Huele acaso mal? lo que dio lugar al proverbio de que nos ocupamos, del cual Juvenal se sirvió para la Sat. 14, v. 204.

            … Luci bonus est odor ex re

            Qualibet. (Bastús, La sabiduría, I, 46; pp. 85-87; en el refrán Quien tiene argen, tiene todo bien)

 

[Desgraciado de él si no es cierto].

(…) El dinero es un buen servidor, pero mal amo ó seĖor, proverbio atribuido al canciller Baion (…)

Es menester poder decir del dinero lo que el filósofo Aristipo de una bella cortesana: Yo poseo á Laia, sin que ella me posea á mí.

Un proverbio antiguo aconseja no tocar ni manosear el dinero de otro porque como en él se observa, el mas hombre de bien no aĖade jamás un cuarto á la suma existente.

El dinero se hizo redondo para que pudiera correr, según máxima de los hombres pródigos y generosos.

Pero también se hizo plano, aĖaden con prontitud los avaros y económicos, para poder ser empaquetado y guardarse.

Cierto personaje que habia mandado en nuestras Américas en la alta clase de Virey de una de aquellas regiones, estaba en Madrid tiempo habia encausado, cuando un dia preguntó el Rey á uno de sus ministros, qué habia dado lugar á aquel procedimiento; y habiéndole dicho que porque se le suponia que habia dilapidado doscientos mil duros durante su mandato, el rey contestó: Desgraciado de él si no es cierto. (Bastús, La sabiduría, I, 46; pp. 85-87; en el refrán Quien tiene argen, tiene todo bien)

 

            Achica compadre y llevarás la galga.

            (…) Dicen que tuvo orígen este refran de un cazador que fue á pedir la galga de un amigo para ir á matar una liebre, que, él decia, era tan grande como un becerro.

            Si tan grande es la liebre, mi galga no servirá, le manifestó el dueĖo de ella.

            Yo te diré, repuso el cazador, materialmente como un cerro no, pero como una cabra, lo menos.

            Tampoco servirá la perra, por consiguiente: ACHICA COMPADRE Y LLEVARÁS LA GALGA; y así sucesivamente fue achicando el volumen de la libre, hasta que quedó del tamaĖo de las comunes, y entonces LLEVÓ LA GALGA. (Bastús, La sabiduría, I, 47, pp. 88-89)

 

            Es un Sicofanta.

            (…) Cuéntase que habiendo servido una vez ricos higos de la Atica en la mesa de Jerxes, este monarca preguntó que de donde eran, y habiéndole contestado que de Atenas, mandó quitarlos de delante jurando no volver á comerlos hasta que fuese dueĖo de las higueras que los producian. (Bastús, La sabiduría, I, 58; pp. 100-101)

 

            Fianzas pocas y con discreción.

            (…) Si quereis saber el valor del dinero, dice otro proverbio, prestadle. Entonces vereis que la plata se paga á peso de oro, sin duda por lo que cuesta reembolsarlo. (Bastús, La sabiduría, I, 60; pp. 102-103)

 

            A quien dan, no escoje.

            He aquí el origen de este refran. Viendo á uno que traia en el rostro una tremenda cuchillada que le desfiguraba del todo, y diciéndole otro ņPero hombre, cómo demonios le han dado á V. ese tajo en tan mala parte? Contestó el herido: Compadre, á quien dan no escoje, y quedó en proverbio (Bastús, La sabiduría, I, 75, pp. 118-119: en el refrán Vale mas dar que recibir)

 

            Escribe antes que des, y recibe antes que escribas.

            (…) De aquí los italianos tienen un refrán que dice:

            Piensa mucho, habla poco, escribe menos.

            Un célebre Prelado queriendo demostrar la necesidad de tomar precauciones antes de escribir recordaba que: Jesus solo una vez escribió en su vida, y aun esta, aĖadia el buen prelado, lo hizo sobre el polvo ó en la arena, á fin de que el viento borrase o se llevase la escritura. (Bastús, La sabiduría, I, 67; pp. 109-110)

es peligros, sin tomar precauciondo coadyuvar al buen a. y esperando las estrenas le habia caido naturalmente en la b

UĖa de gato y cara ó hábito de beato.

(…) Una supersticion muy comun entre varios pueblos suponia que el hábito de mentir producia unas pequeĖas manchas en las uĖas, lo que se llamaba tener las uĖas floridas, o llenas de mentiras, considerados como otras tantas de ellas.

Esta supersticion existia tambien entre los romanos, y Horacio hace mencion de ella en la Oda 9 del lib. II, en la que habla de la uĖa seĖalada de Barina.

Habiéndose caprichosamente enemistado un trovador provenzal llamado Guillermo de Balaou, con la dama á quien él servia, Guillerma de Jauviac, y deseando luego anudar sus interrumpidas relaciones, exigióle ella que se cortara la uĖa del dedo mas larga y se la presentara; porque como era muy hábil tocador de instrumentos de cuerda, y sirviéndose precisamente de ella para lucir su habilidad, quiso con esta exigencia cerciorarse de la sinceridad de la reconciliación de su amante, castigando al mismo tiempo su volubilidad é inconstancia; á todo lo que se sujetó gustoso para conquistar el amor perdido de su dama. (Bastús, La sabiduría, I, 87; pp. 130-131)

 

            Zapatero á tu zapato.

            Refrán con el que advertimos que cada uno se esté en los límites de su profesión, ó que no hable sino de lo que entienda.

            He aquí su origen:

            Deseando el célebre pintor griego Apeles, hijo de Pitio, natural según unos de Cos ó Colofonia, y según otros de Efeso, perfeccionare mas y mas en su arte, acostumbraba exponer al público sus pinturas, y escondido detrás, escuchaba para aprovecharse, las críticas que de ellas se hacian.

            Un dia manifestando un zapatero que faltaba algun requisito á la sandalia de uno de los personajes del cuadro, se aprovechó de aquella observación Apeles, y al dia siguiente presentó ya su cuadro con la enmienda indicada.

            Mas el zapatero, envanecido por el resultado de su observación, quiso pasar á criticar otras partes del cuadro que nada tenian que ver con su oficio; cuando saliendo de pronto Apeles le dijo:

           Ne sutor ultra crepidam:

           Zapatero á tu zapato;

que ha pasado á proverbio, para indicar que cada uno debe atenerse á hablar de su arte, sin entrometerse, ni ascender á cosas agenas ó superiores del suyo.

            Dedicábase Apeles con todo esmero á su noble profesion, que no dejaba pasar dia sin pintar, lo que dio lugar al otro proverbio:

           Nulla dies sine línea.

            Merced á tanta aplicación, hizo progresos extraordinarios en su arte, y llegó á superar luego á Pamfilo su maestro, y á todos los demás pintores griegos.

            Alejandro tenia tan alta idea de la habilidad de Apeles, que según el testimonio de Plinio, no quiso ser pintado ó retratado por ningun otro pintor.

            Luis XV dio un dia al pintor Latour, que estaba haciendo su retrato, una leccion tan oportuna como fuerte y en un sentido análogo al del primer proverbio.

            Ocupándose el artista del retrato del Rey, sostenia con el monarca una conversacion familiar sobre política que el rey tenia la bondad de permitirle, pero naturalmente indiscreto el pintor llegó su temeridad al estremo de esclamar: Pero seĖor, en último resultado no tenemos marina; y el monarca por toda contestación le dijo: y Vernet?

            Aludiendo á los paisajes marítimos ó marinas ejecutadas por el célebre pintor Vernet.

            Bien sabido es tambien el consejo que daba Voltaire á su peluquero que habia compuesto una tragedia y se la dedicó.

            Maestro Andrés, le decía, haced peluca; nada mas que peluca. (Bastús, La sabiduría, I, 91; pp. 134-135)

 

            Estar bajo la espada de Damocles.

            Cuando una persona está amenazada de un peligro inminente, suele decirse que está bajo la espada de Damocles. Hé aquí el origen de esta locución.

            Damocles era uno de los cortesanos aduladores de Dionisio de Siracusa, llamado el Tirano. En todas ocasiones celebraba sus riquezas, su magnificencia y sobre todo su felicidad. Dionisio le invitó cierto dia á un espléndido convite, en el que fue obsequiado y servido como un príncipe. Mas á lo mejor de la fiesta levanta los ojos Damocles, y ve con asombro que sobre su cabeza colgaba del techo una espada desnuda, solo sostenida por una cerda de caballo. Horrorizado del peligro en que se encontraba, pidió permiso para retirarse, mas no lo hizo sin conocer por medio de aquella ingeniosa alegoria, que la existencia de un tirano no era tan feliz como él un dia habia creido (…). (Bastús, La sabiduría, I, 93; pp. 136-137)

 

            Gato con botas no coje ratones.

            Hemos oido asegurar que cierto general de marina (Q.E.P.D.) siempre que veia á sus oficiales luciendo ajustados guantes, les encajaba esta especie de proverbio, cuyo orígen desconocemos, bien que su significado no necesita esplicaciones (…)

            Haber perdido sus guantes (…)

            El historiador inglés Cambden -1559- dice que la reina Elisabet de Inglaterra prendada de Roberto de Evreux conde de Essex, le regaló uno de sus guantes para que le llevara en su sombrero; favor que no dispensó á ningun otro de los muchos príncipes que por ella suspiraban, todos los cuales no impidieron que reinara y muriera vírgen como espresa el epitafio latino que ella mandó poner sobre su tumba:

            Hic sita est Elisabeth quae virgo regavit, virgo obiit (...). (Bastús, La sabiduría, I, 98; pp. 139-140)

 

            Acabara como el rosario de la Aurora.

            Modismo del cual nos servimos en lenguaje familiar para expresar que una cosa acabará mal.

            Y es con alusion á cierto choque que hubo entre los que acompaĖaban al rosario que en muchos pueblos, particularmente de Andalucía, se canta y anda por las calles los domingos al asomar la aurora. Y en tanto se cree que concluyó mal aquella querella, que el refran termina con decir que Acabó a farolazos.

            Otros dicen:

            Acabará como el rosario de Espera,

pueblo de Andalucía en la provincia de Cádiz, diócesis de Sevilla, en donde suponen pasó la vidriosa escena de los farolazos. (Bastús, La sabiduría, I, 101; p. 146)

 

            El ojo del amo engorda el caballo.

            (…) Plutarco cita el proverbio: El ojo del amo engorda al caballo en el Cap. 27, del tratado acerca: Como deben alimentarse los niĖos, y supone que fue la contestacion que dio un palafrenero á quien le preguntaron, que era lo que engordaba mas á un caballo. (Bastús, La sabiduría, I, 111; p. 154)

 

            No es pobre el que tiene poco, sino el que desea mucho.

            (…) “Es una gran dicha, decia uno á un filósofo, tener lo que se desea. Y este le replicó: Mayor es la dicha todavía no desear mas de lo que se tiene”. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 114; p. 157)

 

            Artero, artero, mas non buen caballero.

            Tuvo su orígen este refran de las palabras que dijo el conde Don Manrique de Lara al tiempo de morir de las heridas que recibió de Ferran Ruiz de Castro en la batalla de Huete. Aludia á la astucia de que habia usado su contrario, poniendo sus armas á un escudero, á quien mató el conde en la batalla, creyendo que era Ferran Ruiz de Castro; y como este quedó vivo, y el conde desprevenido, dio Ferran Ruiz sobre él cuando mas descuidado estaba y le hirió de muerte, y al morir dijo:

            Artero, artero, mas non buen caballero. (Bastús, La sabiduría, I, 118; pp. 160-161)

 

            Es la corte ó pesan vaca?

            Modismo que se usa y aplica preguntando cuando se junta en un punto mucha gente, sin gran motivo ó fundamento.

            Tuvo su orígen de las aldeas, en donde cuando matan un buey, que como es cosa que raras veces acontece, todos acuden á comprar carne y se junta mucha gente con motivo de pesar ó vender vaca, como dice el modismo. (Bastús, La sabiduría, I, 123; p. 165)

 

            Hombre de calzas atacadas.

            (…) Ambrosio de Salazar, citado por Pellicer, habla de uno á quien, estando en visita con las calzas henchidas de salvado, se le vaciaron por un agujero que hizo un clavo de la silla, con mucha risa de los circunstantes (…) (Bastús, La sabiduría, I, 137; pp. 178-180)

 

            Mientras bebo no me doy.

            Es decir interin me ocupo ó entretengo con la bebida ó con otra cosa, dejo de azotarme ó de trabajar.

            Esta especie de proverbio, que es muy común entre los holgazanes, se lee en la ingeniosa comedia del festivo poeta dramático D. Agustín Moreto titulado: El lego del Cármen.

            Criticando sin duda con mucha razón y motivo, los abusos que en su tiempo se habian introducido y se cometian entre los voluntarios disciplinantes de Semana Santa dice.

                         Un hombre se iba azotando,

                       Por la calle iba corriendo,

                       Y en cuanta taberna hallaba

                       Hacia estacion y estaba

                       Un cuarto de hora bebiendo.

                       Díjole uno, mirad que hoy

                       Beber tanto es desvarío,

                       Y él respondio: —SeĖor mio,

                       MIENTRAS BEBO NO ME DOY.

            (Bastús, La sabiduría, I, 138; p. 180)

           

            Pasar de Zapatillas a Chapines.

            (…) Con motivo de haber usado las mujeres un calzado tan alto se cuenta la siguiente patraĖa: “A fin de evitar que las mujeres anduviesen mucho tiempo y fuesen callejeras, dicen que se las persuadió que usasen los chapines, con los cuales adquiririan mayor talla y se igualarian á los hombres, á lo que pronto se convinieron, pero que estos se los hicieron de palo y muy pesados para que andaran (sic) con dificultad. Mas que ellas lo eludieron haciéndolos ahuecar primero y luego mandándolos fabricar de una materia ligera como el corcho, que no les impedia andar con soltura y gallardia, burlando de esta manera la intencion de los hombres.” (…) (Bastús, La sabiduría, I, 144; pp. 185-186)

 

            Mas vale ser cabeza de Raton que cola de Leon.

            Es preferible ser uno dueĖo de su casa ó el primero de una corporacion por humilde ó reducida que sea, que el último de otra agena por brillo que tenga.

            Parece que tomó orígen este proverbio, despues de la razon natural en que se apoya, de una anécdota que cuenta Julio César.

            Dirigiéndose este caudillo á EspaĖa, de cuyas legiones acababa de ser nombrado Cuestor, al pasar por los Alpes y ver sobre el camino un pueblo infelicísimo, algunos de los generales de su comitiva dijeron que no era posible que en aquel villorío hubiese objeto, ni materia para la ambición. A lo que César les contestó en tono muy formal: Yo preferiria sin embargo ser el primero en ese pueblo, que el segundo de Roma (…) (Bastús, La sabiduría, I, 145; pp. 186-187)

 

            Quien ha buen vecino, ha buen matino.

            (…) Plutarco en la vida de Temístocles refiere que teniendo que vender este cierta posesion, advirtió al pregonero, que proclamara é hiciera conocer á los compradores que tenia muy buenos vecinos (…) (Bastús, La sabiduría, I, 146; pp. 187-188)

 

            Amicus Plato, sed magis amica veritas.

            (…) Instado Pericles por un amigo para que jurára en falso á su favor, contestóle que como amigo le serviria en todo cuanto pudiese; pero que la amistad no debia exceder tampoco los límites de la obligación sagrada que nos impone el deber y la religión. Esto es, que contára con él y con su amistad en un todo, usque ad aras, hasta el ara ó el altar, pero respetando ó sin mancillar á este ó á la religión.

            Cuéntase que Francisco I de Francia instado en 1534, por Enrique VIII de Inglaterra para que se separara de la Iglesia romana, como él acababa de hacer, le contestó: Je suis votre ami, mais jusquź aux autels. (Bastús, La sabiduría, I, 148; pp. 189-190) este cierta poseis el segundo de Roma (... villorsobre el camino un pueblo infelicmaner

 

            Todo se andará.

            Es decir nada quedará por ver, nada se olvidará, ni omitirá, todo se recorrerá, etc.

            Dicen que tuvo su origen esta locución de un azotado, que dándole el verdugo siempre sobre una misma espalda se lo indicó por el daĖo que le hacia, y que el ministro de justicia vapuleando le contestó: No tengas cuidado hermano, que,

           TODO SE ANDARÁ.

(Bastús, La sabiduría, I, 151; p. 191)

 

            Estar entre Scila y Caribdis.

            (…) El padre Kirquer dice que un buzo muy hábil de la ciudad de Catania en Sicilia, llamado Pesce Colá ó Pez Nicolao, se zambulló en Caribdis para satisfacer la curiosidad de Federico rey de Nápoles, de donde salió á los tres cuartos de hora llevando en la mano una copa de oro que el rey habia mandado arrojar al abismo. Federico, no contento con esta peligrosa prueba y con las noticias que le dio Nicolao del interior de aquel antro, le instó á que se sumergiese otra vez, y animado de sus ofrecimientos se arrojó de nuevo, pero fue para no volver á salir jamás de aquel abismo. (Bastús, La sabiduría, I, 156; pp. 195-197)

 

            Como la judía de Zaragoza, que cegó llorando duelos agenos.

            Esta judía de Zaragoza seria una de aquellas mujeres que con los nombres de endechaderas ó plaĖideras, se alquilaban para seguir llorando detrás de los entierros.

            De aquí es que hay otro refrán que se lee ya en la colección del Comendador griego que dice:

 

 Tu no mi hermano,

tu no mi primo,

llórote por medio

celemin de trigo.

 

            Se hace mencion de estas lloronas de oficio, desde la mas remota antigüedad. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 160; pp. 199-201)

 

            Disputa sobre la punta de un alfiler, de una espada.

            Lo mismo que ocupase con calor é interés de una cosa insignificante, que no vale la pena.

            Los griegos tenian un proverbio parecido:

            Disputar acerca la sombra de un asno.

            Este proverbio se fundaba sobre una historia que Demóstenes contó á unos jueces que no le escuchaban mientras estaba defendiendo la vida de un ateniense; y con cuyo ardid consiguió llamar la atención de los magistrados.

            Un joven, les dijo, había alquilado un asno para ir de Atenas á Megara. Cerca del mediodía, el sol abrasaba, sin encontrarse una insignificante sombra donde guarecerse. Qué hace el viajero? Se apea de su asno, se sienta en el suelo, y encuentra un alivio á su sombra.

            El dueĖo de la cabalgadura que le acompaĖaba decia, que aquel sitio no le pertenecia, y lo probaba esponiendo que si bien habia alquilado el asno, pero no la sombra.

            El joven se empeĖaba en que habiendo alquilado el asno, se entendia que habia alquilado tambien su sombra, y que por consiguiente podia y queria disfrutar de ella. La disputa fue tomando creces, de las palabras pasaron á las obras y como con estos dos modos de argumentacion nada adelantaron, convinieron en que el negocio se llevase á los tribunales…

            Aquí llegaba Demóstenes, cuando habiendo conseguido llamar la atencion de los jueces que se mostraron ansiosos de saber el resultado de este ridículo litigio, suspendió la narracion del fingido apólogo, y apostrofando á los jueces les hizo conocer cuan mal obraban fijando toda su atencion en la disputa de la sombra del asno, mientras desoian la grave cuestion de la vida de un hombre que él defendia.

            Los latinos tenian tambien su respectivo proverbio y decian: Rixari de lana caprina, tomado de dos imbéciles que promovieron una acalorada disputa para determinar si el carnero llevaba lana o pelo. Espresion que se lee en el siguiente verso de Horacio.

            Alter rixatur de lana caprina.

             Los alemanes llaman á estas cuestiones: disputar acerca la barba del emperador, es decir, del color de la barba, y esto fue de resultas de unos lances que ocurrieron en tiempo del emperador Federico Barbarroja acerca de si su barba era roja ó rubia. (Bastús, La sabiduría, I, 167; pp. 205-206) su sombra.

jero? Se apea de su asno, se sienta en el suelo, y encuentra un alivio se; y con cuyo ardid consigui

 

            El secreto de Anchuelos.

            (…) San Cirilo en sus apólogos morales encargaba hablando del secreto que se confiara: O á uno, ó á ninguno.

            Preguntado Ganganelli –Clemente XIV– si tenia confianza en sus secretarios, contestó: —Mucho confio en su discreción, aunque son tres –y enseĖó los tres dedos de su mano derecha con los cuales se toma la pluma; es decir que las cosas de importancia no se valia de nadie sino de sí mismo. (Bastús, La sabiduría, I, 168; p. 207)

 

La familiaridad engendra desprecio.

(…) Cuando uno se familiariza mucho con sus inferiores, deja de ser tratado con el respeto que le es debido.

(…) Parece como si los dos hubiésemos comido en un mismo plato.

Una vida de Santa Elisabet, reina de Ungria, celebrando la caridad de esta Santa por los pobres, dice, que los hacia comer en su mismo plato.

Este uso bueno ó malo, aĖade el mismo Legrand dęAussy, se conservó por mucho tiempo en Francia, y ha subsistido en parte en aquella córte hasta el tiempo de Luis XIV.

“El rey, dice la condesa de Montpensier en sus Memorias tomo IV, no metia mano en un plato, sin pedir antes permiso al que en él comia, y mandaba que se siguiera comiendo con él. Como yo estaba acostumbrada, continua la duquesa, á mirar al rey con gran respeto, me sorprendia esta familiaridad, y estuve mucho tiempo sin poder acomodarme á ella, hasta que últimamente viendo que los otros lo practicaban, y que la reina misma me dijo un dia que el rey no era amigo de cumplimientos, y que deseaba se comiera tambien en su plato, me determiné á hacerlo. (Bastús, La sabiduría, I, 172; pp. 209-211)

 

            Volver á las ollas de Egipto.

            (…) Es tomado este refrán del capítulo XVI del Exodo, libro escrito por Moisés, y que contiene la salida de los hijos de Israel de Egipto.

            Murmurando en el desierto los israelitas por las privaciones que tenian que sufrir después de haber salido de Egipto, dijeron á Moisés y Aaron sus caudillos: “Ojalá hubiéramos muerto á manos del SeĖor en Egipto, cuando estábamos sentados junto á las calderas ú olla llenas de carne y comíamos pan cuando queríamos.” (…) (Bastús, La sabiduría, I, 175; p. 212)

 

            El hábito no hace al monje.

            (…) Por la catadura se conoce al hombre.

            (…) San Ambrosio dice que: El rostro es un tácito intérprete del corazon: y lo mismo sucede con la manera de vestir, de andar, de reir, etc.

            Es notable el hecho del mismo Santo, que rehusó admitir en el clero á un jóven, solo por haberle notado un gesto poco decente, y á otro por su manera chocante de andar: y el desastrado fin de ambos, probó que no se habia equivocado. (Bastús, La sabiduría, I, 178; pp. 214-218)

 

            El número de los tontos abunda mucho

            …Fúndase sin duda en lo que dice San Jerónimo en uno de los comentarios á Isaías.

            Nullus tam imperitus scriptor est, qui lectores non inventa similem sui. “Por imbécil que sea un autor, siempre encuentra un lector que se le parece”.

            ... Boileau termina el primer canto de su Arte poética diciendo: Un tonto encuentra siempre otro tonto mayor que le admira…

            El mariscal de Grammot no podia comprender que Dios amase á los tontos

            … Un tonto, según Franklin, tiene siempre bastante talento para ser malvado. (Bastús, La sabiduría, I, 180; pp. 218-220) [Ciertamente, el presente refrán no está glosado con ninguna anécdota o cuentecillo, mas es un ejemplo de máximas o pensamientos que solían incluirse en la época en los libros misceláneos concebidos para divertir. Valga como ejemplo. Entre los cuentos de Rafael Boira, se incluían pensamientos, uno de ellos manifestaba: “Decía un filósofo:

            —Dios ama á todas sus criaturas, pero cuesta trabajo el convencerse de que ame á los necios.” (El libro de los cuentos, Madrid, 1862, I, pp. 142-143)]

 

            Nudo gordiano.

            Lo mismo que dificultad indisoluble, negocio ó cuestion imposible ó dificilísima de resolver. He aquí el orígen histórico y etimológico del Nudo Gordiano.

            Combatidos entre sí los frigios por los partidos que dilaceraban su patria, consultaron al Oráculo para saber el modo como dar cabo á aquellos males; y la contestación fue, que las desgracias no cesarian mientras no eligiesen un rey.

            Preguntaron de nuevo á quien habian de elegir; y el Oráculo contestó, que al primero que encontrasen que se dirigiese al templo de Júpiter montado en un carro.

            Apenas salieron del templo, cuando encontraron un labriego llamado Gordius que habiendo madrugado iba al templo con su carreta y sus bueyes á encomendarse á Júpiter, antes de empezar su tarea, y en el instante le proclamaron rey; y Gordius, en memoria de este suceso, consagró a Júpiter el carro en que iba montado.

            El nudo con que estaba atado el yugo á la lanza, estaba hecho con tal artificio, que no podia descubrirse ninguno de los dos cabos, y este es el célebre nudo conocido en la antigüedad con el nombre de Nudo gordiano.

            Se cuenta que mas adelante el Oráculo declaró que aquel que lo desatase, tendria el imperio del Asia. Y cuando Alejandro en su expedición contra Darío pasó por la ciudad del Gordium, antigua residencia del rey Midas, hijo de Gordiano, quiso ver el carro célebre por el nudo, creyendo que se reservaba para él la promesa del Oráculo. Examinóle detenidamente, y después de haber intentado en vano desatarlo, como los demás que anteriormente lo habian tanteado, temiendo que sus soldados sacasen de esto algun mal agüero, no importa, dijo, si no le desato, le cortaré: tanto monta cortarlo como desatarlo, todo es deshacerlo, y tirando de su espada le cortó por el medio, con lo que se eludió ó cumplió en parte el Oráculo; oraculi sortem, vel elusit vel implevit, que dice Quinto Curcio.

            De aquí tomaron los reyes de EspaĖa la empresa acuĖada en almoneda con un yugo cortadas las coyundas y la letra: tanto monta. (Bastús, La sabiduría, I, 184; pp. 222-223)

 

            Hombre ambidiestro.

            (…) En un apólogo ó linda fábula del SeĖor Príncipe, titulada La mano derecha y la izquierda, se demuestra porque no todos somos ambidiestros, es decir porque no podemos servirnos de la mano izquierda como de la derecha. Con motivo pregunta esta á aquella.

 

 ņDirasme por Belzebú

En qué demonios consista

En que, siendo yo tan lista

Seas torpe siempre tú?

  —Mi aptitud, dijo la Izquierda

Siempre á la tuya ha igualada;

Pero a ti te han educado,

Y á mí me han criado lerda.

  ņDe qué me sirve tener

Aptitud para mi oficio,

Si no tengo el ejercicio

Que la hace desenvolver?

  La Izquierda tuvo razón,

Porque, lectores, no es cuento:

De qué os servirá el talento,

Si os falta la educación?

(Bastús, La sabiduría, I, 186; pp. 224-225 [La fábula inicia el libro de Fábulas de Agustín Príncipe I, 1])

 

            Hable Burgos, que Toledo hará lo que yo le mande.

            (...) Está tomado este modismo de lo que pasó en unas Cortes tenidas en Alcalá de Henares el aĖo de 1349, convocadas por el rey D. Alonso el XI.

            Entre los procuradores á cortes de Toledo y Burgos hubo gran competencia acerca cual ocuparia el primer lugar, y cual de ellos hablaria primero, alegando cada parte los derechos y las razones en que creia apoyar su pretensión. Pero el rey cortó oportunamente la polémica diciendo: Yo hablo por Toledo, y Toledo hará lo que yo le mandare: hable Burgos.

            De esta manera se apaciguó la contienda, disponiendo que Burgos que estaba en posesion del mejor asiento, como dice Florez, tuviese el primer asiento y el primer voto, y que á Toledo se le diese un asiento apartado de los demás, en frente del rey, y que fuese nombrado primero por el rey la forma dicha: Yo hablo por Toledo. (Bastús, La sabiduría, I, 218; p. 257)

 

            Cuantos mas moros mas ganancia.

            Esta espresion que aplicamos cuando son muchas las dificultades que tenemos que vencer, ó numerosos los enemigos que combatir, en cuyo caso debe ser mayor el botin ó despojos que dejare el enemigo vencido, está tomada de la historia del Cid Ruiz Diaz del Vivar.

            Cuéntase en ella que después que se hubo apoderado de Valencia, fue Miramamolin, caudillo moro, con un poderoso ejército á quitársela, y que al ver el del Vivar aterradas á su esposa doĖa Jimena y sus hijas, circunvalados como estaban por tanta morisma, las dijo para animarlas:

           No temays, doĖa Jimena

Y fijas, que tanto amo.

           Mientras que yo fuere vivo,

De nada tengais cuidado,

Que estos moros que aquí vedes

Vencidos habrán quedado.

           Y con el su gran aver,

Fijas os habré casado,

Que cuantos mas son los moros

Mas ganancia habrán dejado.

(Bastús, La sabiduría, I, 222; p. 260)

 

            ņLeoncitos á mi? ņá mi leoncitos?

            (…) Es alusión á la aventura de los leones que se lee en el capítulo XVIII, de la Segunda parte de D. Quijote de Cervantes. (Bastús, La sabiduría, I, 223; pp. 260-261)

 

            Si buenos azotes me daban, bien caballero me iba: etc.

            Y á propósito de este comienzo de carta [que Sancho escribió a su mujer Teresa Panza, antes de ir a tomar posesión de la ínsula], observaremos que tambien ha pasado á proverbio, opinando Clemencin que seria tomado de algun azotado que refiriendo despues con descaro y petulancia el vapuleo ó azotaina que sufrió, por el estilo de los romances germanescos de Quevedo y Góngora, espondria que si bien es verdad recibia buenos azotes, en cambio ó en compensacion iba bien montado en el borrico en el que lo paseaban y llevaban á la vergüenza (…) (Bastús, La sabiduría, I, 224; pp. 261-262, en el refrán: Pon lo tuyo en consejo, y unos dirán que es blanco y otros que es negro)

 

            Haz lo que bien digo, y no lo que mal hago

            (…) Este proverbio que se supone fue la respuesta de un predicador al cual se le reconvenia por observar una conducta que estaba en contradiccion con su doctrina, tiene tal vez su origen y su esplicacion en el pasage siguiente del Evangelio de S. Mateo (…) Cap. XXIII, v. 3. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 226; pp. 263-264)

 

            Ruin con ruin, que así Casan en DueĖas.

            (…) Suponen que tuvo su origen de cuando en DueĖas, villa de Castilla la Vieja, casó de segundas nupcias el rey D. Fernando V el Católico, con la reina DoĖa Germana, nieta de su hermana DoĖa Leonor, que fué reina de Navarra, el lúnes 18 de marzo, dia de San Miguel del aĖo 1506. (Bastús, La sabiduría, I, 244; p. 284)

 

            Pega, pero escucha.

            Célebre contestacion de Temistocles, que solemos á veces dar familiarmente al hombre tenaz y testarudo, que sin querer escuchar razones se opone abiertamente á lo que proponemos.

            Cuando Jerges rey de Persia se dirigió contra Atenas acordóse que los Lacedemonios ó Espartanos irian á defender el paso ó desfiladero de las Termópilas, y que los Atenienses pasarian á ocupar el estrecho de Artemisa.

            Promovióse una disputa entre los Lacedemonios y Atenienses acerca quien debia encargarse del mando en jefe de la escuadra naval, y aunque Temistocles tenia un derecho incontestable á este honor, fue de los primeros que aconsejaron á los Atenienses que por estas cuestiones no comprometieran en manera alguna la salvacion de la Grecia, y de resultas fue nombrado generalísimo Euribíades que lo era de Esparta.

            Mas luego espantado este al ver la inmensa escuadra de Jerges quiso evitar el combate y retirarse hácia el istmo en donde estaba reunido el ejército de tierra de los Peloponesos, á los que Temístocles se opuso.

            “Sabes, ó Temistocles, le dijo Euribíades, que en los juegos públicos se castigaba á aquellos que se levantan antes de dada la órden para hacerlo?”

            “Es muy cierto, contestó Temistocles, pero así tampoco jamás son coronados los que quedan detrás.”

            Euribíades irritado en un momento de arrebato, levantó su baston para pegarle, pero Temistocles por toda contestacion le dijo:

            Pega, pero escucha.

            Este rasgo de moderacion y de grandeza de ánimo al mismo tiempo, desarmó á Euribíades; bajó el baston, escuchó á Temistocles y siguió dócilmente el parecer del general ateniense. (Bastús, La sabiduría, I, 251; pp. 289-290)

 

            En invierno no hay amigo como una capa.

            Atribúyese á Sócrates el orígen de este modismo comun, cuya esplicacion lleva en sí.

            Cuéntase que durante un riguroso invierno y rodeado de un gran número de amigos, ninguno llegó a notar que este ilustre filósofo carecia de capa para abrigarse.

            Trascurrida la estacion del frio y oyendo que otro sabio amigo suyo celebraba la dulzura de su carácter y su profundo saber é ilustracion, y queriendo atribuir á estas bellas cualidades el verse rodeado constantemente de amigos: Sócrates con cierta risa irónica y amarga al mismo tiempo contestó: Tal vez será así: pero no dudeis que en invierno no hay amigo como una buena capa.

            Dicen que despues que Sócrates hubo construido su casa le hicieron observar que era muy pequeĖa. –Ah! contestó, quieran los dioses que un dia se llene de amigos! (Bastús, La sabiduría, I, 258; pp. 295-296)

 

Un galimatías: Una gerigonza.

(…) El P. Terreros hablando del orígen del nombre galimatías dice lo siguiente: “M. Huet cree que quedó de un pleito en que se disputaba un gallo de un hombre llamado Matías; y como los alegatos se ponian entonces en latin, y el defensor se embrollase á fuerza de repetir Gallus et Mathias, y en lugar de decir Callus Mathiae, decia Galli Mathias, de aquí quedó Gallimatias.” (…) (Bastús, La sabiduría, I, 259; pp. 296-297)

 

            Desde el huevo á la manzana.

            (…) Refran de orígen latino generalizado en EspaĖa y que se aplica al hombre pesado (…) A la manera de aquel pesadísimo escritor que queriendo contar ó referir la destruccion de Troya empezó por el huevo de donde se supone habia salido Elena, y prosiguió hasta la manzana de la discordia que Páris juzgó debia conferir a Venus. (…) (Bastús, La sabiduría, I, 260; p. 297)

 

            La costumbre hace el vicio.

            (…) Antiguamente se decia: La costumbre es el puente del diablo (…)

            Los antiguos para espresar bien la fuerza de la costumbre decian: Taurum tollet qui vitulum sustulerit. Llevará un toro el que se haya acostumbrado á llevar un becerro.

            Se funda este principio en el hecho que refiere Quintiliano: Milon, dice, habiéndose acostumbrado á llevar todos los dias un becerro sobre sus espaldas, se encontró con el tiempo que llevaba un toro. (Bastús, La sabiduría, I, 261; pp. 298-299)

 

De noche todos los gatos son pardos.

(…) Los griegos tenian un proverbio que en latin decia: Sublata lucerna, nihil discriminis inter mulieres.

“Apagada la luz todas las mujeres son iguales, ó no se diferencias entre sí.”

Plutarco refiere en su tratado De los preceptos del matrimonio, que una hermosa y casta matrona citó este proverbio á Philipo rey de Macedonia para disuadirle que cesara en las pretensiones amorosas con que la perseguia.

Recuérdase cierta anécdota que se refiere de un rey de Aragon que tomó á su esposa por otra dama de la que estaba locamente enamorado. (Bastús, La sabiduría, I, 262; p. 299)

 

            Las paredes oyen.

            (…) Este proverbio corresponde al de los latinos Staterii paries: la pared ó el muro de Estaterio. Se refiere á que Staterio fue castigado de muerte porque personas que estaban ocultas detrás de un delgado tabique, oyeron y declararon que intentaba sublevar el estado. (Bastús, La sabiduría, I, 288; p. 309)

 

Quien bien está que no se mueva.

(…) Un epitafio que se lee sobre el sepulcro de un italiano dominado por la hipocondría dice:

Stavo bene, ma per star meglior, sto qui.

Estaba bien, pero deseando estar mejor, estoy aquí: en la tumba. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 2; pp. 36-37)

 

Vender humos.

Es lo mismo que vender proteccion y favor, por ser las mas de las veces mentira y humo los ofrecimientos.

Ejemplar fue el castigo que tomó el emperador Alejandro Severo, y que refiere en su vida Elio Lampridio, contra un charlatan llamado Vetronio Turino, que se decia amigo del emperador y sacaba dinero á los incautos, haciéndoles creer que con su recomendación obtendrian lo que solicitaban. Descubiertas sus trampas y probado plenamente el delito, mandó ponerle atado con una cadena en un palo y encender al pié fuego con leĖas verdes, con cuyo humo se ahogase antes que el fuego le consumiese, y mientras tanto el pregonero á voz en grito anunciaba.

            Fumo periit, qui fumus vendidit.

            Muere con humo, quien humos vendia. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 3; pp. 37-39, en la expresión Tener muchos humos)

 

Como la lanza de Aquiles, que hiere y cura.

(…) El origen histórico de este modismo es el siguiente: Marchando Telefo, hijo de Hércules y de Auget, contra los griegos que iban á sitiar á Troya, y habiendo sido herido por Aquiles, el Oráculo le aconsejó hacer alianza con este príncipe y seguir el sistema curativo ó los remedios que le aconsejare ó propinare el sabio Chiron. Este médico-farmacéutico, pues, le curó poniéndole el occido de hierro de la misma lanza con la cual habia sido herido Telefo.

Por esta razon y para recordar mejor este hecho, se dice á veces en lugar de: Es como la lanza de Aquiles; es como la lanza de Telefo.

Tenemos otro refrán que dice:

Con lo que Sancho sana, Domingo adolece,

para espresar que no puede aplicarse á todos una misma cosa. (Bastús, La sabiduría, II, 4; p. 40)quellas mujeres que con los nombres de je le dio

 

En tiempo del rey Wamba.

(…) Allá en tiempo del rey que rabió por gachas, ó del rey Perico, personages imaginarios (…) (Bastús, La sabiduría, II, 5; pp. 40-41)

 

            Para los desdichados se hizo la horca.

            (…) Cuéntase con relación á la horca, que pasando Carlos V un dia por delante de uno de estos patíbulos, se quitó el sombrero saludándole muy respetuosamente, y se aĖade que lo hizo porque dicho monarca, como otros hombres filosóficos y pensadores, consideraban el cadalso como una de las bases de la civilizacion. (…)

Hé aquí una anécdota que se refiere como verdadera, y que hasta cierto punto lo justifica.

            Un náufrago abordó á una costa desconocida y escarpada. El gran peligro que acababa de correr tenia todavía exaltada su imaginacion. Cree que está pisando una tierra salvaje, inhospitalaria, y no vé en su temor mas que hordas de antropófagos prontos á devorarle. Deslízase entre las rocas y los árboles, precipitando ó suspendiendo el paso y figurándose oir su sentencia de muerte al menor ruido. Llega por fin á un sitio en donde descubre trazas humanas. A su vista retrocede espantado, pero, Ńó dicha inesperada! Al volverse, descubre no lejos de sí una horca…

Desde aquel instante la calma vuelve á su corazon. Alza los ojos al cielo y esclama: Bendito seais, Dios mio, porque me habeis traido á un país civilizado. (Bastús, La sabiduría, II, 7; pp. 44-47)

 

Cuando algun insensato entre los antiguos habia resuelto ahorcarse, vemos que preferian hacerlo de una higuera. La historia de Grecia nos dice que habiendo determinado el filósofo Ateniense Timon arrancar una higuera que le incomodaba en su jardin, y de la que varios se habian ya ahorcado, hizo anunciar á son de trompeta que si alguno deseaba ahorcarse de ella se diese prisa á hacerlo, en razón á que pensaba cortarla cuanto antes. (En nota a pie de página 46)

 

            Libertad é soltura no es por oro comprada.

            Sentencia que tradujo de las fábulas llamadas Esópicas el Arcipreste de Hita Juan Ruiz, poeta castellano á principios del siglo XIV, en la fábula de las Ranas pidiendo Rey.

            El original dice:

            Non bene toto libertas venditur auro:

            Hoc coelis bonum praeterit orbis opes.

(Bastús, La sabiduría, II, 8; pp. 47-48)

 

            Un rey ignorante es un asno coronado.

            (…) Se refiere á un hecho que se lee en las antiguas crónicas francesas.

            Estando Luis de Ultramar en Tours, fue á oir misa á la iglesia de San Martin con muchos seĖores de su comitiva. Algunos de ellos, habiendo reconocido en el coro á Fulco II, llamado el Bueno, conde de Anjou, bajo los hábitos canonicales, lo hicieron notar al rey con una afectacion burlona, y el rey, en lugar de reprimir aquellas bufonadas, se echó tambien á reir como ellos.

Irritado Fulco de semejante insulto, al salir del Oficio, escribió al rey la siguiente carta fuerte y lacónica:

Al rey de Francia, el Conde de Anjou, salud.

Tened entendido, SeĖor, que un rey sin instrucción es un asno coronado.

Tiene razon, dijo el monarca al leer aquellas palabras, la ciencia es todavía mas útil á los soberanos que á sus súbditos. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 11; pp. 50-52, bajo el refrán: Mas sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena)

 

Todos los hombres son iguales; la virtud sola, no la fortuna, debe diferenciarlos entre sí.

(…) Los doctores hebreos refieren el siguiente apólogo. — ņPor qué, preguntan, Dios no formó en la primera creacion mas que un hombre, Adan?

Porque, contestan, andando el tiempo no pudiesen decir un hombre á otro: Yo soy de raza mas noble ó distinguida que la tuya. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 17; pp. 58-61, en el refrán: Solo la virtud es la verdadera nobleza)

 

Virtudes vencen seĖales.

Antiguo proverbio espaĖol que indica que con el buen proceder se desmienten y destruyen los indicios y las inclinaciones naturales que pudieran tenerse al vicio ó á la maldad.

Creen algunos que tuvo su orígen este proverbio de Sócrates, que sin embargo de verse en él todos los indicios de una propension y tendencia al vicio, como se lo vaticinó en su juventud un fisionomista y él mismo lo confesó despues a sus discípulos, supo dominarse á si mismo, contrariar sus bastardas pasiones y marchar constantemente por la senda del honor y de la virtud. (Bastús, La sabiduría, II, 17; pp. 58-61, en el refrán: Solo la virtud es la verdadera nobleza)

 

Muerto yo, arda el mundo.

Habiendo Neron oido citar este proverbio por uno de sus cortesanos, esclamó: “Yo quiero mas bien que el incendio tenga lugar viviendo yo,” y consecuente con este propósito mandó pegar fuego á Roma. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 19; pp. 62-64, en el refrán: Allá darás rayo ó allá vayas rayo en casa de Tamayo)

 

            Cada uno lleva su cruz en este mundo.

            (…) San Marcos, Cap. VIII, v. 34, y S. Lucas en el Cap. IX, v. 23, viene á decir lo mismo.

            Habia un hombre de buena estatura, casado con una mujer muy baja, y siempre que tenia que asegurar una cosa delante de ella, ponia la mano sobre su cabeza y decia: Por esta cruz que Dios me ha dado, juro tal cosa. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 23; pp. 67-67, en el refrán: Cada cual tiene su Alguacil)

 

            Sacarse un ojo por sacar á otro dos.

            Este proverbio, que es suficiente para juzgar de la índole humana, es antiquísimo. Dicen que tuvo su orígen de una leyenda que suponen del tiempo de San Martin, titulada El codicioso y el envidioso.

            “Un hombre codicioso y otro envidioso viajaban juntos y encontraron á San Martin, quien despues de haber andado algun tiempo con ellos se dio á conocer diciéndoles en el momento mismo de dejarles.

            Quiero haceros felices. Uno de vosotros que pida todo lo que desee y se lo concederé; al mismo tiempo que daré el doble de lo concedido al otro que nada habrá pedido.

            Hé aquí, pues, á nuestros dos compadres muy contentos, pero al mismo tiempo muy embarazados, porque cada uno de ellos aspiraba á la parte mas ventajosa que el santo se reservaba dar al que dejase de pedir.

            En esta situacion se exhortaban mútuamente á pedir cuanto pudieran apetecer, pero ninguno queria usar de este derecho el primero, por envidia de que el compaĖero gozaria de dobles derechos y satisfacciones. Todas las razones, todos los ardides de que se valian para determinar al compaĖero á que hiciera su demanda, no podian determinarlos á verificarlo, cuando el codicioso, en un arrebato de furor se abalanza al envidioso, y cogiéndole por la garganta amenaza estrangularle si no se determina á hablar el primero.

            En esta apurada situacion conviene en hacerlo el envidioso, y tomando consejo de su pasion dominante, dice:

            Pues bien, yo que he de hablar el primero, lo haré, Y PIDO TENER UN OJO MENOS.

            Dicho y hecho; inmediatamente quedó este tuerto y su compaĖero ciego.”

            Tal fue el beneficio que sacaron de su posicion; resultando, según esta leyenda, que el vicio fue castigado por el vicio mismo.

            Voltaire refiere un cuento que tiene mucha analogía con la anterior leyenda. Dice que en otro tiempo, en el de MaricastaĖa, un rey de EspaĖa habia prometido hacer distribuir considerables limosnas á todos los habitantes de las inmediaciones de Búrgos, que habian sido arruinados por la guerra. Llegaron los vasallos á las puertas de palacio, pero los ugieres no les permitieron entrar sino con la condicion de partir con ellos los beneficios. El primero que se presentó al rey fue un buen hombre llamado Cardero, y echado á los piés del monarca, le dijo: SeĖor, suplico á V. A. se sirva hacernos dar á cada uno de nosotros cien azotes.

            —Vaya una demanda, dijo el rey. Y ņen qué se funda tan original peticion? —En que vuestros criados, dijo Cardero, se han empeĖado en que quieren absolutamente la mitad de lo que vos nos dareis.

El rey se rió como era natural de la súplica, y tomó las disposiciones convenientes para dar á cada uno lo que merecia. (Bastús, La sabiduría, II, 24; pp. 68-71, en el refrán: Cuán ciego es aquel que no ve por tela de cedazo)

           

No por el huevo, sino por el fuero.

(…) Cuenta Covarrubias [sub voce Güevo] que un seĖor impuso á sus vasallos la contribución de un huevo, y que ellos pleitearon y se resistieron á pagarlo, gastando sendos cuartos en defenderse; y echándoles en cara algunos otros como por tan poca cosa aventuraban tanto, respondieron que no lo hacian por el huevo, sino por el fuero. (Bastús, La sabiduría, II, 29; p. 75)

 

No debe meterse el dedo entre el árbol y la corteza. (Bastús, La sabiduría, II, 30; pp. 76-77, en el refrán Estar entre el martillo y el yunque) (Aunque Bastús no lo refiere, hay un cuento muy apropósito para este refrán, el ATU 38: La pata en el árbol rajado. Véase una versión muy simple: «PEDRO Y EL LOBO: (…) Y se encontró con un gorila abriendo un tronco con un hacha y le dice:

            —Trae ese hacha: tú no te atreves a abrir eso.

            Cogió el hacha, y golpeó el tronco y se abrió una raja. El gorila mete las manos y, al soltar el hacha, se queda con las manos atrapadas en la abertura» [Agúndez, Cuentos populares andaluces de animales, Sevilla, Fundación Machado, 2005, nľ 69])

 

Para maĖana los negocios serios.

El orígen de este proverbio que usamos para manifestar que tomamos los negocios con calma, aplazando el exámen y solucion de ellos para mas adelante, suponiendo que ya tendremos tiempo y lugar para ocuparnos de ellos, es tomado de un hecho de la historia de Grecia que refiere Plutarco en la vida de Pelopidas.

Los tébanos se veian oprimidos bajo el gobierno tirano de Archias y de Leontidas, cuando Pelopidas, Melon, Damóclides, Teopompo, Epaminondas y algunos otros formaron el proyecto de libertarles de tan odioso yugo.

Phidias, uno de los conjurados, se hizo nombrar secretario de Archias y de Philippo, que eran entonces Polemarcas ó caudillos de guerra, y les invitó á una cena en el campo á fin de entregarlos á los conjurados cuando estuviesen tomados del vino y enervados por los desórdenes y excesos.

Durante esta cena ú orgía llegó un espreso de Atenas poniendo en conocimiento de Archias todo el plan de la conjuracion.

Conducido el mensajero delante de Archias, le entregó la carta diciéndole que el que le enviaba le habia encargado mucho que la leyera sobre la marcha, porque en ella se trataba de negocios muy serios.

“ŃNegocios serios! —dijo Archias, que estaba tomado ya de vino— los negocios serios para maĖana; y metiendo el rollo ó pliego debajo del travesaĖo de su triclinio ó cama, siguió la conversacion que tenia entablada con Phidias… pero á las pocas horas los conjurados habian ya triunfado. (Bastús, La sabiduría, II, 32; pp. 77-80, en el refrán Hoy para mí, maĖana para tí)

 

Después de los truenos viene la lluvia.

Este antiguo proverbio, que sirve para espresar que despues de las amenazas suelen venir los golpes, es atribuido á Sócrates.

Todo el mundo sabe que Xantipa, su mujer, era una furia infernal: un dia, despues de haber insultado groseramente á su esposo, viendo que este, sentado á la puerta de su casa, oía aquellas injurias con calma filosófica, acabó de desahogar su rabia arrojando sobre la cabeza de Sócrates un barreĖo de agua, y esta no muy limpia.

Ya sabia yo, dijo friamente el filósofo á sus amigos, que despues de los truenos vendria la lluvia.

(…) Preguntándole un dia Xenofon á Sócrates por qué se habia casado con ella cuando conocia su mal genio, —Porque esa mujer, respondió Sócrates, ejercita mi paciencia; y sufriendo sus impertinencias, estoy seguro de que las que puedan tener los demás no me serán muy sensibles. (Bastús, La sabiduría, II, 36; pp. 84-85, en el refrán Cuando nace el Sol nace sobre buenos y malos)

           

El infierno está empedrado de buenas intenciones,

con relacion sin duda á los vicios enmascarados ó encubiertos bajo el aspecto de virtudes, de las cuales dice Bossuet que está lleno el infierno.

In inferno nulla est redemptio.

(…) Cuéntase que molestado Miguel Angel con las impertinentes visitas del cierto Cardenal, estampó su retrato en un cuadro que estaba haciendo del infierno, y quejándose despues el retratado al Papa, le contestó Su Santidad en tono jocoso: Si te hubiera pintado en el purgatorio, yo te sacaria á fuerza de sufragios y oraciones, pero en el infierno, amigo mio, nulla est redemptio, no hay medio para sacarte de allí. (Bastús, La sabiduría, II, 43; pp. 91-92, en el refrán De desgraciados está el infierno lleno)

 

Los trofeos de Milciades no le dejan dormir.

Aplicamos irónicamente esta espresion á algun jóven holgazan, perezoso y mal aplicado.

Hé aquí el orígen histórico de esta locucion. Temístocles ambicioso y apasionado por la gloria, no podia oir hablar ya en su juventud sin honrosa envidia, de las brillantes expediciones de Milciades: desde sus juveniles aĖos el futuro general de las falanges griegas entreveia algo, mas allá de la derrota de los bárbaros en los campos de Maraton.

Esta idea le ocupaba noche y dia, y cuando sus amigos le preguntaban los motivos de sus preocupaciones y de su alejamiento de las diversiones y placeres propios de su edad, respondia:

Los trofeos de Milciades me priven de dormir. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 54; p. 104)

 

Anda que es chata.

Lo mismo que decir no me acomoda lo que se me propone, sigo la conversacion ó el negocio de que antes nos estábamos ocupando.

Hé aquí cómo cuenta el orígen de este refran uno de nuestros distinguidos escritores:

Llevaban á ahorcar caballero en un asno á un criminal jóven y bien apuesto, y al pasar por delante del burdel, mancebía ó casa pública de mujeres, salió apresuradamente uno de ellas, y encarándose con el reo declaró que queria casarse con él, y de esta manera salvarle de la horca, con arreglo á la jurisprudencia criminal que entonces parecia regia.

            Mas el condenado, que no seria rana, reparando que la novia era horriblemente chata, volviéndose al verdugo que habia detenido el paso del asno, le dijo: —Anda, que es chata: es decir arrea, dale al asno, siga la marcha; prefiero la horca á casar con mujer tan desmesuradamente fea. (Bastús, La sabiduría, II, 63; p. 115)

 

Ad Murenas.

(…) Se cuenta de Craso que tuvo tal sentimiento por la muerte de una Murena [pez terrible que terminaba con los condenados que eran arrojados a los estanques donde se criaban, pero que, al ser domesticadas, se volvían especialmente dóciles], que lloró como á una hija, y mandó hacer para su entierro un sepulcro; por cuyo estremo Dornicio, según refiere Eliano en el lib. XXII, Cap. 24, le dijo, creyendo ridiculizarle: Craso, ņtú lloras una Murena?

Y es que este le contestó: Es verdad, pero en contraposicion, á ti se te han muerto tres mujeres y no has llorado ninguna. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 67; pp. 120-121)

 

La cabeza del ignorante es como una esponja seca.

Bacon decia que la cabeza de las personas de alta estatura se parecen á las casas; es decir, que el piso mas alto suele ser el peor amueblado, lo que no siempre es cierto. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 70; pp. 122-126, en el refrán Do no hay cabeza raida, no hay cosa cumplida)

 

No dijo oste ni moste.

Locucion familiar que equivale á sin hablar palabra, sin gastar cumplimientos.

Cuéntase que un fulano, que estaba muriendo, decia de vez en cuando oste, y luego moste, y á poco repetia las mismas palabras. Uno de los asistentes, y amigo del enfermo, preguntóle que por qué decia aquellas cosas inconexas y sin sentido, y él le contestó, que para desmentir el modismo comun, que dice: se murió sin decir oste ni moste, lo que de mí, aĖadió, no se dirá, porque seguiré diciendo oste y moste mientras tenga fuerzas para hacerlo. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 75; p. 131)

 

No le hace mas falta que á la tuerta el ojo.

(…) En un sentido análogo, se dice:

No es nada lo del ojo, y lo llevaba en la mano. (Bastús, La sabiduría, II, 80; pp. 136) (Se trata de un refrán siempre referido a una anécdota contada de mil formas, trae alguna el propio Iribarren, El porqué, pp. 17b-18a)

 

Más ladron que Caco.

(…) Al volver Hércules de EspaĖa con sus ganados, Caco le robó sus vacas, llevándolas á sus antros ó cuevas tirando de las colas, para que por las pisadas no rastreasen á dónde las habia conducido; pero sus bramidos las descubrieron y Caco murió á manos de Hércules por sus latrocinios. (Bastús, La sabiduría, II, 82; p. 138)

 

Enalmagrar y echar á estremo.

Proverbio muy antiguo que se lee en Covarrubias, y que se aplicaba á un perdido ó infame, que habiéndose aprovechado de la inocencia de una mujer, la desechaba luego de haber abusado de ella y buscaba otra (…) (Bastús, La sabiduría, II, 83; pp. 138-139)

 

Oración breve sube al cielo.

(…) A un santo obispo en su visita pastoral le presentaron una buena anciana que en todas sus plegarias y rogativas no sabia decir mas que —ŃOh!—dirigiéndose con fervor á Dios; y el piadoso prelado lejos de reprenderla, la dijo que continuara orando de esta manera, elevando el corazon al SeĖor, de quien todo debia esperarlo.

(…) Preguntado Licurgo por qué habia dispuesto que no se ofreciese á los dioses sino pequeĖos presentes y de poco valor, contestó que con el objeto que pudiesen repetirlos con frecuencia y no cesasen de honrarlos. (Bastús, La sabiduría, II, 85; pp. 140-143)

 

Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos me guardaré yo.

(…) Stobeo refiere que sacrificando á los dioses el rey Antígono les rogaba le protegiesen contra sus amigos, y que á los que le preguntaban el motivo de esta rogativa estraĖa, contestaba que no era menester ninguna proteccion contra los enemigos, porque conociéndolos ya sabia preservarse de ellos. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 87; pp. 143-145)

 

ņHas topado algo, Sancho? Y aun algos.

Espresion proverbial tomada de la famosa aventura del supuesto barco encantado que D. Quijote encontró en el Ebro, y que se lee en el Capítulo XXIX de su Segunda parte.

Queriendo Cervantes ridiculizar la creencia vulgar que entonces dominaba de que al pasar la línea equinoccial ocurria la muerte de los animalejos que accidentalmente pudiesen tener los navegantes, dice D. Quijote á Sancho, que en prueba de que habian ya pasado dicha línea yendo Ebro abajo enteramente abandonados á la corriente, se tentara y pescara, bien persuadido que nada encontraria; mas al observar que la esperiencia no habia confirmado su proposicion, pregunta con formalidad:

ņPues qué has topado algo?

Y aun algos, respondió Sancho con mucha socarronería, pasando desde entonces á proverbio dicha pregunta. (Bastús, La sabiduría, II, 88; pp. 145-146)

 

Vanidad de vanidades.

            (…) Preguntaron un dia al Doctor Jonson, por qué la vanidad es el tipo de la ignorancia, y contestó: Por la misma razon que los ciegos llevan la cabeza mucho mas erguida que los que tienen buena vista (…) (Bastús, La sabiduría, II, 90; pp. 148-149)

 

Mimado como el niĖo de la Rollona.

(…) Es con relacion á un niĖo que se dice tenia siete aĖos y aun mamaba. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 98; p. 159)

 

Horadar la oreja, ó dejarse horadar la oreja.

(…) Para arracadas célebres, las que llevaba Cleopatra, una de cuyas perlas mandó deshacer en vinagre, para echarla en la ensalada que se sirvió en la cena que dió á su querido Marco Antonio. Era esta perla de un precio desconocido, y habiendo intentado deshacer la pareja que quedaba y habiéndolo impedido Marco Antonio, sirvió despues partida por medio para adornar la estátua de Venus en Roma. (...) (Bastús, La sabiduría, II, 100; pp. 159-163, en el refrán Que haga seĖas con las orejas)

 

Lo que arrastra honra.

Lo que arrastra honra: fue la respuesta que dio la zorra á la mona que le pidió un pedazo de lo que le sobraba y arrastraba de la cola, para poder ella cubrir su asiento. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 104; p. 169)

 

Que tu camisa ignore tu secreto.

Espresa esta máxima ó proverbio la reserva con que deben proceder los hombres, particularmente los públicos, en negocios de estado.

Atribúyese la invencion de este proverbio al senador Q. Metelo, llamado el Macedonio, quien preguntado cual era su intencion ó que objeto se proponia con las marchas y contramarchas que hacia ejecutar á sus tropas, despues de haber levantado el sitio de la ciudad de Cantabria en EspaĖa, dijo:

Si mi túnica ó mi camisa supiera mi secreto, la quemaria en el instante. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 105; pp. 169-175, en el refrán Meterse en Camisa de once varas)         

 

Si Marina bailó, tome lo que halló

Aplícase este proverbio á la mujer que desenvueltamente hace ó dice alguna cosa, por la cual se le sigue una mala nota.

Hay la costumbre en algunas aldeas, en acabando de bailar, que el mozo abrase [sic] á la pareja, y debió de ser el abrazo que dieron á esta Marina tan descompuesto, que escandalizó y dio que decir al lugar todo, y nació el proverbio que nos ocupa. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 109; pp. 182-184, en el refrán El que canta y danza, se agita y no avanza)

 

Voluble como la Luna.

Fúndase este proverbio en las diferentes fases que va presentando la luna, por efecto de su respectiva posicion con el sol.

Plutarco en el banquete de los siete sabios: —Cap. LXII— trae el siguiente apólogo: “La luna un dia pidió á su madre que le hiciese una capa ajustada á su talle. Y su madre la contestó, como podré hacértela, hija mía, si tú cambias de talle todas las semanas?” (…) (Bastús, La sabiduría, II, 113; pp. 192-197, en el refrán Estar la luna sobre el horno)

 

Mientras serás feliz contarás con muchos amigos, pero si los tiempos te fueren contrarios, quedarás solo.

(…) Preguntado Sócrates si Archelao, hijo de Perdicas, que pasaba entonces por el hombre mas dichoso de su tiempo, seria feliz, respondió: No puedo decirlo, porque nunca le he hablado. ņY el Rey de Persia lo será? Le interrogaron otra vez: ņCómo puedo yo saberlo, contestó, ignorando hasta que punto es sabio y justo? (…) (Bastús, La sabiduría, II, 129, pp. 222-226)

 

Un deseo no satisfecho, es el primer paso al mal estar ó á la infelicidad.

(…) Una tradicion oriental refiere que un dia Oromaz el genio del bien, se apareció al virtuoso Usbek y le dijo: Forma un deseo y yo te lo satisfaré en el instante.

Fuente de la luz, —respondió el sabio,— yo te suplico que reduscas [sic] ó limites mis deseos á los solos bienes que no puedan faltarme. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 129, pp. 222-226, en el refrán Mientras serás feliz contarás con muchos amigos, pero si los tiempos te fueren contrarios, quedarás solo)

 

El socorro de Escalona, cuando le llega el agua es quemada la villa toda.

            Este proverbio que es otro de los que se leen en la coleccion del Comendador Griego [sub voce Escalona], sirve para manifestar lo inútil de ciertos consejos ó socorros cuando se dan ó llegan tarde.

            Tuvo su orígen de lo que pasó en Escalona villa distante ocho leguas de Toledo situada en un alto de la ribera del Alberche que corre debajo: habiendo ocurrido un incendio en dicho pueblo bajaron al rio por agua, mas cuando subieron con ella ya todo estaba abrasado.

            Tambien decimos:

            Despues de muerto Pascual trajéronle el orinal. (Bastús, La sabiduría, II, 148, pp. 262-263, en el refrán La casa hecha y el huerco á la puerta)

 

            Obispo por Obispo, séalo don Domingo.

            Es seguramente este refrán de los mas antiguos, como dijimos en la introduccion de esta obra; y sin embargo, antes de este acontecimiento se conocia ya otro que espresaba la misma idea y dice:

A tanto por tanto, Avito lleve el manto. (Bastús, La sabiduría, II, 152, pp. 268-269)

[Hernán NúĖez: Obińpo por Obińpo, ńealo don Domingo: (…) Es una alusion á la famosa anécdota de la eleccion de don Domingo Arroyuelo obispo de Burgos á principios del siglo XIV, quien en la divergencia de pareceres en que se encontraban para la eleccion de obispo, resolvió quedarse con la prebenda y nombrarse á sí mismo diciendo: Obispo por obispo séalo don Domingo]

 

            Hablara yo para maĖana.

            (…) Covarrubias dice que un Gobernador habia mandado que ahorcaran á uno, acusado de cierto delito, y que ya tenia puesto el dogal al cuello, cuando el reo le llamó al oido y en secreto le dijo que tenia que entregarle una buena cantidad de coronas. —ŃCómo es eso! dijo el juez en alta voz: HABLARA YO PARA MAĄANA, si sois de corona, no quiero yo quedar descomulgado, suspéndase la ejecución, y volvieron a la cárcel al delincuente, etc. etc. (Bastús, La sabiduría, II, 159, pp. 279-284, en el refrán Habla para que te conozcamos)

 

            Amor de padre, que todo lo otro es aire.

            (…) Plutarco en uno de sus apotegmas dice: que estando Agesilao uno de los mas célebres capitanes de Lacedemonia, jugando un dia dentro de su casa con sus hijos que eran muy pequeĖos, un amigo de confianza entró de improviso en la sala y le vió montado en una caĖa y corriendo entre los chiquillos.

            A la sorpresa del amigo, Agesilao sin inmutarse le contestó.

“Suspende el juicio; juzgarás cuando seas padre. (Bastús, La sabiduría, II, 165; pp. 291: en el refrán Por do salta la cabra, salta lo que la mana, ó: Cabra por viĖa, cual la madre tal la hija)

 

            Es de la madera que los fabrican.

            Esto es tiene las cualidades necesarias para obtener el destino ó la dignidad que se trata de conferirle.

            Créese que esta espresion es procedente de un proverbio griego que Apuleyo atribuye á Pitágoras y que él trae traducido al latin en su primera apologia: Non é quovis ligno fiat Mercurius.

            Para espresar que asi como un tronco de higuera basta para hacer una estatua de una divinidad grosera como Priapo, es menester una madera de mejor calidad, mas compacta y preciosa para fabricar un Mercurio, la divinidad de las bellas artes. (Bastús, La sabiduría, II, 167, pp. 294-295, en el refrán Esto es harina de otro costal)

 

            Al freir será el reir,

Al trocar será el llorar.

            Frases adverbiales con las cuales se expresa el tiempo en que se ha de ver si una cosa ha de llegar á tener efecto y cual será este.

            He aquí como se cuenta el orígen de este refran. Mandó uno componer una sarten y el estaĖador lo hizo muy mal, y burlándose aun despues del dueĖo le dijo al entregársela:

            Al freir será el reir.

            Y que este tomándola contestó con sorna.

            Al trocar será el llorar,

porque en pago acababa de meterle una moneda falsa. (…)

            Covarrubias refiere del modo siguiente el orígen de la otra expresion proverbial:

            Al freir de los huevos.

            Hurtó un ladronzuelo una sartén de un meson y al salir con ella topó con la huéspeda, la cual preguntándole que llevaba escondido contestóla: al freir de los huevos lo sabreis. (Bastús, La sabiduría, II, 169, p. 298)

 

            Callar como negra en baĖo

            Se dice callar como negra en baĖo, del que disimula y calla sin responder á las palabras ocasionadas para enojarse.

            Nació este modismo en las tierras calurosas donde se usan los baĖos públicos, en los cuales entrando en el de las mujeres que está obscuro, y sin luz, alguna negra, aunque las demás mujeres le digan alguna cosa, ó la pregunten, no dice palabra, ni responde, porque siendo conocida por su habla ó acento no la echasen afrentosamente, diciéndola palabras pesadas como por ejemplo:

            Para que va la negra al baĖo, si blanca no puede ser. (…) (Bastús, La sabiduría, II, 176, pp. 313-314)

 

            Es una Marisabidilla.

            Lo mismo que es una mujer que presume de sábia ó de conocimientos estraordinarios con relacion á su sexo.

            Se aplica como apodo, ridiculizando á la que adolece de este defecto, y á veces en tono jocoso.

            Esta fatuidad no es solo propia de algunas mujeres de nuestro siglo, sino que en todos tiempos ha habido MARISABIDILLAS, temidas siempre de los hombres pensadores.

            “Tú deseas saber, dijo Marcial á Galla, ņpor qué no quiero casarme contigo?

            pues sábelo: porque eres sábia.”

            Qaeris cur nolim te ducere, Galla?

            Diserta es.

                       (Martial. XI, 20)

 

            Léese en la historia del Bajo imperio que el emperador Theophilo no quiso tampoco casarse con la hermosa Icasia, de la que estaba apasionadísimo, porque un dia le dio una contestacion tan sublime que le dejó desconcertado. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 4, pp. 42-43)

 

            Ya que no seas casto, sé cauto.

            (…) Ni mala seas, ni hagas las semejas.

            Obra siempre bien y evita al mismo tiempo todo lo que pueda parecer mal ó ser motivo de escándalo.

            Un buen cura francés aconsejaba á un menguado marido que se quejaba en alta voz de los escesos y estravíos de su mujer, que se callara, ó hablara bajo, porque decia que mas le valia ser

 

Cornelio Tácito,

que

Publio Cornelio.

(Bastús, La sabiduría, III, 8, pp. 48-49)

 

            Es un perillan.

            (…) Ignórase quién era este personaje y á qué familia pertenecia tan esclarecido caballero, según se le califica en la inscripcion que en versos latinos leoninos se lee sobre su sepulcro en la capilla de san Eugenio de la iglesia de Toledo.

            Sin embargo, se cuenta de este militar distinguido y pundonoroso que no podia resistir la idea de que le pisasen ni aun despues de muerto, y que para evitarlo pidio al rey por premio de todos sus largos servicios, que le permitiera labrar su enterramiento en alto, como en efecto está en dicha capilla de santa Eugenia de la catedral de Toledo. (Bastús, La sabiduría, III, 17, p. 62)

 

            Para domar fieras, una madre.

            Este adagio vulgar dicen que tuvo su orígen en Italia.

            Una tradicion autorizada supone que á principios del siglo XV sucedió en Florencia el hecho siguiente:

            Un leon, de los varios que se custodiaban en la casa de fieras, halló un modo un dia de burlar la vigilancia de sus guardas, dándose á correr por las calles de la ciudad, que no tardó en alarmarse con aquel suceso; pero el leon proseguia su marcha triunfante, dando lugar á que se deplorasen no pocas desgracias. A la algazara del tumulto que aquella nueva producia, una seĖora florentina que iba por la calle vuelve el rostro, y al ver cerca de ella al leon, no fue dueĖa de contener á un hijo suyo de pocos meses que llevaba en los brazos, y la criatura apenas cayó, cuando la fiera la tenia en la boca, habiéndole hecho presa en un muslo.

            Inmediatamente la madre como una loca se lanza hácia el león, se arrodilla ante él con los brazos abiertos, y prorrumpiendo en exclamaciones y gritos desaforados, el animal la mira durante algun tiempo, suelta al niĖo intacto y se aleja.

            La madre, convertida en una verdadera leona, se arroja sobre su criatura que respondió al delirio materno empezando á llorar.

            Desde entonces sin duda hay en Florencia y otros parajes un adagio que dice: Para domar fieras, una madre.

            Hecho que ha dado lugar á una bella produccion artística que conocemos con el nombre de El leon de Florencia. (Bastús, La sabiduría, III, 18, pp. 62-63)

 

            Dios te la depare buena.

            Equivale á decir que la suerte te favorezca, que la fortuna te sea propicia, etc.

            Nació este modismo, según parece, de un médico que aburrido de las encontradas opiniones que regian en el ejercicio de su profesion la habia enteramente abandonado, hasta que un dia le ocurrió y puso en práctica el mas original y estraĖo pensamiento.

            Entretúvose en formar dos ó tres mil recetas sobre dos ó tres mil enfermedades, según los dos ó tres mil sistemas, métodos ú opiniones que entre sus dos ó tres mil comprofesores regian ó habian regido; y repletas sus alforjas, zurron ó cartera con aquellos pases ó cédulas para el cementerio, entregóse nuevamente al ejercicio de la profesion médica.

            Llegaba á casa del enfermo, interrogábale á diestro y siniestro, palpaba y sobaba al paciente á volonté, y terminada toda esta parte cómica, metia la mano en la verdadera caja de Pandora, y sacando una receta y dándola con mucha prosopopeya al enfermo, le decia en tono mayor:

            Tomad, hermano:

y luego en tono menor y como aparte aĖadia:

            Dios te la depare buena:

y hé aquí el probable ó supuesto orígen del proverbio. (Bastús, La sabiduría, III, 19, pp. 63-65, en el refrán: Dios te dé buena man derecha.)

 

            Dominus tecum.

            Expresion latina, equivalente á El SeĖor sea contigo, que era muy comun proferir en otro tiempo, siempre que uno de los presentes á una reunion estornudaba.

            (…) El estornudar á la izquierda era una seĖal fatal, al paso que el estornudar á la derecha era un agüero favorable. Así es que Plutarco nos dice que, estando Temístocles sacrificando sobre su nave antes de darse la batalla contra Xerxes, y habiendo uno de los asistentes estornudado á la derecha, el augur Eufrantides predijo al instante la victoria á los griegos.

            (…) Apuleyo hace mencion de ella en su Asno de oro, refiriendo el cuento de aquella mujer adúltera cuyo cómplice tenia escondido en su casa, y que estornudó al llegar el marido. Petronio habla de la misma, y dice que habiendo estornudado Gilon, Eumulpo le saludó. Plinio le supone igualmente comun, etc., etc.

En la Antología griega hay un epigrama gracioso, en el que se hace mencion de un hombre, cuya nariz, dice, era tan extremadamente larga, que no invocaba á Júpiter cuando estornudaba, porque no llegaba el ruido á sus oidos. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 25, pp. 76-79)

 

Eso mismo es como la carabina de Ambrosio, cargada de caĖamones, y sin pólvora.

(…) (Bastús, La sabiduría, III, 28, pp. 81-83, en el refrán: La carabina de Ambrosio. La espada de Bernardo [del Carpio])

 

Vestir al uso dórico.

(…) Las jóvenes de Esparta bailaban enteramente desnudas en ciertas ceremonias públicas (…) cuando Licurgo reformó las costumbres de los lacedemonios, conservó esta danza llamada:

El baile de la inocencia.

Le bailaban las doncellas delante del altar de Diana con graciosas y modestas actitudes y con pasos lentos y graves.

La célebre Elena se ejercitaba en este baile cuando fue vista por Teseo, quien enamorado de ella la robó.

Dion refiere que un dia se presentaron dos hombres desnudos delante de Livia, princesa de raro mérito y de la mas acendrada castidad. El Senado de Atenas queria castigar á aquellos hombres por su falta de respeto, pero ella intercedió por ellos diciendo que:

Los hombres desnudos no son mas que estatuas para las mujeres castas. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 31, pp. 86-87)

 

A pasquin, pasquinada.

(…) Esta estatua [hallada en la calle en que el gracioso zapatero Pasquin o Pasquino había deleitado a los que se congregaban ante él] ó tronco de mármol blanco se halla en Roma en un ángulo del palacio Orsini. Suelen fijarse las sátiras en la estatua de Pasquin, y las contestaciones á ellas en otra estatua inmediata al Capitolio llamado Marfio, entre las cuales establecian cierta correspondencia ó conversacion satírica. Por ejemplo: cuando Sixto V fue promovido al solio pontificio, su hermana la seĖora Camila, que habia sido lavandera, ascendió á princesa, y hé aquí que amaneció la estatua de Pasquin con una camisa sucia. Marfio le preguntó al dia siguiente la causa de ir tan puerco, y Pasquin le respondió: Porque mi lavandera se ha vuelto princesa. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 32, pp. 88-90)

 

Napoleon jamás ha existido.

(…) A propósito de esto se cuenta que el obispo que confirmó al primer Napoleon, antes de imponerle el sagrado crisma le preguntó cómo se llamaba, y que habiendo contestado Napoleon, replicó el prelado:

— ŃNapoleon! No recuerdo haber oido nunca el nombre de este santo, ni le he visto en el martirologio, ni le he leido en las actas de los mártires, ni… —No importa —interrumpió el jóven algo amostazado: —San Napoleon es un santo corzo y esto basta. (Bastús, La sabiduría, III, 34, pp. 90-98. En nota a pie de página)

 

El vino y las mujeres hacen apostatar á los hombres.

(…) Las cuatro M.M.M.M. de Atenas.

Aparecieron escritas en una esquina de la ciudad, y aunque en vano se empeĖaron varios ingenios á descifrar, Platon lo consiguió poniendo la solucion de esta manera:

M.                   M.                   M.                   M.

Mulier             Mala,              Mors               Mariti.

La mujer mala mata al marido. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 37, pp. 100-101)

 

Para el que se convida, no hay mala comida.

(…) Preguntando á Georgias Leontino cómo habia llegado á la edad avanzadísima en que se encontraba, contestó: Porque nunca en mi vida he comido fuera de mi casa. (Bastús, La sabiduría, III, 39, pp. 102-104)

 

Acqua alle funi.

Agua á las cuerdas.

Grito de alarma que solemos dar en italiano en un momento solemne, atropellando todas las prevenciones en contra, para advertir y salvar un gran mal.

Hé aquí la historia de esta exclamacion.

El dia en que el célebre arquitecto Domingo Fontana, bajo los poderosos auspicios de Sixto V, se propuso elevar enfrente de la basílica de San Pedro de Roma el obelisco egipcio que decora la plaza, un pueblo inmenso habia acudido á presenciar la difícil operación tanto tiempo preparada (…)

[Tras los intentos de varios papas por ejecutar la obra] El 10 de setiembre de 1586, Fontana estaba, pues, en la plaza de San Pedro acompaĖado del respetable cortejo de ochocientos obreros, de ciento cincuenta caballos y de sesenta máquinas.

(…) [Sixto V impone silencio bajo pena de muerte para facilitar la operación] Principia la maniobra: el coloso se levanta pausadamente en medio de un silencio religioso. La operación seguia, cuando de pronto el obelisco se detiene en su ascension por causas desconocidas… al mismo tiempo se oye la voz vibrante, que grita: ŃAcqua alle funi! (ŃAgua á las cuerdas!)

Era la voz de un marino que vió la necesidad de remojar las cuerdas y las poleas, que iban á inflamarse por efecto del fuerte roce y gran presion que sufrian para salvar aquella operación, como en efecto la salvó, aprovechando Fontana tan oportuna advertencia.

(…) [Lejos de ser castigado, el Papa concedió un favor al marino que salvó la operación] Y cuando todos creian que ese pobre marino iba á pedir una gracia extraordinaria, se contentó con decir: —“Santísimo Padre: El domingo de Ramos las iglesias de Roma consumen multitud de palmas; mi padre posee sobre la costa de Génova, cerca del pueblecito de San Remo, un bosquecito de palmeras; pido que mi padre y sucesivamente sus descendientes gocen el derecho exclusivo de vender las palmas á las iglesias de Roma durante esta solemnidad.”

            (…) Desde esta época, pues, es decir, despues del aĖo de 1586 los descendientes del marino de San Remo no han dejado de gozar de este poético privilegio (…). (Bastús, La sabiduría, III, 40, pp. 104-106)

 

            La carta de Urías.

            (…) Es una alusion á la infamia que cometió el rey David enviando á Urías, uno de los mejores oficiales de su ejército, de cuya mujer llamada Bersabe estaba enamorado y de la que habia abusado, con una carta cerrada que el mismo Urías entregó á Joab, general que mandaba el sitio de Rabba diciéndole: “Poned á Urías, dador de la presente, al frente de la batalla, en donde esté lo mas recio del combate, y abandonadle para que perezca:” como en efecto pereció. (…) Lib. II de los Reyes, cap. XI, v. 15. (Bastús, La sabiduría, III, 43, pp. 109-110)

 

Llegó á tiempo como el zapato de san Nicolás.

(…) Compadecido el santo [Nicolás de Bari] siendo secular de que un hidalgo ó noble, natural de Patara, su patria, en la Licia, acosado de la necesidad intentaba prostituir la honestidad de tres hijas que tenia hermosas y recogidas, echó tres talegos de oro, otros dicen tres zapatos llenos de él, en tres distintas noches, por la ventana del cuarto del mal padre cuando dormia: con cuyo dinero casó á sus hijas; advirtiendo que el último talego ó zapato trajo doble cantidad porque habia de servir no solo para casar á la hija tercera, sino para mantenerse el padre sin depender de los yernos. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 58, pp. 130-131)

 

No hay tierra sin vecino.

(…) Una anécdota se cuenta de Luis XIV á quien un paisano le dio una leccion de moderacion semejante, mientras que orgulloso se ocupaba el monarca de engrandecer el sitio real de Versalles. (Bastús, La sabiduría, III, 59, pp. 131-133)

 

El mas rico se lleva la mortaja.

(…) Felipe, rey de Macedonia, tenia dispuesto que tres veces al dia un criado ó heraldo le anunciara en voz alta, particularmente antes de dar audiencia, que á pesar de ser un monarca tan poderoso, en rigor no era mas que un hombre mortal:

            Filippe, homo es. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 61, pp. 134-137)

 

            La estampa dice la bestia ó animal á que uno pertenece.

            (…) Fisonomista.

            Habiendo el filósofo Zopiro, que pasaba por muy hábil en el conocimiento de los hombres por la fisonomía, examinado atentamente la de Sócrates delante de una numerosa sociedad, dijo que este no podia menos de ser lascivo, ebrio, embustero é inclinado á todos los vicios.

            Los que oian al charlatan se reian á carcajadas porque conocian á fondo la pureza de costumbres de Sócrates, pero este les impuso silencio diciéndoles:

            Tiene mucha razon, pues todo eso hubiera yo sido sin el ausilio de la educacion y de la filosofia.

            Ciceron que refiere este hecho en el libro III de sus Cuestiones tusculanas… (…) (Bastús, La sabiduría, III, 63, pp. 138-143)

 

            Calumnia, que algo queda.

            (…) Pasando un Cuácaro por un camino atropelló con su caballo á un perro, el cual le mordió, de modo que de poco no cayó en tierra el cuácaro. Este, enfadado, le dijo, pero con mucho sosiego: “Ni llevo armas, ni mato á nadie; pero yo te pondré en mala fama ó calumniaré, y morirás.”

            Habiendo, en efecto, encontrado á poco á varios trabajadores comenzó á gritar: A ese perro que rabia, y al instante logró con la calumnia que lo matasen á palos. (Bastús, La sabiduría, III, 65, pp. 144-146)

 

            La admiración es hija de la ignorancia.

            (…) La admiración es hija de la ignorancia y la madre de lo maravilloso.

            San Jerónimo dice que no hay escritor, por tonto que sea, que no encuentre un lector que se le parezca.

            Nullus tam imperitus scriptor est, qui lectorem non inveniat similem sui. Prefacio al libro XII, comentando á Isaías.

            Y Boileau aĖadia: Que un tonto encuentra siempre otro tonto mayor que le admira.

            Tambien hay un modismo que dice:

Esto debe ser hermoso, pues que yo nada comprendo [Sobre este modismo, puede leerse la anécdota de Timoneda, “Sobremesa”, II, 103 (10)]. (Bastús, La sabiduría, III, 66, pp. 146-147)

 

Soplar y sorber no puede junto ser.

(…) Hay un apólogo en el que figura un sátiro que viendo á un campesino soplar sus dedos para calentarlos y á su comida para enfriarla, exclama: “Yo no seré jamás amigo de un hombre que con una misma boca sopla lo frio y lo caliente.”

Sin embargo, este apólogo es mas antiguo de lo que parece. En el cap. 28, v. 14 del Eclesiástico se lee:

“Si soplares en una chispa se encenderá de ella fuego, y si escupieres sobre ella se apagará, y lo uno y lo otro sale de la misma boca.”

Sufflaveris in scintillam, quasi ignis exardebit. (Bastús, La sabiduría, III, 67, pp. 147-148)

 

Yo le he conocido ciruelo.

(…) Es alusion á uno que habiendo visto fabricar un Santo Cristo del tronco de un ciruelo que tenia en su huerta, no podia despues acabar de resolverse á rezarle, recordando las ciruelas que aquel árbol habia dado y él habia comido. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 75, pp. 161-163) (Es un refrán con infinidad de versiones y variantes, tanto de fórmulas como de fabulación, por lo que Iribarren [El porqué, p. 121: Quien te conoció ciruelo, ņcómo te tendrá devoción?)] pasa de largo de esta versión de Bastús)

 

Un cascaciruelas.

Lo mismo que un chisgaravís, un títere, un ente despreciable, soberanamente ridículo. Se aplica al que se afana mucho y no hace nada.

Los griegos y romanos daban el nombre de CALLIPIDOS á esta especie de gentes que metiéndose en todo y aparentando figurar en todo, no hacen nada absolutamente.

Suetonio dice, que se aplicó este dictado á Tiberio, porque despues de haber hecho grandes preparativos de viaje durante muchos aĖos seguidos, para ir á visitar las principales ciudades del imperio, al fin no salió de Roma ó de sus alrededores. (Bastús, La sabiduría, III, 75, pp. 161-163, en el refrán Yo le he conocido ciruelo)

 

Mantenerle como perro por carnestolendas.

Hacerle una burla pesada. Alude á la costumbre antiquísima de la cual hablan varios autores. Suetonio dice que Oton rondando de noche las calles de Roma si encontraba algun borracho, le manteaba teniéndole en la capa… distento sagulo in sublime iactare: y Marcial hablando con su libro, dice que no se fia de alabanzas, porque á vuelta de ellas se burlarian de él manteándole:

Ibis ab excusso missus in asta sugo. (Bastús, La sabiduría, III, 77, pp. 164-167, en el refrán No quiero perro con cencerro)

 

Pedir peras al olmo.

Pedir imposibles. Expresion metafórica proverbial que corresponde á la latina: aetiopem lavare, nodum in se ipso quaerere.

Lavar la cabeza á un moro ó negro es lo mismo que ocuparse de una cosa que no puede conseguirse ó que es imposible que se realice.

Este proverbio era conocido de los griegos y de los latinos.

Está embebido en una fábula de Esopo, en la que se habla de un maestro que hacia continuamente lavar á un esclavo etíope para volverle blanco.

Estaba un dia Diógenes reconviniendo á un malvado, y un amigo suyo le preguntó qué era lo que estaba haciendo: —“Ya lo ves, contestó el filósofo, estoy lavando la cabeza á un etíope ó negro para que se vuelva blanco.” (…) (Bastús, La sabiduría, III, 78, pp. 167-168)

 

            Nada se seca mas pronto que las lágrimas.

            (…) El dolor encuentra en las lágrimas satisfaccion, y alivio. Hay según Shakespeare un lujo en el pesar.

Un poeta sentado cerca de un sepulcro cantaba tristemente acompaĖándose con su lira. —ņQué haces aquí? Le preguntó un extranjero que pasaba. —Me consuelo llorando, contestó el cantor, y continuó. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 87, pp. 184-186)

 

Es menester unir la piel del zorro á la del leon.

Se atribuye este proverbio á Lisandro, famoso general lacedemonio, cuya política estaba basada en solo dos principios, la fuerza y la perfidia; siendo su máxima favorita que á los niĖos debia engaĖarles con juguetes y á los hombres con perjurios.

Un dia que le echaban en cara de servirse ó apelar á medios indignos de un hombre como él, que hacia alarde de descender de Hércules:

Es menester, contestó aludiendo al leon de Nemea, servirse de la piel del zorro cuando falta la del leon.

Píndaro habia dicho antes que Lisandro:

El que quiera vencer ó triunfar de un obstáculo, debe armarse de la fuerza del leon y de la prudencia de la serpiente. (Bastús, La sabiduría, III, 93, pp. 193-195)

 

Muchos componedores descomponen la novia.

(…) Es con relacion á una novia que todos los parientes se habian empeĖado en ataviar y poner adornos y colgar preseas, dijes y perendengues, y por fin se presentó transformada en un mamarracho. (Bastús, La sabiduría, III, 99, pp. 205-206, en el refrán Mesurada como novia en Tálamo)

 

Bedel, Bedel, á tu aquel.

(…) Y ya que de bedeles hablamos, tal vez no será fuera de propósito referir un lance ocurrido en tiempo y en la misma cátedra del ilustrado jesuita Juan de Mariana y que refiere el licenciado Cosme Gomez de Tejada de los Reyes, paisano y casi coetáneo de Mariana en la Historia de Talavera, patria de entrambos.

Habia dado la hora en la universidad, y el Bedel cumpliendo su consigna, cerrado el aula en la que leia dicho sabio jesuita, cuando llega un escolar que se habia descuidado un poco y se ve consiguiente privado de entrar en la clase. El alumno que sentia en el alma no poder oir la leccion de su idolatrado maestro, discurre y busca un medio para no perder aquella enseĖanza, y burlando la vigilancia del Bedel ó aprovechando la negligencia de este funcionario universitario, se proporciona una escalera de mano, la coloca oportunamente debajo de una ventana, se asoma por ella, desde la cual podia ver y oir al catedrático, y se pone contento á escribir la leccion.

Al maestro Mariana le llamaria la atencion la ocurrencia del alumno, mas para reconvenir en él su descuido ó retraso le dirigió aquellas palabras del Evangelio:

Qui non intrat per ostium, fur est, el latro.

A las cuales el escolar, que no seria rana, le replicó inmediatamente:

Utique Domine; al furendam tuam doctrinam.

Mariana le reconvino diciéndole:

El que no entra por la puerta es un ladron.

Y el escolar le contestó con prontitud:

Sí seĖor, ladron, para robar tu doctrina. (Bastús, La sabiduría, III, 100, pp. 206-208)

 

Los disparates de Juan de la Encina.

(…) [1496, se imprimieron sus poesías en Salamanca]

Entre ellas hay veinte coplas de á nueve piés cada una y de ocho sílabas cada pié con el título de: Disparates trobados por Juan de la Encina.

El asunto es una sarta de desatinos y disparates puestos de estudio á propósito para hacer reir. Hé aquí cómo comienzan:

            Anoche de madrugada

Ya despues de mediodía,

Vi venir en romería

Una nube muy cargada, etc.

            No despues de mucho rato

Vi venir un orinal (…) (Bastús, La sabiduría, III, 107; pp. 216-217)

 

Cortar la cabeza á la Hidra.

(…) La fábula dice que cuando se cortaba una, salia al momento otra, á menos que se cicatrizase la herida con fuego.

Habiendo Hércules recibido órden de Euristeo para matar este monstruo, tuvo que valerse de todo su valor y ardid para llevar á cabo una empresa tan arriesgada, enumerada entre doce grandes trabajos de Hércules. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 123, p. 241)

 

Que te quites de delante.

Acababa de ser nombrado Alejandro jefe de la expedicion contra los persas, y un gran número de hombres de estado y filósofos de Corinto pasaron á felicitarle por esta eleccion. Entre ellos esperaba el general que iria tambien á saludarle Diógenes el Cínico; pero nada estaba mas lejos del pensamiento de este filósofo. Fue, pues, Alejandro á ver al Cínico. Encontróle echado al sol inmediato al tonel que le servia de casa, y despues de saludarle le dijo si queria de él alguna cosa. , le dijo el orgulloso filósofo, que te quites de delante, porque me impides tomar el sol.

A pesar de quedar herido Alejandro con esta respuesta petulante y con el desprecio que hizo de él Diógenes, dicen que admiró su grandeza de ánimo; y como sus oficiales al retirarse se burlaran del jefe de los cínicos, parece que dijo: En cuanto á mí, si no fuese Alejandro quisiera ser Diógenes. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 126, pp. 243-244)

 

Estómago hambriento no tiene orejas.

Se ha creido que este proverbio tuvo su orígen de un favorito de Tito con relacion á una judía llamada Miriam, la cual durante el sitio que puso á Jerusalen este emperador, habia llegado, por efecto de la horrorosa hambre que sufrian, á mantenerse con la carne de su propio hijo. Pero la historia nos demuestra que este proverbio era conocido antes de este horrible hecho.

Arengando Caton al pueblo en una época de gran carestía, habia dicho como recuerda Guitard: Arduum est, Quirites, ad ventrem auribus carentem verba facere.

“Es difícil, Ńoh caballeros!, hacerse oir del vientre que no tiene orejas.” (Bastús, La sabiduría, III, 132, pp. 250-251, en el refrán El hambriento cree ver la cara de Dios en el pan que se le ofrece)

 

Tiene su ninfa Egeria.

(…) La fábula dice que la ninfa Egeria se retiró á llorar en la soledad de los montes la muerte de su esposo; y tanto se deshizo en lágrimas que se convirtió en fuente (...) (Bastús, La sabiduría, III, 140, pp. 258-259)

 

Amor de Pelícano.

(…) Entre las muchas fábulas que se cuentan del Pelícano, la mas notable es sin duda la que supone que estima en tanta manera á sus hijuelos, que muere por ellos, abriéndose él mismo su pecho para alimentarlos con su propia sangre.

Pero es menester tener en consideracion que lo que dio lugar á esta creencia vulgar es, que debajo del pico tiene una especie de buche ó saco en que deposita la pesca que coge nadando, para comérsela después á solas ó con sus hijuelos con toda comodidad y holgura.

La manera de abrir este saco para extraer el alimento, apretándolo contra el pecho para dar de comer á sus polluelos, fue el origen de la fábula que se abria el cuerpo con el pico, sin otro objeto que alimentarlos con su propia sangre ó á costa de su misma vida. Fábula á que dio ascenso, no solo el vulgo en general, sino que fue admitida y sostenida tambien por muchos hombres ilustrados, entre ellos el venerable Fr. Luis de Granada, quien comentó largamente el maravilloso suceso.

Siguiendo esta opinion, el Pelícano fue y es considerado por muchos iconólogos como la imagen del amor paternal de Jesucristo sacrificado por los hombres, y el emblema de la estimacion de los buenos príncipes para con sus pueblos. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 142, pp. 259-261)

 

Cornada de ansares, uĖada de leon.

(…) Por la uĖa se conoce al leon.

Los latinos ya decian:

            Ex ungue leonem.

Basta á veces un solo rasgo para conocer un hombre de un gran talento ó de un carácter especial.

Es un proverbio de orígen griego del célebre escultor Phidias que habiendo de hacer un leon concibió la forma y el grandor de la fiera, según dicen, con la sola inspección de una de sus uĖas sin haber visto jamás ningun leon. (Bastús, La sabiduría, III, 147, p. 266, en el refrán cornada de ansaron, uĖarada de leon)

 

No hay camino real en Matemáticas.

Dícese que el orígen de este modismo muy comun, viene de Euclides, célebre geómetra griego, que enseĖaba Matemáticas en Alejandría en tiempo de Tolomeo, hijo de Lago, 320 aĖos antes de Jesucristo.

Como otro de sus discípulos fuese el hijo del mismo rey, cansado el alumno régio un dia de las dificultades que le ofrecia la resolucion de un problema de geometría, preguntóle al maestro si habia algun otro medio mas fácil para resolverlo: No, contestó Euclides, no hay camino real en Matemáticas. (Bastús, La sabiduría, III, 148, pp. 266-267)

 

            Y aun sahumada.

            (…) Cuando Juan Haldudo el rico, vecino de Quintanar, juró satisfacer á su criado Andrés la soldada que reclamaba, gracias á la oficiosa intervencion de D. Quijote, dijo con mucha socarronería que le pagaria un real sobre otro y aun sahumados; á lo que contestó el protector, que tal vez conoceria la doble intencion del ofrecimiento, que del sahumerio le hacia gracia. (Bastús, La sabiduría, III, 149, p. 267)

 

Este es gallo.

            Dicho comun para ridiculizar una mala pintura.

Cuenta don Quijote en el cap. LXXI de su segunda parte, que habia en Ubeda un pintor llamado Orbaneja, que cuando le preguntaban qué pintaba, respondia: lo que saliere; y si por ventura pintaba un gallo, escribia debajo: este es gallo, porque no pensasen que era zorra. (Bastús, La sabiduría, III, 161, pp. 279-280, en el refrán El rey es mi gallo)

 

Adonde quiera que yo me siente será vuestra cabecera.

Así termina el cuento que el bellaco de Sancho Panza contó cuando entre el Duque y D. Quijote se promovió aquel incidente acerca de quién de los dos ocuparia la cabecera de la mesa. Segunda parte, Cap. XXXI.

Cristóbal Suarez de Figueroa en el Pasagero, alivio 10, refiere lo que sucedió á cierto mercader con un Duque de Medina Sidonia que tiene mucha analogía con este pasaje del Quijote, y que tal vez Cervantes tuvo presente.

Púsose inadvertidamente el mercader á la derecha del Duque, y habiendo andado algunos pasos y reconocido su yerro, dijo el mercader: Suplico á V. E. se sirva perdonar mi indiscrecion; y tras esto iba á mudar de lugar, pero el Duque no quiso permitirle diciéndole: Bien vais, porque yo en cualquier parte que esté soy siempre el mismo. (Bastús, La sabiduría, III, 167, pp. 284-285)

 

El buen soldado sácalo del arado.

Refran que se lee ya en la colección del Comendador Griego. Así lo hacian los romanos que sacaban del arado los hombres para hacerlos soldados, capitanes y dictadores. Alude esto último particularmente á Lucio Q. Cincinato, célebre romano que en el aĖo 458 antes de Cristo fue sacado del arado para ser elevado á la dignidad de Cónsul romano.

Y este hombre, despues de haber ejercido con el mayor pulso y firmeza su magistratura, concluida esta, volvió á arar su campo.

Por segunda vez fue sacado de él para obtener nuevamente el consulado; por dos veces la dictadura; los honores del triunfo; y ofreciéndole el Senado tierras, esclavos, ganados, todo lo rehusó constantemente para volver á cultivar su reducida posesión. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 169, pp. 285-286)

 

El parto de los montes.

(…) Es con relacion á la sabida fábula de Fedro [Fábulas, IV, 25], en la que supone que una montaĖa se puso en conmocion, y todo para parir un raton. (Bastús, La sabiduría, III, 170, p. 286)

 

El herrero de Arganda que él se lo fuella y él se lo macha, y él se lo lleva á vender á la plaza.

Este antiguo refran, que en sí trae la explicacion, se aplica al que trabaja á sus solas, sin tomar consejo y ayuda de nadie (…)

Tomaria su orígen, esta locucion proverbial, de la conducta observada por algun herrero de Arganda, pueblo de la provincia de Madrid, diócesis de Toledo. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 171, pp. 286-288)

 

Por un clavo se pierde una herradura.

Advierte este refran que el descuido sobre alguna cosa, al parecer de poca importancia, suele acarrear pérdidas y daĖos muy graves.

De aquí se dijo: Por un clavo se pierde una herradura, por una herradura un caballo y por un caballo un caballero.

Resultando que de una insignificante falta, acontece un gran mal; porque, como lo explica un bondadoso comentador: “La falta de un clavo da lugar á que se pierda la herradura; perdida la herradura, el caballo no puede andar y ocasiona la pérdida del animal, y perdido este, se pierde también el caballero, porque el enemigo le consigue y le mata; y todo esto, por no haber atendido al clavo de la herradura de un caballero.”

(…) Cuéntase tambien cierta anécdota, muy moral, acerca un trozo de herradura que viajando Jesús con san Pedro no quiso este coger, y que recogió y guardó el SeĖor, etc. [No quiso san Pedro agacharse para recoger la herradura, mas luego, acuciado por el hambre y la sed, se tuvo que arrodillar varias veces para recoger unas cerezas.] (Bastús, La sabiduría, III, 171, pp. 286-288, en el refrán El herrero de Arganda que él se lo fuella y él se lo macha, y él se lo lleva á vender á la plaza)

 

ŃApartad, padre!...

Expresion que suponen dijo el célebre Alonso Cano estando agonizando y rechazando al propio tiempo el crucifijo que su confesor le presentaba para que le adorase en aquellos momentos angustiosos.

“ņQué hace!!! —preguntóle el padre con sorpresa. — ņNo sabe que la imagen que separa es la de Jesucristo muerto en la cruz para salvarle, y que es quien le ha de juzgar como á todos, y al que tiene todo pecador que implorar el perdon de sus pecados?”

“ŃDéjeme, padre, morir en paz! —contestó el anciano moribundo, —aparte por Dios de mi vista ese crucifijo; traiga una cruz sola, que yo, con la imaginacion, me representaré el Cristo. ņQuiere acaso que me irrite porque está tan mal labrado, y que me lleve el diablo?” (…) (Bastús, La sabiduría, III, 173, pp. 288-289)

 

Buenos canónigos y mal cabildo.

(…) Con este motivo se refieren varias anécdotas, y entre ellas la de un general que deseando construir un cuerpo de guardia inmediato á una catedral, tanteó el ánimo de los canónigos y hallólos á todos aisladamente propicios al proyecto: mas reuniéndose luego todos ellos en cabildo, falló la corporacion en contrario.

El general, que se vió desairado y que por otra parte no era hombre para pararse en pelillos cuando se le ponia una cosa entre ceja y ceja, mandó secretamente que en menos de una noche se construyese el deseado cuerpo de guardia, y cuando los canónigos fueron por la madrugada á maitines, se encontraron con la novedad de que el puesto militar estaba levantado y con la correspondiente guardia, con lo cual los canónigos estaban para darse á los demonios.

Deseando luego el general calmar la ojeriza de los canónigos, convidólos á todos á una comida é hizo servir á la vez á cada uno de los comensales un buen guiso diferente, que cada uno de ellos elogió como excelente despues de haberle probado.

Cuando instantáneamente, á una seĖal convenida, todos estos potajes fueron arrebatados por numerosos criados, quienes los echaron en una desmesurada sopera vacía que habia en medio de la mesa, y que con la mezcla de tanta comida, pasaron á formar un plato que por precision habia de ser detestable.

“SeĖores, dijo entonces el general, he querido presentarles un símil de lo que son ustedes. Tomados separadamente son ustedes muy buenos, pero reunidos, maldito lo que valen sus seĖorías.”

Y enseguida mandó servirles otra deliciosa y suculenta comida general, con lo que calmó en todos los sentidos la irritabilidad canonical y capitular. (Bastús, La sabiduría, III, 178, pp. 294-295)

 

Tanto que peor.

Hé aquí el orígen de esta locucion:

En la segunda parte de El sobremesa y alivio de caminantes, de Juan de Timoneda, se leen cincuenta cuentos que tienen la circunstancia de contener cada uno de ellos la declaracion de un dicho ó frase proverbial; y como muestra de ellos reproducimos el primero.

“Hablándole á un mancebo labrador si queria casarse con una moza del mesmo pueblo, respondió que no, porque le habian dicho que era grande comedora de pan, y que no podia él mantenerla, por no tener mas de lo que ganaba cada dia con sus manos. Sabido por la moza, encuentra con él en la calle y dícele: “Sabido he que no queris casaros conmigo, porque dicen que soy gran comedora de pan. ņSabeis cuánto lo soy, que me obligo con este solo mendruguillo de pan que traigo en el remango de la laya, beber un cántaro de vino?

Respondió el mancebo: Tanto peor.[Espasa-Calpe, ed. Cuartero-Chevalier, I, 26] (Bastús, La sabiduría, III, 179, pp. 296-296)

 

Que se ha vestido primero el jubón que la camisa.

Estándose vistiendo un mancebo ladrón que acababan de azotar, y dándose priesa por ahorrar la grita de los muchachos, dijo uno de dos hombres que lo estaban mirando al otro:

   ņHabéis visto?, Ńy qué priesa se está dando en vestirse!

Respondió el otro:

—Mirad qué tanta, que se ha vestido primero el jubón que la camisa. (Timoneda, “Sobremesa”, I, 90) [Incluido en Bastús, La sabiduría, III, 195, pp. 306-307, en el refrán La caridad bien ordenada comienza por sí mimo]

 

Perico el de los Palotes

Perico entre ellas.

Pelar la Pava

(…) En una ilustrada Revista literaria que aĖos atrás salia á luz en Madrid, publicó don Juan María Maury, autor de LęEspagne Poetique, lo siguiente:

 

PERICO ENTRE ELLAS

 

CUENTO REFERIDO POR UNA DONCELLA DEL ALCÁZAR

————

“Nació bonito y se crió mimado

El murciano galan Pero Fonclara

Hidalgo, buena lanza, auque preciado

Mas que del brazo de la linda cara:

A sus juegos de esgrima aficionado,

Cuando crecido, á par se aficionara

De su madre á jugar con las doncellas:

Viene de allí lo de PERICO ENTRE ELLAS.

           “Siguió su inclinacion á muchas, cuando

Fuera ya tiempo de fijarse en una:

Ventecico entre flores susurrando;

Palabras dulces y seguir la tuna.

Despues de producido algun desmando,

Dio con la chica del seĖor de Osuna:

Oyóle grata el requebrar de moda,

Y estrechar algo mas á union que á boda.

           “Concertaron que dentro del castillo

Quedase aparentando que se iba:

El escondiste el hueco de un portillo:

A las doce tendrán cena festiva:

A las once, asustándole, el pestillo

Levantan; es la jóven compasiva:

Porque no se fastidie en no hacer nada,

Le trae ocupacion proporcionada.

           “Dos aves que pelar para el asado,

Pues no hay criado en que fiar… La hora

Ansiada dio; las dos, las cuatro han dado;

Ya se tienden los rayos de la aurora.

Danle en fin libertad: sale emplumado,

Saludándole así la voz traidora:

Pollitos pele quien PELÓ LA PAVA,

Y plumas vista el que de gallo andaba.

            Pelar la pava.

Frase proverbial, lo mismo que murmurar por pasatiempo.

Pasar el tiempo entretenidamente.

Parece que vino de haber sido sorprendida una moza de servicio con un galan de su clase en postura no muy ejemplar entre la cancela y el zaguan, y que interrogados acerca de en qué se ocupaban, salieron con que pelaban los dos la pava, y verdaderamente la pelaban. Es decir que bajo pretexto de pelar ó desplumar la pava, se entretenian mientras tanto charlando… (Bastús, La sabiduría, III, 203, pp. 315-316)

 

Uno piensa el bayo, y otro el que le ensilla.

Esto se dijo y quedó en proverbio al ver que el dueĖo de un caballo bayo ó de color dorado bajo, le ensillava (sic) para entregarle al que acababa de comprarlo, mientras el caballo creeria por las monadas que hacia, que solo era para sacarle á pasear y volverle al regalado pesebre. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 207, p. 319)

 

            Teneo te Africa.

            Expresion oportuna que soltó Scipion, general romano, al llegar á Africa.

            Cervantes cuenta este acontecimiento histórico del modo siguiente:

            Llega Scipion á Africa, tropieza en saltando de la embarcacion á tierra, tiénenlo por mal agüero sus soldados; pero él abrazándose inmediatamente con el suelo dijo: “No te me podrás huir, África, porque te tengo asida y entre mis brazos.”

Quijote, 2.Ľ parte, cap. 58. (…) (Bastús, La sabiduría, III, 208, pp. 319-320)

 



[1] Vicente Joaquín Bastús y Carrera nació en Tremp (Lérida) en 1799 y falleció en Barcelona en 1873. Estudió Farmacia; fue Catedrático en el Liceo filarmónico-dramático de Barcelona; pero también se entregó al estudio de las letras. Dirigió y participó en diversas publicaciones periódicas, además de producir varias publicaciones: Diccionario histórico enciclopédico (1828), Arqueología o colección general de monumentos (1831), Curso de declamación o arte dramático (1833-1865), Barcelona antigua (1834), Historia de la Palestina o Tierra Santa (1834), Historia de los Templarios (1834), Nuevas anotaciones al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1832-1834), Oficio de Semana Santa, Diccionario de Historia Sagrada, Las metamorfosis de Ovidio (1851), Memorándum anual y perpetuo de todos los acontecimientos naturales o extraordinarios, históricos, civiles y religiosos que ocurren o de los cuales se hace mención en el curso del aĖo: explicando el origen, la etimología, el significado y la historia de cada uno de ellos (1855-1856), Nomenclátor sagrado (1858), El trivio y el cuadrivio ó La nueva enciclopedia: el como, cuando y la razon de las cosas (1862), etc. Todas ellas publicadas en Barcelona.

            Para nuestro propósito consideramos únicamente La sabiduría de las naciones, ó los evangelios abreviados. Probable orígen, etimología y razon histórica de muchos proverbios, refranes y modismos usados en EspaĖa con oportunas observaciones del S. D. Juan Eugenio Hartzenbusch, Barcelona, Librería de Salvador Manero, 1862, 1863, 1867.

            La referencias que hará Iribarren en su El porqué (el cual contrastamos con La sabiduría de las naciones) al mencionado Memorándum son más escasas. También menciona en su bibliografía las Nuevas anotaciones al Ingenioso Hidalgo.

[2] José María Iribarren nació en Tudela el día 31 de octubre de 1906 y falleció el 11 de junio de 1971. Estudió Derecho y Filosofía y Letras. Fue secretario del general Mola durante la guerra Civil, dedicándose posteriormente a la abogacía y las letras. Ostentó diversos cargos, como académico de la Real Academia EspaĖola de la Lengua. Es figura descollante en las letras navarras del pasado siglo XX. Su producción literaria fue muy variada, desde sus iniciales Estampas tudelanas (1931), hasta algunas producciones que han aparecido póstumamente. Gran parte de su producción hace referencia a tradiciones, folklore y costumbres de Navarra.

            Para nuestro propósito se considera únicamente El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de EspaĖa con otras muchas curiosidades (1955), reimpreso y agregado en sucesivas ediciones. Citamos por la 11Ľ edición del Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura, 1988, con estudio, introducción e índices de José María Romera.