Suárez Ávila, Luis. “Pliegos de cordel, Bernardo NúĖez, impresor popular y su Gerineldo de El Puerto de Santa María”. Culturas Populares. Revista Electrónica 3 (septiembre-diciembre 2006).

http://www.culturaspopulares.org/textos3/articulos/suarez.htm

ISSN: 1886-5623

 

 

 

 

Pliegos de cordel, Bernardo NúĖez, impresor popular y su Gerineldo de El Puerto de Santa María

 

 

Luis Suárez Ávila

Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces

 

  

A mi prima Rosa Arbolí e Iriarte, bibliotecaria

de la Real Academia EspaĖola de la Lengua, que me

puso en camino de encontrar a Bernardo NúĖez  

 

 

Resumen

 

Bernardo NúĖez fue un impresor y librero que trabajó en Cádiz y en El Puerto de Santa María en las décadas iniciales del siglo XIX. De su negocio salieron pliegos de cordel muy interesantes. Entre ellos, uno que contiene una versión del romance de Gerineldo, contaminada con los romances de El conde NiĖo y de La condesita, de extraordinaria originalidad poética.

Palabras Clave 

Bernardo NúĖez. Literatura de cordel. Cádiz. El Puerto de Santa María. Gerineldo. El conde NiĖo. La condesita.

 

Abstract 

Bernardo NúĖez was a printer and book seller who worked in Cádiz and El Puerto de Santa María at the beginning of the XIX century. He made and sold very interesting chapbooks. This paper analyses an extremely original version of the ballad of Gerineldo, that he published mixed with the ballads of The Persecuted Lovers and of Count Sol.

Key Words

Bernardo NúĖez. Chapbooks. Cádiz. El Puerto de Santa María. Gerineldo. The Persecuted Lovers. Count Sol.

   

 

-I-

 

C

iertamente el siglo XVIII no es un buen momento para el Romancero. Desde   –poco más o menos– los aĖos cincuenta del siglo XVII viene sufriendo el descrédito entre las clases cultas y vive, soterradamente, en la memoria del vulgo, que, por obra y gracia de “ínfimos poetas”, va aĖadiendo a su bagaje una nueva estirpe de composiciones que llenan todo el siglo XVIII, el XIX y algunos aĖos del XX. Son los llamados romances vulgares o plebeyos que nacen ya despreciados por la gente ilustrada y prohibidos por los poderes públicos[1].

            Los viejos temas romancísticos dejan de interesar y, acaso, no puedan ofrecer ya ninguna respuesta a las inquietudes y gustos de la sociedad. Su misma popularidad, adquirida por los millares de pliegos sueltos que se imprimieron, contribuyó a que fueron tenidos en menos y, poco a poco, llegaran a ser ajenos a los ambientes cultivados. El último pliego que contiene romances recogidos de la tradición oral aparece en 1605[2], fecha notable porque, alrededor de ella, el canto y los pliegos que trasmiten el romancero antiguo terminan por hacer irreconciliable su cultivo con altas capas de la sociedad y permanece, en cambio, entre la gente rústica e iletrada, como patrimonio exclusivo de ésta[3].

            Día a día, el romancero vulgar y plebeyo va invadiendo el ámbito popular hasta desembocar en el siglo XVIII esquivo, en que las luces dejaron a oscuras este género que postergó y despreció. Así, como algo mal visto, propio de gente baja y escandalosa, el romancero antiguo va discurriendo en la memoria del pueblo con muy diversa suerte y, parejamente, eclosiona una nueva especie de romances que consagra las aventuras y desventuras de valentones y taimados, las peripecias y hazaĖas de los bandoleros, las desgracias e infidelidades de las adúlteras, las sátiras contra las mujeres o los negros, las costumbres y zalamerías de los gitanos, los casos prodigiosos, religiosos y profanos, los crímenes más abominables, sin olvidar la recreación y puesta al día de algunos temas antiguos de los ciclos carolingios, bretón o greco-asiático[4].

            También los pliegos acogen relaciones o pasillos de comedia, refundiciones de obras en prosa y canciones sacadas de zarzuelas dieciochescas y tonadillas escénicas.

            Los autores, a veces, son ahora conocidos. En muchas ocasiones, por afán de notoriedad o por simple autocomplacencia, incrustan sus nombres en sus composiciones y se salvan del anonimato que, por ejemplo, veló la identidad de los antiguos juglares.

            En la “coda” de un romance no es raro encontrar, ahora, el nombre del autor que pide perdón “por sus muchas faltas”, como el de DoĖa Teresa de Rivera:

 

 

 Y Juan Mendoza humilde

es razón que a todos pida

perdonen las muchas faltas

que en estos romances cifra.[5]

 

O prometiendo una segunda parte, como en El esclavo de su dama:

 

                                                A donde Lucas de Olmo

                                               promete de aquesta historia

                                               otro segundo romance

                                               si al auditorio no enoja[6].

 

O poniendo a otro –paradójicamente ciego– por testigo de vista de la verdad de lo narrado. Así, el autor de El molinero de Arcos:

 

                                                Y ahora Pedro Marín

advierte que no es novela;

que por testigo de vista

pone al ciego de la peĖa[7].

 

A veces, bajo el título, el autor aĖade su profesión. Es el caso de “Francisco la Ballina, cabo primero de la escuadra de Marina”[8], o el que guarda su identidad con burlescos oficios como aquel “compuesto por un cazador de grillos y cardador de lana de tortuga”[9]. También, además del nombre, en ocasiones, facilitan la fuente de donde han tomado el asunto. Así el autor de La linda deidad de Francia, concluye:

 

                                                Perdona, noble lector,

                                               lo rústico del estilo,

                                               de Pedro Navarro, que es

                                               el autor de estos corridos,

                                               sacándolos de una historia

                                               que ha leído en cierto libro,

                                               que su título contiene

                                               Victoria y triunfos de Cristo[10].

 

            El oficio de coplero es ejercido, casi siempre, por hombres “privados de la vista corporal”, gente que los letrados rechazan y maltratan.

            Sin embargo, sorprende que los autores cultos, después de haberse ejercitado en este género (tal es el caso de Quevedo que compone, una especie de romances vulgares conocidos como jácaras) luego los anatematizan (así Lope en La Gatomaquia –Silva tercera–, o en el famoso Memorial de 1615 contra los copleros, desempolvado y estudiado por la profesora María Cruz García de Enterría)[11].

            Pero reservada, finalmente, a los ciegos la composición y venta de romances, almanaques, calendarios, tablas de jubileos y otros papeles sueltos, hubo muchos que fingiendo ceguera se aprovecharon de este comercio. La Real Chancillería de Granada en provisión de 25 de agosto de 1789, reconoce la exclusividad a las personas privadas de la vista para ejercer estos menesteres[12].

            Este tipo de romances, por esa razón, se llaman de ciego o, también, de cordel, porque sus pliegos  impresos se exponen a la venta colgados de cordeles en puestos y tenderetes.

            La producción original de estos copleros que –trabajan a la parte para un impresor e incluso convivían, por temporadas, con ellos, como sirvientes–, a poco que tuviera visos de éxito o prendiera el interés del vulgo, era copiada por impresores sin escrúpulos que hacían ediciones fraudulentas, en tan gran número, que invadían los más escondidos rincones de los dominios hispánicos. En el siglo XVIII y en el XIX, igual que en la segunda mitad del XV, bien pudiera repetirse aquello del ropero Antón de Montoro que motejaba a Juan Poeta, recitador de obras ajenas, cuando escribe:

 

                                                de arte de ciego juglar

                                               que canta viejas hazaĖas,

                                               que con un solo cantar

                                               cala todas las EspaĖas[13].

 

            Porque, a decir verdad, los pliegos se difundían como una auténtica plaga. Así, por poner un ejemplo, la Historia de Carlomagno... en ocho partes, compuesta en el siglo XVIII por el coplero Juan José López, se sigue imprimiendo por millones de ejemplares, hasta bien entrado el siglo XX y, no sólo ha pasado a la tradición oral, sino que en él aprendieron a leer, a modo de cartilla, muchos hijos de vecino.

            Algo parecido ha venido sucediendo con el romance del Marqués de Mantua que ya, en tiempos de Rodrigo Caro, sirvió en las escuelas para ejercitar la lectura:

 

                                               ŃOh noble marqués de Mántua!

                                               qué de veces repetido

                                               fue tu caso lastimero

                                               que en la escuela deprendimos,

 

escribió el utrerano[14].

            Los pedagogos de finales del siglo XVIII consideraron cosa de gente baja y escandalosa el romancero. Antes, en una Real Cédula de 21 de junio de 1767, para “evitar las impresiones perjudiciales que resultan en el público con la lectura de pronósticos, romances de ciegos y coplas de ajusticiados, se prohíbe por punto general el que se puedan imprimir tales papeles de ninguna utilidad a la pública instrucción”[15]. Y, aunque se aprecia una notable baja editorial, la orden no fue cumplida, lo que es evidente. Sin embargo, hay pliegos de estas fechas que carecen de toda indicación de impresión y aĖo.

            En las escuelas y “amigas” se siguió enseĖando a leer en los pliegos, a falta de otros textos más baratos y asequibles. Esta situación se prolonga hasta 1826, y aún después, pese a que en aquella fecha fue impuesto como texto único y obligatorio el Arte de hablar de Hermosilla, quien, por cierto, considera a los romances como composiciones de metro “bajo, familiar y tabernario”[16].

            Aunque los pliegos circularon en tan gran número, hoy no se conserva más que una mínima parte. Se consideran, en su tiempo, tan comunes, que los que no tuvieron la suerte de ser coleccionados, o fueron tirados a la basura, o empapados en aceite, sirvieron para encender candela o, unidos entre sí, con engrudo, han sido hallados, como cartón de relleno en algunas encuadernaciones.

            Pero los que han llegado hasta hoy, presentan, muchas veces, un estado de conservación lamentable. Sin guardas ni cubiertas protectoras, los pliegos pasaron de mano en mano, doblados, maltratados, manchados, rotos y con los bordes deformes.

 

 

-II-

 

            Acaso sea ahora el momento de hablar sobre el aspecto externo de los pliegos de cordel. Rodríguez MoĖino tiene por pliego suelto, “en general, un cuaderno de pocas hojas... su extensión varía según la obra que contienen y así, aunque al principio sirvió como norma atenerse a lo que era en verdad un pliego, es decir una hoja de papel en su tamaĖo normal, doblada dos veces para obtener ocho páginas, poco a poco se ha ido ensanchando el concepto y se considera como pliego suelto el cuaderno de hasta treinta y dos planas y aún más”[17].

            María Cruz García de Enterría se decanta por considerar auténticos pliegos sueltos únicamente los cuadernillos de 2 a 16 hojas, y también las hojas volantes impresas por un solo lado o por los dos”[18].

            Los profesores Norton y Wilson consideran como tope hasta doce hojas[19].

Creo no equivocarme, en cuestión tan espinosa, si acepto como válida y “verdadera” la tesis de la profesora García de Enterría, pues de 2 a 16 páginas, exceptuando las hojas volanderas, tiene por límites el plegado, en cuatro, de dos hojas de papel de tamaĖo “natural”, para conseguir ocho hojas en cuarto, o sea las dieciséis páginas. Esto como máximo, porque, más, como admite Rodríguez MoĖino, excede, con mucho, de lo que tradicionalmente es un pliego de cordel, aunque lo impreso proceda de prensas populares.

            En la obra de Aguilar PiĖal tan sólo alguno de los catalogados tiene seis hojas, y excepcionalmente doce hojas. Los demás pliegos son de dos o de cuatro hojas[20]. En realidad, esto último es lo común.

            El papel empleado para su impresión, en nada difiere del que se utiliza para imprimir un libro cualquiera. Es cierto que, en algunos casos, los fabricantes de papel y los impresores dan el de baja calidad a los ciegos. Así, en un curioso pleito que, aunque anterior a la época que estamos estudiando llega casi hasta ella, “Julián Paredes –se lee en una declaración– vende pliegos él, en buen papel y da el malo a los ciegos[21]”. Pero estas anomalías son comunes en el negocio de venta de literatura popular, dominada por impresores, a veces carentes de escrúpulos y, sobre todo, por el carácter casi mendicante de los vendedores callejeros.

            En el aspecto artístico de los pliegos, no debe ocultarse que muchos impresores populares han sido, a veces, aprendices y aun oficiales de los grandes propietarios de imprentas. El utillaje y las prensas de que disponen son “de segunda mano”, material viejo, casi inservible del que se van deshaciendo los talleres. Por ello, el impresor popular carece de casi todo, menos de imaginación. Con un material xilográfico no muy abundante, debe componer los encabezamientos y los colofones de sus pliegos. Los grabados en madera, tacos en piezas sueltas, se combinaban, para adecuarlos, dentro de lo posible, al asunto del pliego. Así figuras humanas, animales reales o fantásticos, con algún castillo, casa, árbol o palmera, van empleándose tan ingeniosamente, que constituyen todo un avance o puesta en escena esquemática, pero elocuente, del tema que, a seguida, va a tratar.

            A  continuación, el impresor compone el título que, en ocasiones, es largo e intemporal. Así, en más de un pliego aparece aquello de “sucedido en el presente aĖo”, cuando es la verdad que el mismo romance lleva reiterada e idénticamente impreso desde hace más de medio siglo; o, como en el caso de una Canción Nueva de Gerineldo. Curiosa y verídica historia de la fuga del desarrollo del Gran SeĖor de Constantinopla de la bella Enildas, Sultana favorita, con un oficial ruso, caso sucedido en el presente aĖo (sigue una línea de puntos y sobre ella está escrito a mano, con tinta) de 1830, se actualiza la fecha, cada temporada[22].

            En el título, también influyen la capacidad artística del impresor y sus posibilidades tipográficas. Sin embargo, en una ciudad con varios talleres, era normal el uso y préstamo recíproco de tipos y xilografías, como patrimonio común de todos los impresores locales.

            El cuerpo del pliego, dispuesto, generalmente, en dos columnas por plana, contiene el romance, el pasillo o las coplas.

            Por último, a veces, como colofón, se colocaba una viĖeta, si había sitio y, abajo y no siempre, el pie de imprenta.

            Esta mención del impresor, el lugar, la calle donde tiene abierto el taller, y el aĖo, falta en muchos pliegos antiguos que carecen de licencia o, a partir de 1767 en que se intenta transgredir la Real Cédula de Carlos III, de 21 de julio, ya citada.

            El decreto de libertad de imprenta de 10 de noviembre de 1810 y las normas, que por los avatares de la política, la restringen, terminan en 1835, fecha que interesa para nuestro propósito, por abolir la censura previa y establecer la obligación, a todos los impresores, de poner su “nombre, apellidos, lugar y aĖo de impresión en todo impreso cualquiera que fuera su volumen” (se está seĖalando claramente a los pliegos de cordel). La falsedad de alguno de estos requisitos se sancionaba como la omisión absoluta de todos.

            La organización de las imprentas estaba rigurosamente regulada por la ley. Se exigía, en primer lugar, que el taller no estuviera establecido en sótanos, ni subterráneos, sino en planta baja, abierto al público y con la indicación, bien visible, en la fachada, de quién era su propietario. Con ello se querían evitar las imprentas clandestinas que pudieran producir libelos y otros impresos sediciosos. La única excepción, en la provincia de Cádiz, fue la imprenta del Hospital de la Misericordia, en la capital, que estuvo establecida en piezas interiores del edificio. Esta excepción fue permitida por los jueces de imprenta por ser su titular una entidad con fines benéficos. Pero, que se sepa, ninguna otra gozó de esta prerrogativa.

            En segundo lugar, toda imprenta debía de estar “a cargo de” un responsable de los impresos, cuya relación, anualmente, había de facilitarse. Generalmente se trataba del propietario, pero a veces al frente de una imprenta figuraba otra persona distinta de su titular[23].

            En los talleres había, además, aprendices y otras personas, más o menos pintorescas, que figuran como sirvientes de las que más adelante hablaremos. Así, sucintamente, era el ambiente, el mundo y el aspecto exterior de los pliegos de cordel. Tal era la concepción de la empresa y la organización de las imprentas populares que los produjeron.

 

 

-III-

 

Hasta tiempos recientes, los pliegos de cordel no han sido objeto de estudio. Aunque, desde muy distintos aspectos, han ido apareciendo, desde 1966, obras dedicadas a esta parcela de la literatura popular. Julio Caro Baroja, Francisco Aguilar PiĖal, María Cruz García de Enterría, Joaquín Marco y Manuel Alvar[24], son quienes han abordado este tema desde una muy diversa orientación, sin olvidar el lugar que don Agustín Durán dedica a los romances vulgares[25], y las páginas magistrales de don Ramón Menéndez Pidal, o de don Antonio Rodríguez-MoĖino[26].

            Es cierto que algún autor ha venido notando una progresiva “meridionalización” del romancero[27] y que las iniciativas romancísticas andaluzas han tenido un extraordinario poder difusivo en otras regiones[28]. En la literatura de cordel, se apreciaron las excelentes producciones andaluzas salidas de las prensas cordobesas de un Rafael García Rodríguez o un Fausto García Tena; de las malagueĖas de un Félix de Casas Martínez; de la carmonense de José María Moreno (que tenía sucursal en Écija); de la de Úbeda de D. C. Martínez...[29].

            Sin embargo, El Puerto de Santa María, tan presente en el romancero (no sólo porque aquí se conserva y desde aquí irradia, entre los gitanos, un buen número de raras versiones épicas e históricas conservadas por tradición oral, sino por ser nuestra ciudad topónimo obligado y atractivo santo lugar común del romancero vulgar castizo, del de cautivos, e incluso del de negros) no era conocido como centro impresor de pliegos de cordel. Tan sólo se citaban tres pliegos de cordel: dos de Roque Gómez y uno de Francisco Vicente MuĖoz, no propiamente populares, ni por los temas, ni por las imprentas en que se produjeron[30].

            Sin embargo, y a modo de ejemplo, podrían citarse otros, en que El Puerto se hace presente. Así, en los pliegos barrocos, como el que relata las rogativas que Carlos II hace a la Virgen de Atocha para que en 1681 cese la peste de Málaga, en Sanlúcar y en El Puerto[31]; o aquel que cuenta las peripecias y victorias frente al ataque inglés a Rota y a El Puerto[32].

            A caballo entre el siglo XVIII y el XIX han de recordarse los de la famosa Boda de negros... impresa infinidad de veces[33]; o la relación del cautivo en Argel, Francisco Hernández, natural de El Puerto de Santa María[34] que tuvo un notable éxito editorial para los impresores populares de toda EspaĖa. Más tardío es el Diálogo ocurrido entre Espartero y Zurbano en El Puerto de Santa María el día 30 de julio del presente aĖo de 1843, antes de embarcarse para Lisboa, que recrea una burlesca e imaginaria conversación entre el ayacucho Zurbano y Espartero, de donde se deducen los motivos de la caída de éste.

            El robo de la pupila en la feria del Puerto y La feria del Puerto, entremeses de don Juan Ignacio González del Castillo se imprimieron, sin  su nombre, y circularon en pliegos de cordel, los aĖos 1812 y 1813 y aún después[35].

            Capítulo aparte merecería el tema de los toros: La trágica cogida y muerte de José Cándido, en la plaza de toros del Puerto de Santa María, el 24 de junio de 1771, circula en papeles taurinos y se canta, todavía, por tradición oral[36].

            De las prensas populares andaluzas (en los aĖos 1844 y 1845), sale con un enorme éxito el pliego titulado Entierro y boda de la Colasa y Los toros del Puerto que reúne dos composiciones muy dispares. Esta última, obra de Don Luis González Bravo, con música del seĖor Salas, se cantó el 24 de diciembre de 1841, en el estreno de La zarzuela interrumpida o lo que fuere sonará y desde entonces no hubo canción más popular en todo el siglo[37]. De este género es también la popularizada de La venta del Puerto, o Juanillo el Contrabandista, compuesta en 1847 por Mariano Fernández y puesta en música por Cristóbal Oudrid, que corrió anónima, impresa en pliegos[38].

            A pesar de este representativo muestrario, fácilmente ampliable, El Puerto carecía de tradición impresora de pliegos. Y se desconocía en él, la existencia de prensas populares.

            La imprenta, en nuestra ciudad, durante el siglo XVIII, alcanzó una pujanza inusitada. Los grandes impresores portuenses: Los Gómez, Rioja y Gamboa, Francisco Vicente MuĖoz y Luis de Luque y Leyva, conocieron la época dorada de El Puerto de Santa María y  aquí se imprimieron, no sólo libros portuenses, sino sevillanos, gaditanos y jerezanos[39].

            Durante la primera mitad del XIX, más modestas, nuestras imprentas locales se reducían a la de Río, la de Costas, la de Fernando Luque Leyva (que se titulaba “la de la Ciudad”), la de la Casa de las Cadenas, y ninguna más era citada[40].

            Sin embargo, hubo en nuestra ciudad por espacio de más de once aĖos de la primera mitad del pasado siglo, un singular impresor, Bernardo NúĖez, ignorado por todos, a quien descubrí en el escueto pie de imprenta de un pliego de cordel: “Puerto de Santa María: Imprenta de B. NuĖez, calle de Palacios, núm. 43”, rezaba. La existencia de este pliego, constatada por mí en una fotocopia que hay en el Archivo Menéndez Pidal[41], me hizo pensar en la posibilidad de otros del mismo impresor. Así fue.

            En la Biblioteca Nacional se conservan coleccionados y encuadernados, con otros muchos, varios pliegos –los únicos que, por ahora, he hallado– de nuestro Bernardo NúĖez[42].

            Pero el nombre de su providencial coleccionista no debe pasar por alto. Se trata de don Luis Usoz y Río, uno de nuestros más preclaros heterodoxos y bibliófilos del ochocientos. Amigo de Borrow, con quien compartió sus tareas de divulgación de la Biblia; amigo de Estébanez Calderón, de Pascual de Gayangos, de Bartolomé José Gallardo, de Agustín Durán..., reunió una inmensa y escogida biblioteca que, a su muerte, en 1865, legó a la Nacional de Madrid. Entre esos valiosísimos volúmenes se hallaba el que contenía los humildes y recientes pliegos del impresor popular de El Puerto[43]. Gracias,  por tanto, al celo de Usoz, se conservaron. Ello ha permitido, no sólo inquietarme por curiosear la vida y milagros de B. NúĖez –un gran desconocido–, sino estudiar sus pliegos y, sobre todo y en particular, su Jerineldos, singularísima obra de la literatura de cordel.

           

 

-IV-

 

No ha sido fácil arrancar en la tarea de reconstruir la biografía de Bernardo NúĖez. En primer lugar porque el punto de partida era una inicial: B (ņBartolomé, Bernabé, Buenaventura, Bernardo...?); y en segundo lugar, porque, dilucidado el enigma, y contando con los datos de NúĖez –impresor-Puerto Santa María-Palacios 43–, afloraban, al menos, dos personas –y, a veces, hasta cuatro– libreros de ese nombre. TamaĖa confusión la originaba el uso como segundo apellido el de Gómez o el de Virués, indiscriminadamente, por uno de ellos, y la omnipresencia del mismo en Larga 10, Larga 26, Larga 41 y, muy al final, en Palacios 43. El que fueran coetáneos agravaba el problema, pero, al fin, luego de haber buceado en la  documentación de que, en principio, se disponía y, sobre todo, dando tiempo al tiempo, pude sospechar, que eran  padre e hijo, ambos libreros y este último, además, encuadernador e impresor.

            Bernardo Lorenzo NúĖez Gómez (o Virués, que también usó este segundo apellido de su madre), nació en Cádiz el 2 de marzo de 1789 y se bautizó el mismo día, signo inequívoco de que su vida peligró en los primeros momentos[44].

            Sus padres, don Bernardo José NúĖez Rosa (“natural de la Corte de Lisboa, del Reyno de Portugal”) y doĖa Isabel Gómez Virués (de Las Cabezas de San Juan) se habían casado en Cádiz el 7 de agosto de 1787[45].

            Bernardo José, recién llegado de Lisboa, se instaló en la capital gaditana como librero. Su establecimiento de la calle de la Pelota debió de estar acreditado y muy bien surtido, porque nos consta que exportó libros a ultramar. A don Juan Bautista Vilaseca, “residente en el puerto de la Habana, Capital de la Isla de Barlovento”; a don José Humanes, residente en Lima y a don Manuel Arizpe, había mandado varios cajones de libros que, en 1800, el 24 de agosto, aún no ha cobrado, según declara en su testamento. Por cierto que, al otorgarlo, consigna que se halla “gravemente enfermo”, es de suponer que de fiebre amarilla, epidemia que en el mes de agosto de ese aĖo alcanzó especial virulencia[46]. Sospecho, sin que lo haya podido confirmar, que su esposa, Isabel Gómez, falleció como consecuencia de esta enfermedad, pues a partir de 1800, está viudo.

            En 1816, Bernardo José, con su único hijo, Bernardo Lorenzo –aunque tuvo otros “que murieron en la menor edad”– se traslada a El Puerto. Aquí, ese propio aĖo, el 15 de julio, contrae segundas nupcias  con Josefa Bela, natural de esta ciudad. Su nueva esposa debió  ser sobrina de su primera suegra –hija de un hermano de ésta– pues por breve de S. S. Ha de dispensarle el impedimento de parentesco “en 2ľ con tercer grado por una parte, y de 3ľ con cuarto por otra de afinidad”[47]. De este matrimonio tiene dos hijos: José María y Manuel.

            En esta etapa portuense, establece su librería en la calle Larga, 18[48], aunque mantiene la de Cádiz, asociándose con un tal Picardo[49]. En nuestra ciudad tan solo halla competencia en otra librería instalada en el número 45 de la misma calle, la de Palau y Cía., titularidad que perdura hasta 1846, en que se traspasa a D. Rafael Bermúdez de Castro[50].

            Bernardo Lorenzo debió llevar una convivencia difícil con su madrastra y sus medio hermanos. Mucho mayor que ellos, y desde muy joven, su padre lo puso a trabajar como “jornalero de librero”[51], situación que perdura hasta 1828 en que se independiza y abre librería propia en la calle Larga 26, en el Puerto[52].

            En Cádiz, Bernardo Lorenzo se había casado, el 7 de junio de 1817, con Ana Avilés Beltrán[53]. Y, en el Puerto, donde viven, en 1822, el 13 de mayo, nace su única hija, Concepción NúĖez Avilés[54].

            Padre e hijo tienen librerías separadas. La actividad del padre va decreciendo e incluso tiene algún problema con el fisco[55]. Con cierta estrechez, aunque manteniendo la librería, siguió viviendo con las rentas de dos casas procedentes de la familia Bela: una en la Ribera del Río, 19 y otra en Larga, 10[56].

            En cambio, para Bernardo Lorenzo, los aĖos de 1828 a 1845 son los más interesantes en su trabajo. Tiene a dos personas empleadas: un oficial de librero, llamado Ricardo Garto, y un encuadernador, José Martínez[57]. A partir de 1833, como se verá, se convierte en impresor y, tanto sus encuadernaciones[58] como sus impresos denotan una especial sensibilidad artística.

            Muerto Bernardo padre el 12 de septiembre de 1834 (el mismo día muere su hijo José María, con 16 aĖos, y se entierran ambos en una propia ceremonia)[59], se liquida su testamentaría.

            Aunque perdido el protocolo correspondiente al aĖo 1829 en que, el 25 de enero, otorga testamento, en El Puerto, ante D. José Martínez de Azpillaga, puede deducirse de otros documentos que el testador mejoró a sus hijos José María y Manuel –y, aunque el primero murió el mismo día que su padre, su parte acreció la de su otro hermano de doble vínculo. A Bernardo Lorenzo lo instituye heredero, pero sólo en la legítima estricta, además de los bienes correspondientes a la reserva del bínubo, y el albacea, D. Francisco Bela, cuĖado del testador, le paga su haber en libros por valor de 12.670 reales de vellón. La relación de estos libros, que hubiera sido interesante conocer, se dice en la escritura de carta de pago que “por menor constan en nota firmada por mí que obra en poder de Don Francisco Bela”[60].

            Bernardo Lorenzo había atravesado, en 1833, algún revés económico. La sociedad formada para la Redacción del Diccionario Universal, de Barcelona, embargó su librería en un procedimiento judicial que se le siguió. Se le trabaron sus bienes “que consistían en el armazón, mostrador, librería y dos pilastras todo de pino, una escalera de mano, cinco estantes pequeĖos y mobiliario de casa “todo lo cual quedó a depositado en D. Vicente Alcayde. Tras la liquidación de la deuda que las partes aceptan, se llega a una transacción, recogida en escritura de 20 de junio de 1834, en la que Bernardo Lorenzo se compromete a pagar veintidós mil setecientos y ocho reales de vellón en dos aĖos[61]. Esta pesada carga que contrae lo convierte en impresor, aunque mantiene su librería y su taller de encuadernación. Se desconoce con qué medios monta su imprenta en una accesoria de la calle Palacios número 43, propiedad de D. José María Lagier, en la que permanece hasta 1845[62]. El cobro de la legítima paterna y la realización de los libros con que se le pagó, posiblemente le dieran algún respiro económico. Pero lo cierto es que con la impresión de pliegos de cordel, actividad que comienza en 1834 y termina en 1845, pretende levantar cabeza. También imprimió algunos edictos oficiales –no municipales, que corresponderían a la Imprenta de la Ciudad– tal como uno del Ayudante de Marina de El Puerto, fechado el 24 de mayo de 1837, aĖo en que se observa su actividad impresora más fecunda[63].

            En Cádiz, desde por lo menos 1842, Bernardo Lorenzo estableció un taller de imprenta en la plazuela del CaĖón, 33, y allí también un taller de encuadernación y otra librería[64]. Todavía  no ha abandonado El Puerto, donde hasta 1845 permanece[65].

            Mientras tanto la librería portuense la ha trasladado a la finca calle Larga, 41[66] y, definitivamente, concentra sus actividades –imprenta, librería y taller de encuadernación– en Palacios, 43, desde 1840 a 1845[67].

            En 1847, sin que se sepa por qué razón, vive en Cádiz –y no está viudo– como pupilo en casa de doĖa Dolores Delgado Buzón. Esta seĖora, natural de Osuna, que había residido en El Puerto algunos aĖos, marchó a Cádiz en 1842, donde estableció una casa de pupilaje. En ella reside Bernardo NúĖez, con su sobrina, menor de edad, Cristina Cortés Avilés[68]. Al cabo de cinco aĖos, Bernardo adeuda a Dolores Delgado nueve mil reales de vellón, lo que reconoce en escritura otorgada en Cádiz el 20 de octubre de 1853[69]. Dicha cantidad termina por satisfacerla el 2 de octubre de 1869, según nota marginal del escribano Vando.

            Debió existir una amistad más que entraĖable entre la dueĖa de la casa y su pupilo, al que nombra albacea en su testamento[70]. También hubo una relación cordial con Filomeno Fernández de Arjona, su otro albacea y oficial impresor del taller de NúĖez, que ahora está en la gaditana calle San José, 46. Filomeno se convierte en yerno de su patrón al casarse en Cádiz, el 29 de mayo, Bernardo NúĖez da a su hija en dote “todos los efectos y artículos que comprende” su imprenta. Y sobre Fernández de Arjona dice que se hallaban “trabajando en la imprenta que corresponde al compareciente en Cádiz, calle San José, 46, donde ha continuado hasta el día cumpliendo con exactitud e inteligencia los trabajos que se le han encargado y demostrado en todo ese periodo su aplicación, inteligencia y honradez”[71]. A continuación, inventaría y valora todos los enseres y utillaje de la imprenta, relación que tiene un excepcional valor ya que en los primeros impresos de Fernández Arjona pueden identificarse los tipos que recibiría de su suegro[72] .

            A partir de 1873 Bernardo NúĖez no figura como impresor, ni como librero[73]. Su actividad, después de unos aĖos en que, con su yerno, llega a imprimir incluso novelas traducidas del francés, concluye[74], deja la imprenta que, por espacio de un solo aĖo, se tituló de NúĖez y Arjona y se dedica a la encuadernación en la calle Amargura 36, y, finalmente, en Sacramento 57. Su muerte, posiblemente, ocurrió en 1875[75].

            Su yerno se convierte en uno de los mejores y más cuidadosos impresores gaditanos de mediados del XIX. En los aĖos 1870, se incorpora otra vez el apellido NúĖez a los pies de la imprenta: el nieto, Francisco Fernández de Arjona y NúĖez, que en la imprenta de la calle San José, llega a “Impresor de S. M.”[76].

            En sus aĖos portuenses, Bernardo NúĖez Gómez produjo una bien cuidada colección de pliegos de cordel. No nos ha quedado su catálogo que, como en el caso de otros impresores populares, nos servían para valorar, con exactitud, su producción[77]. No obstante, los escasos pliegos conservados nos lo retratan como un impresor muy esmerado. Es cierto que algunos de los temas que edita han pasado de impresor a impresor y han dado veinte veces la vuelta a EspaĖa. Otros, en cambio, han sido compuestos para él y exclusivamente él los ha publicado. Es el caso de su Jerineldos. Por ello, es digna de consignarse la presencia, durante los aĖos 1841 y 1842, en la imprenta portuense de NúĖez de un personaje singular[78]. Se trata de Pedro Marín Hurtado, un ciego coplero, nacido en Arcos de la Frontera, el 29 de diciembre de 1789[79]. Este Pedro Marín, es el autor del romance Galantes enamorados... que recoge la leyenda de la Molinera y el Corregidor que, andando el tiempo, serviría a Pedro Antonio de Alarcón para forjar su novelita El sombrero de tres picos[80].

            Los doce pliegos salidos de las prensas portuenses de Bernardo NúĖez, únicos que han podido ser localizados, se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid, en la serie USOZ –9497, que antes se decía U-10609. Aunque el número de orden más alto entre los  hallados es el 20 de la serie del impresor, tengo fundadas sospechas de que la colección de Bernardo NúĖez  debió pasar del centenar. Ello no es extraĖo porque, primero, los beneficios, en este negocio, estaban en función de la variedad de temas, que el impresor procuraba escoger entre los que consideraba más atractivos para su uso público; y, segundo, porque, la escasa “veintena”, adivinada de entre los que he hallado, no viene sino a ser el principio de una colección interrumpida, váyase a saber por qué peregrina circunstancia en la azarosa vida de don Luis Usoz.

            Así pues, ha de pensarse en una copiosa colección de pliegos la que debió figurar en el catálogo de Bernardo NúĖez, porque, de otra manera, la rentabilidad de su empeĖo hubiera sido prácticamente nula.

            Con todo, la escasa muestra presentada[81], que confiamos ampliar, y en ello estamos, nos sirve para apreciar lo variado del “repertorio” impreso por Bernardo NúĖez, de un lado, los Trovos amorosos, especie de composiciones originales –en quintillas o en décimas– que los impresores procuraban tener en sus catálogos[82]. Se solían utilizar, adecuadamente, en las cartas de amor o, aprendidas, eran cantadas, al son de guitarra, en serenatas y fiestas. De otro, las relaciones y pasillos de comedias que, generalmente, podrían interpretar dos o tres personas, estaban sacados, por tal o cual ciego o coplero, al que se atribuía impunemente su autoría de un diálogo, o de un monólogo que pudiera extraerse sin particular violencia, de una jornada de cualquier obra dramática conocida. Así Lope, Calderón, Cubillo de Aragón... y otros dramaturgos del Siglo de Oro, muy a pesar suyo, estuvieron divulgados en su día y aún mucho después en pasillos y relaciones impresas en pliegos.

            Las Matracas eran composiciones burlescas con las que se intenta zaherir a alguien. En realidad las retrata eso de “en jocoso estilo” y más que zahirientes son, a veces, simplemente divertidas. No falta, por tanto, esta clase de obras satíricas entre las de nuestro impresor[83].

            Por último, los romances[84], que al fin y al cabo, son los que dan nombre, en muchas ocasiones impropiamente, a este género de literatura  popular, forman también parte de la colección de Bernardo NúĖez: La enamorada de Cristo, María Jesús de Gracia; DoĖa Josefa Ramírez; Jerineldos...

 

 

 

 

-V-

 

 

Precisamente, el que titula Jerineldos es su obra más original. Desconocemos quién pudiera componerlo para Bernardo NúĖez. Ni siquiera nos atrevemos a apuntar el nombre de Pedro Marín, el ciego coplero que vive, durante muchos aĖos 1841 y 1842, “recogido” en el taller de imprenta de la calle Palacios número 43[85]. Porque, entre otras razones, aunque conocemos las fechas límites de la actividad productora de pliegos de cordel en la imprenta portuense de Bernardo NúĖez (1834-1845), ignoramos la exacta data de ese pliego, por carecer de la mención de aĖo. Sin embargo, el número ordinal que lleva, en la serie del impresor, –el 9–, nos permite situarlo en los aĖos iniciales.

            Diego Catalán cuando lo transcribió en Romancero Tradicional de las Lenguas Hispánicas[86], puntualiza: “este impresor fecha otro pliego en 1837”.

            Hasta ahora no he podido dar con ese otro pliego, ni conseguir que Diego Catalán, ni sus colaboradores, recuerden de cuál se trataba. Su hallazgo al cabo, además de proporcionarnos el conocimiento de un nuevo pliego del impresor Bernardo NúĖez, nos ayudaría a fechar aproximadamente otros, sirviéndonos de referencia su número de serie.

            Volviendo al pliego que nos ocupa –Jerineldos– su cuerpo contiene unos versos iniciales del romance del Conde NiĖo; le sigue el romance de La Condesita y, finalmente, el de Gerineldo. Se trata, por tanto, de una fusión que, en este caso, adquiere singulares caracteres. Su autor ha debido beber tanto en fuentes escritas (pliegos) como orales (tradición), además de haber puesto en el relato una buena parte de su inventiva. Sumariamente, puede aĖadirse que una particularidad notable, es también el haber trastocado el orden tradicional en que se da el llamado “romance doble” (Gerineldo + La Condesita) que, aquí es La Condesita + Gerineldo, y que su final, el llamado desenlace meridional del  “juramento por la Virgen de la Estrella”, ha sido tomado de la tradición y, por primera y única vez, ingresa en el ámbito de un pliego.

            Al Jerineldos sirven de exordio, como se ha dicho, unos versos –ocho octosílabos– procedentes de una versión tradicional del romance de El Conde NiĖo –o El Conde Olinos–, romance del que se tienen las primeras noticias en el siglo XV, en un manuscrito de Juan Rodríguez del Padrón que trascribe un texto del Conde Arnaldos. En él aparecen unos versos del Conde Olinos, de lo que se deduce, además que, en esa época ya era muy conocido[87]. En la tradición oral moderna puede considerarse como uno de los más extendidos y de mayor popularidad en todo el mundo hispánico[88]. Este romance tiene por motivo una fábula de amor más allá de la muerte, a la que presta un cierto sabor misterioso la mágica maĖana de San Juan, tan a propósito para introducir cualquier relato fantástico[89].

            De hecho, este romance –al menos algunos de sus versos primeros– es aĖadido inicial, en versiones orales andaluzas[90] del romance autónomo de La Condesita, aunque, también, en otras, lo son unos versos de El Prisionero. Gerineldo, en algunas versiones del “romance doble”, comienza también con los versos de El Conde NiĖo. Y los versos finales de este romance, en CataluĖa y Mallorca, sirven de desenlace al de La vuelta del navegante[91].

            Estamos, por tanto, ante un romance que, además de circular autónomo, como el de El Prisionero, participa en contaminaciones a que tiende el creador trasiego de la tradición oral.

            El autor del pliego ha recurrido a esta tradición al tomar prestados esos primeros versos de El Conde NiĖo. De ella puedo adivinar que se nutre porque, precisamente, en El Puerto, en 1976, recogí cuatro hemistiquios de El Conde NiĖo a un octogenario gitano, Juan Vargas Ortega, conocido por “Juan La Cera”, que relacioné con la copla 7.607 de la colección de Rodríguez Marín:

 

                                               Mientras mi caballo bebe,

                                               Échame, niĖa, un cantar;

                                               Bebe, caballito mío,

                                               Que está serenito el mar[92].

 

            Al menos, los dos primeros octosílabos de esta copla –fragmento de romance– podemos hoy relacionarlos –y acaso sean simplemente eco formulístico– con los versos 5 y 6 del pliego portuense y reafirmar la fuente tradicional del coplero.

            En cambio, el “romance” que sigue en esta rara fusión, el de La Condesita se aparta casi por completo de los textos tradicionales. Su relato, que comienza siguiendo libremente la pauta del romance “tipo” aunque el esposo es el Conde NiĖo, –en lugar del Conde Sol o del Conde Flores–, desemboca en una narración ciertamente novelesca.

            El de La Condesita es un romance desconocido en las antiguas colecciones. No obstante, ha sido objeto de numerosos estudios. Se le considera como una inversión del de El Conde Antores ya que se originó, al parecer, en la estructura odiseica del romance de El Conde Dirlos. Pero no se trata de ausencia del marido –más de siete aĖos–, en lugar de seguir su consejo de casarse con otro, emprende un largo peregrinar –vestida de sayal– en busca del conde, al que halla en vísperas y a punto de casarse. Por esta razón, este romance es conocido también como La boda estorbada, ya que la que está prevista no se celebra.

            En Andalucía, tanto La Condesita como Gerineldo, se encuentran autónomos. Así, la moderna recolección del romancero se inaugura con las versiones autónomas –precisamente de cada uno de estos romances–, recogidas en Sevilla en el aĖo 1824 por Estébanez Calderón, y en enero de 1825 por Bartolomé José Gallardo[93].

            Sin embargo, también en Andalucía –y desde Andalucía se difunde poderosamente a otras regiones– el romance de La Condesita se conserva, en la tradición, como una segunda parte del de Gerineldo. Este “romance doble”, mixto, ha sido estudiado por Diego Catalán y sus colaboradores, como distinto de los autónomos de Gerineldo y La Condesita[94].

            Con versiones de estos dos romances don Ramón Menéndez Pidal ejemplificó, al construir su famoso método geográfico. También lo han hecho Diego Catalán y Álvaro Galmés y, en otro aspecto y con otros medios, Suzanne Petersen[95].

            Pero volviendo a la libérrima narración de La Condesita de nuestro pliego, el relato (que comienza con la publicación de grandes guerras entre EspaĖa y Portugal y, el nombramiento del Conde NiĖo por capitán general; los llantos de Enildas porque se ausenta y con él está prometida, ya que sus padres así lo habían concertado; el consejo del conde: “si a los seis aĖos no he vuelto, con otro os podéis casar”; el transcurso del tiempo sin razones y la desesperación de Enildas; la noticia de la boda del Conde –en Francia “con una hermosa deidad”–que le da un criado muy sagaz; la decisión de partir en su busca, vestida de sayal, en compaĖía de su criado –que no es otro que Jerineldos–, llega a un punto en que, poco a poco, se va apartando de la historia “tipo”, y ya no se orienta hacia el desenlace tradicional, sino, que creando una serie de situaciones novelescas, sin abandonar, en un primer momento, la finalidad de buscar al Conde, ésta termina por diluir y se forja un particularismo nexo que lo unirá al texto de Gerineldo.

            Así, tras estas asombrosas e inusitadas escenas y unos versos que terminan por conformar el maridaje de los dos romances, el Gerineldo, descolocado en el lugar que ocupa en el tradicional “romance doble”, comienza.

            El texto más antiguo que se conserva de este tema, está en un pliego gótico fechado en 1537[96]. El romance, que deriva de una leyenda medieval que narra los furtivos amores de Emma, hija de Carlomagno, con su secretario y camarero, Eginardo, ha sido calificado de pseudocarolingio y, en las modernas colecciones, se le coloca entre los de “mujeres seductoras”. Está amplísimamente divulgado en la tradición oral espaĖola y de Marruecos, aunque, en América, tan sólo Cuba y Chile han proporcionado algunos fragmentos. También fue recogido, como se ha dicho, por Estébanez  Calderón y por Bartolomé José Gallardo, por lo que es uno –con el de La Condesita– de los fundacionales de la recolección moderna.

            En el romance, la infanta requiere de amores a Gerineldo y le insta a ir, de noche, a sus aposentos, mientras el Rey duerme. El paje atraviesa el castillo sin ser sentido, llega a donde está la infanta, y yace con ella. El Rey, a medianoche tiene un sueĖo, se despierta, busca a Gerineldo, y lo halla dormido con su hija. El Rey, que los quisiera matar, decide, finalmente pon su espada entre los cuerpos de los amantes que, al despertar, comprenden que han sido descubiertos.

            Este argumento “base” tiene distintos desenlaces:

 

                                               ņQué sera de ti, Girineldos

                                               que seran de tus servicios?

                                               –Lo que a de ser, seĖora,

                                               que nos casemos yo y tigo[97].

 

            En otro texto, la infanta huye con su amante, recibe el bautismo:

                                              

                                               Y con las joyas que lleva

                                               en dos cajas de oro fino;

                                               una vida regalada

                                               a su amante ha prometido[98].

 

            A estos versos, la llamada Canción nueva de Gerineldo..., aĖade:

 

                                               Nadie se espante, seĖores,

                                               de este lance acaecido

                                               que cada día se cambian

                                               por trapo viejo los higos[99].

 

            Pero si en los pliegos el final es tan diverso, el desenlace, en los textos recogidos de la tradición oral, lo es mucho más: algunos, con seria preocupación ética y cierto tono moralizante, contrastan con otros, como el andaluz, que supone todo un desplante de arrogancia[100].

            Para la composición de nuestro Jerineldos, el coplero ha debido tener presente algún pliego anterior, pero no ha desdeĖado ciertos detalles tradicionales, de alguna versión andaluza  que llegase a sus oídos.

            En el Jerineldos portuense se aprecian pormenores y material “de acarreo” de diversa procedencia escrita, como la huída a Tartaria; el Sultán, por el rey; el nombre de Enilda; el diálogo en el jardín... que nos ponen el pliego de Bernardo NúĖez en última relación con el gótico s.l. y s.a. que publica Durán[101], y de él lo toman F. J. Wolf y C. Hofmann y Menéndez Pelayo[102]. Pero estos extremos pasan un largo caminar que concluye en una serie de pliegos del XIX, tales como las tantas veces reimpresa Canción nueva de Gerineldo. Curiosa y verídica de la fuga del serrallo del gran seĖor de Constantinopla de la bella Enildas, Sultana favorita con un oficial ruso...[103] que, indudablemente ha influido en el pliego de Bernardo NúĖez.

            Un atávico y exótico detalle oriental que también singulariza al Jerineldos portuense es el trueque de la espada por el alfanje del Rey = Sultán.

            Pero, con todo, la particularidad más importante en el Jerineldos de Bernardo NúĖez la proporciona el desenlace. En contraste con el de la Canción Nueva de Gerineldo..., el de El Puerto introduce el llamado final meridional[104] del juramento, desenlace que, por primera vez, repito, figura en un pliego:

 

                                               Tengo juramento hecho

                                               á la virjen (sic) de la Estrella

                                               mujer que ha sido mi dama

                                               de no casarme con ella.

 

            Este final tradicional andaluz, tiene un extraordinario poder difusivo hacia otras regiones, está presente en las versiones autónomas de nuestros gitanos y en las “dobles” de los sefarditas que, a veces, por un eufemismo de tipo religioso convierten a la “Virgen de la Estrella” en “el libro de mi estrella”[105], “en el librito vizeęro[106] o “juramento tengo hecho a mis padres los antiguos”[107], según las rimas en que se manifiesta este final estrambótico.

            Así pues, ha de concluirse con el original autor de nuestro pliego, luego de comenzar con un empréstito tradicional –el fragmento de El Conde NiĖo– nos presenta una versión libérrima de –La Condesita– ha influido ocasionalmente en la tradición oral posterior. Aurelio Macedonio Espinosa, en 1920, en Santiponce (Sevilla) recogió a Antonia García, de 67 aĖos, una versión de La Condesita, calcada de pliego portuense en sus treinta octosílabos. Pero la informante remató su versión incorporándole el desenlace tradicional[108]. Esta honra ha alcanzado el anónimo ciego coplero que escribió para Bernardo NúĖez: su obra ha acabado contaminando la tradición oral, fundida y cantada junto con unos versos que superaron el ajetreado caminar de varios siglos en el frágil y efímero soporte del testigo oral.

 

                                               Tal es la gloria Guillén,

                                               De los que escriben cantares...[109].

 

 

 

                                   


 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL 1

 

INVENTARIO CON VALORACIÓN DE MATERIAL DE IMPRENTA DE BERNARDO NÚĄEZ

 

Š Una prensa de mano común apreciada en                                                              3.000

Š Otra id., vieja id. en                                                                                                  600

Š Doce libras dos puntos de testo grazas á ocho                                                                         96

Š Siete id. Cuatro onzas testo sombreadas a diez y seis                                                   116

Š Cinco id. Seis onzas entre dos grazas á diez                                                                  53

Š Nueve id., ocho onzas entre dos caladas á diez y seis                                                  152

Š Cuatro id. Ocho onzas Glosillas calada á veinte                                                            90

Š Catorce id., ocho onzas viĖeta cuatro puntos de lectura á diez                                    290

Š Seis id. viĖeta medio nompaneli á veinte y cuatro                                                      144

Š Cuatro id. vigotes y corchetes á veinte                                                                          80

Š Seis id. cuatro onzas filete de glosilla á seis                                                                   37

Š Veinte y dos piezas de adornos de imprenta total                                                        238

Š Dos puntos gallarda número cuatrocientos setenta y tres veinte y cuatro                             85

Š Nueve libras once onzas Gotica Alemana número cuatrocientos setenta y tres

   y veinte y dos                                                                                                            215

Š Por los efectos comprendidos en la nota de los tres Laurent & Berney de París

   importantes ciento ochenta y cinco francos trescientos treinta y cinco centimos,

   reducidos a reales de vellón.                                                                                      715

Š Por los efectos que expresa la nota de los Sres. Ruiz y Vilar de Barcelona en Marzo

   de mil ochocientos cuarenta y dos                                                                             627

Š Ocho libras y ocho onzas capilares c... catorce á treinta y seis                                            306

Š Diez y nueve y media arrovas de lectura chica fundición de Barcelona                  2.730

Š Tres arrovas de imprenta                                                                                            300

Š Cinco arrovas entre dos graza á ciento cincuenta                                                                750

Š Cuatro arrovas, dos de abecedarios uno de pulgada y media                                       400

Š Siete pares de cajas con sus chivaletes á cincuenta                                                              350

Š Un cajero con sus imprentas para los abecedarios de titulares                                     160

Š Dos sacos de humo á ochenta                                                                                     160

Š Siete galeras y tres grandes                                                                                                  200

 

Importan las anteriores partidas                                                                                11.896

once mil ochocientos noventa y seis reales veinte y seis maravedís vellón...

 

 


APÉNDICE DOCUMENTAL 2

 

CABECERAS Y DESCRIPCIÓN DE LOS PLIEGOS DE BERNARDO NÚĄEZ, POR AHORA, CONOCIDOS Y CONSERVADOS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID.

Cabeceras de los pliegos:

(excepto el “Jerineldos”)

 

 

 

 

 

 

 

Descripción de los pliegos:

 

A) Número 2

            Trovos amorosos (Debió haber un número 1 del mismo título, pues éste 2 comienza en el número XI. Contiene:)

 

                       XI                                                                  XVI

            Palomita amartelada                                       María dame una rosa...

           

                       XII                                                                 XVII

            Ví a mi paloma salir...                                    María flor de las flores...

 

                       XIII                                                               XVIII

            Dulce hechizo idolatrado...                            Solo con mirar tu garbo...

           

                       XIV                                                               XIX

            Si yo en tu gracia me viera...                          Yo te quiero con fineza...

 

                       XV                                                                 XX

            Son tus ojos dos diamantes...                          No como, bebo, ni duermo...

 

 

            En la cabecera, palmera, mariposa y palmera. Colofón Pto. Sta. María. Imp. de B. NúĖez, calle de Palacios, 43. 2 hoja, 20 cms. (USOZ-9497 –3,4)

            (Es casi seguro que fueron compuestos para Bernardo NúĖez)

 

 

B) Número 5.

Matraca /, en jocoso estilo, / en que una dama disuade con razones la persuasión/ del amor de un Estudiante/ y respuesta de él / soliloquios muy graciosos. / Fue ociosidad de un ingenio de la Corte.

                                   Est. Dichosos puedo llamar...

En la cabecera tacos con “dama” y “estudiante”. No tiene colofón. Puerto de Santa María: Imprenta de B. NúĖez, Calle de Palacios, núm. 43.2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-15 y 16).

(En Aguilar PiĖal, Francisco.  Romancero popular del siglo XVIII, ya citado. Hay un pliego 1331, s.l., s.a. Biblioteca Nacional, Madrid. R. 24571 (7)).

 

 

C) Número 6.

            El moro y cristiano. / Pasillo.

 

                                               Sale el Moro.

                                   Mor. Antes que salga la Aurora...

 

En la cabecera: Dos tacos con las mismas palmeras que en A); en el centro las figuras de un moro, a la izquierda, y un “espaĖol” a la derecha. Sin colofón. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43, 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497- 5 y 6).

            (En Aguilar PiĖal; op. cit., figura como autor Diego de Ornedillo. En Sevilla, Biblioteca Universitaria 27-A-28 y en Londres, British Museum T. 1956(5). Aguilar, 1845 y 1846).

 

D) Número 7.

            La enamorada de Cristo / María Jesús de Gracia.

 

                                               A las discretas mujeres...

 

            Sin cabecera y sin colofón. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-137 y 138).

            (En Aguilar PiĖal; op. cit., Uno impreso en Madrid. Impresor calle Juanelo, s.a., Madrid. Bibl. Nacional. R 18957 (106), y otro de Córdoba, Rafael García Rodríguez, impre.s.a.; Madrid, Academia EspaĖola, 39-VII-15(8); París, Nationale, Yg. 1688; Madrid, Nacional, V.E. Caja 5049193. Aguilar 1732 y 1733).

 

E) Número 8.

            Badaluque, / Proezas hechos memorables, de este invencible y atrevido primo y capitán / general de las armadas navales, del siempre e invicto rei de Bastos.

 

                                              Escandalicese el mundo...

 

            En la cabecera un taco con la figura de Badaluque. Sin colofón, Pto. de  Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle de Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ/ 9497 –250 y 251).

            (En Aguilar PiĖal, op. cit. tres pliegos: 1305, s.l. s.a., Londres, British Museum, T. 1954 (1); 1306, s.l., s.a. Londres, British Museum, T. 1954 (3); 1307, Barcelona. Estivill, s.a. París, Nationale Yg. 799 y Rés. Yg. 201).

 

F) Número 9.

            Jerineldos

                                               “Se levanta el conde NiĖo...”

 

            En la cabecera dos tacos: a la izquierda figura femenina que se repite en H) número 11 y a la derecha figura masculina. Por colofón, un sol. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-100).

            No existe otro impresor que lo reprodujera. Debió ser compuesto para Bernardo NúĖez, con toda seguridad. Este pliego ha sido estudiado particularmente en este trabajo).

 

G) Número 10.

            Escena del Rei y Sancho Ortiz, siguiendo la de / este y Busto Tavera: de la tragedia titulada / Sancho Ortiz de la Roelas.

 

                                               El rey y Don Sancho Ortiz

 

                                   Sancho. Dadme á besar vuestra mano...

 

            En la cabecera dos tacos: A la izquierda, el rey a besar la mano a Sancho Ortiz, arrodillado: a la derecha, Bustos Tavera, en pie. Sin colofón. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-17 y 18).

            (La tragedia de donde se extrae la escena es  La Estrella de Sevilla, de Lope de Vega. Por los aĖos 1832 tuvo especial popularidad. Mesonero Romanos en su artículo  La comedia casera pinta a una compaĖía de aficionados que en su repertorio trae “Sancho Ortiz de las Roelas” –Panorama matriense 1832 a 1835, por el Curioso Parlante. Madrid, 1881, pág. 25 –La Estrella de Sevilla, Lope, en Obras escogidas de... I.B.A.E., XXIV, págs. 137-153.

 

 

H) Número 11.

            Pasillo / de la comedia titulada: lo cierto por lo dudoso / ó La mujer firme. / Enrique y Juana.

                                   Juana. Hola? quién ha entrado aquí?...

 

            En la cabecera, a la izquierda, la misma figura de dama que en el Jerineldos, F); a la derecha figura masculina con casaca; doble regleta por colofón. Puerto de Santa María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-7 y 8).

            (Este pasillo no he podido hallarlo en otros pliegos de colecciones conocidas. No es extraĖo que se sacara para Bernardo NúĖez y no se reimprimiera. Con el título de “Lo cierto por lo dudoso”, Lope de vega escribió una comedia, de la que es parte este pasillo).

 

I) Número 14

            Sátira graciosa y entretenida en que se refieren las / discordias, disgustos y disenciones que hai entre / suegras y nueras.

 

            En cabecera, dos tacos: a la izquierda, dama joven (la misma que en “Matraca...”, B); a la derecha figura vieja muy deforme con bastón. Raya de regleta por colofón. Pto.  Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-13 y 14).

            En Aguilar PiĖal, 1193, s.l., s.i., s.a. Granada Bibl. Universitaria, B-18-36 (17); Londres, British Museum T. (14). En Julio Caro Baroja,  Ensayo... op.cit., Ed.1988.Pág.335 y not.9, sin pie de imprenta.

 

J) Número 15.

            Diálogo / entre galán y dama / cuyo título es: / Cobrar la fama es nobleza, / y desempeĖa su agravio.

 

                                               A desempeĖar mi agravio...

 

            En cabecera, a la izquierda, dama con sable en la mano; a la derecha, figura masculina con casaca y bastón de mano. Sin colofón. Raya de regleta. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-9 y 10).

            En Aguilar PiĖal, op. cit. Núm. 1944. Figura como autor Juan García Valero. Imprenta Agustín Laborda, Valencia, s.a. Londres Bristish Museum T. 1953 (87); en Caro Baroja, Ensayo... Ed. 1988, pág. 334 y not. 5 Con el título Papel nuevo entre dos personas. Galán y dama cuyo líder es: Cobrar la fama es... Compuesto por Juan García Valero, natural de la Villa de Arahal, Sevilla, en Imp. Real, calle del Correo Viejo, circuló en el siglo XVIII. Joaquín Marco, op. cit. 2, págs.643.

 

K) Número 20.

            DoĖa Josefa Ramírez./ Romance en que se da cuenta de los arrojos y valientes arrestos de esta dama/ natural de Valencia, y la felicidad con que salió de todos ellos./ Primera parte.

 

                                               A la que es madre del Verbo

 

            Por la cabecera, a la izquierda el mismo taco que J) ese lado; a la derecha un taco con dos figuras masculinas (don Leonardo y don Gaspar de Contreras, con escopetas). Sin colofón. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-651 y 652).

            (Durán, Agustín. Romancero General... op. cit. II, 1328, págs. 361 a –363 a. Su autor: Pedro de Fuentes. En Aguilar PiĖal, op. cit. 308, de Pedro Fuentes. Imp. Francisco Xavier García. Madrid, s.a., Londres, British Museum T. 1958. (6); 1310. Imp. Fausto García Tena. Córdoba, s.a., Madrid, Bibl. Nacional R. 1895 (8); 312, s.l., s.i., s.a., París, Nationale Yg. 588; 313, Imp. Juan García Rodríguez de la Torre, Córdoba, s.a., Sevilla, Universitaria, 25-B-185 (34). París, Nationale Yg. 1643. Madrid, Nacional, V.E., caja 504 (101); 314, imp. Andrés de Sotos, Madrid, s.a. Granada, Bibl. Universitaria B-18-36 (66). (Caro Baroja, Julio, Ensayo..., ed.1988, págs. 112 y 241).

 

L) Sin número.

            DoĖa Josefa Ramírez. / Romance en que se refiere el cautiverio de esta dama, y los varios sucesos que / pasó hasta el fin de su vida / segunda parte.

 

                                               Ya dije, como salió.

 

            Sin grabados en cabecera,  ni colofón. Pto. de Sta. María: Imprenta de B. NúĖez, calle Palacios, núm. 43. 2 hojas, 20 cms. (USOZ-9497-653 y 654).

            (Durán, Agustín. Romancero... op. cit. II, 1329, págs. 363 a –365 a; su autor: Pedro de Fuentes. En Aguilar PiĖal, op. cit. 309, s.l., s.i., s.a., Londres, British Museum T. 1958. (6); 1311. Imp. Fausto García Tena. Córdoba, s.a., Madrid, Bibl. Nacional R. 18957 922); 315, s.l., s.i., s.a., Granada, Bibl. Universitaria B-18-36966).Caro Baroja, Julio. Ensayo..., ed. 1988, págs. 112 y 241).

 


APÉNDICE DOCUMENTAL 3

 

El pliego de “Jerineldos” de Bernardo NúĖez

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL 4

 

Versión de La Condesita recogida por Don Aurelio Macedonio Espinosa, en 1920, en Santiponce (Sevilla) a Antonia García de 69 aĖos. Publicada en  Romancero Tradicional de las lenguas hispánicas, ya citado. En cursiva los versos procedentes del pliego de Bernardo NúĖez que han pasado a la tradición oral.

 

 

                       Grandes guerras se publican  por EspaĖa y Portugal

2          y al Conde NiĖo lo nombran  de capitán general.

La hermosa Nirda lo llora sin poderlo remediar.

4          –Pues debes con él casarte según contrato formal,

que tus padres le habían hecho según su abedrío.

6          –SeĖora, su abedrío, no tome tan gran pesar;

si a los siete aĖos no he vuerto con otro puede casar.

8          Pasaron los siete aĖos sin haber razón formal

Para consolar a Nirda que se muere de pesar.

10        Mas ar cabo de ese tiempo, una criada mu formal

vino a traerle noticias que se iba a casar

12        El conde NiĖo, su amo, con una hermosa deidad,

que era en Francia celebrada por su garbo y por su sal.

14        Se vistió de peregrina, en el camino está ya,

bien provista de dinero pa que no pueda faltar.

16        Ha andado siete reinados y con  un pastor va a dar.

–Pastorcillo, pastorcillo, por la Santa Trenidad,

18        que me niegues la mentira y me digas la verdad,

ņde quién son esos ganados con tanto hierro y seĖá?

20        –Son el Conde NiĖo, mi amo, que está próximo a casar.

[...]

22        –Eres el diablo, romera, que me has venido a tentar.

–No soy el diablo, buen conde, que te he venido a tentar,

24            que soy tu esposita Nirda que te he venido a buscar.

 



[1] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Romancero Hispánico. Espasa-Calpe, Madrid, 1968, II, XVII, 3, 4 y 5,  págs. 246-251.

[2] MENÉNDEZ PIDAL,  Ramón. Romancero Hispánico, ya citado, II, 15-10, págs. 193 y ss.

[3] MENÉNDEZ PIDAL,  Ramón. Romancero Hispánico, ya citado, II, cap. XV, particularmente  12, 13  y 14.

[4] DURÁN, Agustín. Romancero General, o colección de Romances castellanos anteriores al siglo

XVIII, recogidos, ordenados, clarificados y anotados por... B.A.E., Madrid, 1849, págs. XXVIII-XXXIII.

VALERA, Juan. “De lo castizo en nuestra cultura en el siglo XVIII y en el presente”. En Crítica literaria, 1864-1871. Obras Completas, Madrid, 1909. Tomo XXIII, págs. 239-258.

[5] RODRÍGUEZ-MOĄINO, Antonio. Diccionario geográfico popular de Extremadura. Madrid, 1965,                       págs. 468-475 (núm. 1305).

[6] Este romance, obra del jerezano Lucas del Olmo, lo conozco impreso por José María Moreno, de Carmona.

Hay una comedia de Arboleda titulada El esclavo de su dama y paso honroso de Asturias.

[7] Al ciego Pedro Marín Hurtado, autor del pliego Galanes enamorados... que relata la historia de La Molinera y el Corregidor, tendremos ocasión de verlo en El Puerto, en la Imprenta de Bernardo NúĖez.

[8] Es autor del romance Nueva relación de los chistosos lances ocurridos a Juan Soldado. En Durán (I, pág. XCV b).

[9] Romance nuevo del chasco que le dio una vieja a un mancebo dándole una sobrina suya por doncella, llamada Teresa Mocarro Gangarilla, compuesto por un cazador de grillos y cardador de lana de tortugas. Durán, Romancero, op. cit., I, pág. XCIII b.

[10] DURÁN, Agustín Romancero...  I, pág. XCI a y II, págs. 338a -342b, números 1314 y 1315.

[11] LOPE DE VEGA. La Gatomaquia. Ed. de Francisco Rodríguez Marín. C. Bermejo, impresor, Madrid, 1935. Silva III, pág. 31.

GARCÍA DE ENTERRÍA, María Cruz. “Un Memorial, casi desconocido, de Lope de Vega”, en Boletín de la Real Academia EspaĖola, LI (1971), pág. 139-160.

[12] Archivo Histórico Municipal de Málaga.  Actas de Cabildo, aĖo 1790, folio 222.

[13] MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino. Antología de Poetas Líricos Castellanos. Librería de Perlado,                                                                                     Páez y Cia. Madrid, 1903. Tomo XI, pág. 38.

[14] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Romancero Hispánico, ya citado. Cap. XV, 8, pág. 185.

RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco. Quijote. Edición de... Madrid, 1927, I, pág. 184.

[15] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Romancero Hispánico, ya citado. II, XV, pág. 185. Novísima Recopilación. VIII, 18, 4Ľ...

GARCÍA BLANCO, Manuel. Revista de Filología EspaĖola,  Tomo XXVIII, 1944, pág. 466.

OLIVARES DE LA CUEVA, Antonio, cita el tratado sobre educación popular de Campomanes de 1775, pág. 153, en un artículo de El correo de los ciegos, VII. Madrid, 1790, pág. 102.

MENÉNDEZ VALDÉS, Juan. “Discurso sobre la necesidad de prohibir la impresión y venta de las jácaras y romances vulgares, por daĖosos a las costumbres públicas”. Incluido en sus Discursos forenses, Madrid, 1821.

[16] En 1826, por Real Cédula, se adopta como texto único el Arte de hablar de Hermosilla en toda la nación. En el cap. II, págs. 179-187, arremete contra los romances y concluye con que “este metro se ha hecho vulgar, se ha envilecido, y no hay medio de ennoblecerle”.

[17] RODRÍGUEZ-MOĄINO, Antonio. Poesía y Cancioneros. (Siglo XVI), Madrid, 1968, págs. 31-32.

[18] GARCÍA DE ENTERRÍA, María Cruz. Sociedad y poesía de cordel en el barroco. Taurus, Madrid, 1973, Cap. II, págs. 59-62.

[19] F. J. NORTON and E. M. WILSON. Two Spanish verse chapbooks (A facsimile edition with bibliographical and textual studies) (Cambridge University Press, 1969), pág. 6.

[20] AGUILAR PIĄAL,  Francisco. Romancero popular del siglo XVIII, C.S.I.C., Madrid, 1972.

[21] ESPEJO, Cristóbal. Pleito entre ciegos e impresores (1960-1775), en Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos, II (1925), págs. 206-236.

[22] Así en pliego impreso en Guadalajara que se conserva en el Archivo Menéndez Pidal, publicado en el Romancero Tradicional de las Lenguas Hispánicas (en adelante, R.T.L.H.), VI, Gerineldo I, págs. 30-31.

[23] JUNTA GUBERNATIVA DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ. EDICTO. Cádiz, 4 de septiembre de 1835. Ejemplar en Archivo Histórico Provincial de Cádiz. Sección Política de Orden Público. Prensa e Imprenta, caja 114. Pieza 9.

Las cajas 113 a 116 de esta Sección son especialmente interesantes para el estudio de la imprenta en la provincia durante el periodo que estamos tratando.

GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel. Estudio histórico sobre la censura gubernativa en EspaĖa (1800-1833). Madrid. Tipografía de Archivos. 1934, I, págs. XIII y XIV.

[24] CARO BAROJA, Julio. Romances de ciego. Temas de EspaĖa, Taurus, Madrid, 1966;

Ensayo sobre la literatura de cordel,  Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1968. (Hay otra edición en el Círculo de Lectores, Barcelona, 1988).

AGUILAR PIĄAL, Francisco. Romancero popular del siglo XVIII, ya citado.

GARCÍA DE ENTERRÍA, María Cruz,  Sociedad y poesía de cordel en el barroco, op. cit.

MARCO, Joaquín. Literatura popular en EspaĖa, en los siglos XVIII y XIX. 2 vols. Taurus. Madrid, 1977.

ALVAR, Manuel. Estudios de literatura popular malagueĖa. Servicio de Publicaciones, Diputación de Málaga, 1989. Sobre todo págs. 81-157 que contienen el trabajo “Romances en pliegos de cordel”.

[25] DURÁN, Agustín, Romancero, ya citado, págs. XXVIII-XXXIII.

[26] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Romancero Hispánico, ya citado, y otros muchos trabajos.

De Rodríguez-MoĖino, por no ser exhaustivos, podrían citarse el Diccionario de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI),  Madrid, Catalina, 1970, y Poesía y cancioneros (siglo XVI), Madrid 1968 y otras muchas.

[27] CARO BAROJA, Julio. Ensayo, Cap. VIII, 1, pág. 251 (ed. 1988).

[28] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón, Romancero Hispánico, tomo II, Cap. XXI, 9, pág. 390.

[29] CARO BAROJA,  Julio.  Ensayo..., op. cit. ed. 1988, págs. 74-76.

RODRÍGUEZ-MOĄINO, Antonio.  Historia de los catálogos de librería espaĖoles (1661-1840). Estudio bibliográfico.  Madrid, 1966.

[30] En el catálogo de Aguilar PiĖal, ya citado se reseĖan:

240... Romance Poético, en que se manifiestan los atrasos de EspaĖa, y sus remedios, que consagra a los Piés de S.M. el Sr. Don Fernando Sexto, un afectuoso Vasallo amantísimo de su Rey, SeĖor natural y bien del Reyno. Puerto de Santa María. Roque Gómez.

264.  Verdadera relación que declara el voraz incendio, desgracias y muertes que han sucedido el día 9 de agosto de este presente aĖo de 1755... Puerto de Santa María, Francisco Vicente MuĖoz.

1654. Soledad Penitente de San Jerónimo. Por el Padre Fray Nicolás Cándido del Orden de Mínimos. Roque Gómez. Puerto de Santa María.

[31] Relación verdadera, en que declara la inmutable grandeza, y ostentación con que se hizo la Majestuosa rogativa a Nuestra SeĖora de Atocha, trayéndola al Colegio de Atocha, acompaĖándola nuestro Invicto Monarca, y sus Reales Consejos, desde que salió hasta que llegó a las Descalćas Reales, como verá el curioso Lector. (sic) AĖo 1681. (British Museum, T.22 (31). Publicado por María Cruz García de Enterría, en su obra cit. pág. 216.

[32] Nueva relación y Curioso Romance en que se declaran las prevenciones militares con que  la muy Noble, preclara e Ilustre Ciudad de Sevilla manifestó su lealtad a nuestro gran monarca Felipe V en la invasión que hizieron en las costas de Andalucía las Armas Inglesas, del modo que se apoderaron de Rota y del Puerto de Santa María y su desalojamiento (Aguilar PiĖal, nľ 142).

[33] Boda de negros. Romance en que se refiere la celebridad, galanteo, y acasos de esta Boda, que se efectuó en la Ciudad de El Puerto de Santa María. Reimpreso en toda EspaĖa. Su texto íntegro está publicado por Caro Baroja en  Romances de ciego. Taurus, Madrid, 1966, págs. 336-343.

[34] Verdadera relación de una lastimosa carta que, desde Argel, envió a su mujer un soldado del         regimiento de EspaĖa, llamado Francisco Hernández, natural del Puerto de Santa María en que se         refiere los tormentos y martirios que padeció entre los moros y cómo por intercesión de la Virgen del Rosario se libertó. Con lo demás que verá el curioso. Fue reimpreso infinidad de veces y circuló también con título parecido y llamado Nuevo y curioso romance...

[35] CARO BAROJA,  Julio.  Ensayo..., op. cit., 1988, pág. 338.

[36] DEMÓFILO (Antonio Machado Álvarez) lo recoge en su Colección de Cantes Flamencos (El     Porvenir, Sevilla, 1881) en la sección de Martinetes, nľ 1, pág. 147. También COSSÍO, José María. Los Toros. Tratado Técnico e Histórico. Quinta edición. Espasa-Calpe, Madrid, 1969, II, pág. 285.

[37] COTARELO, Emilio. “Ensayo histórico sobre la zarzuela, o sea el drama lírico espaĖol, desde su origen a fines del siglo XIX”. En Boletín de la Academia EspaĖola, XX, 1933, págs. 287-288.

[38] COTARELO,  Emilio, op. cit., págs. 34-39.

[39] CEBRIÁN GARCÍA, José.  Don Luis de Luque y Leyva y sus imprentas. Caja de Ahorros de Jerez. Jerez de la Frontera, 1985. Págs. 34-39.

SANCHO MAYI, Hipólito. Historia del Puerto de Santa María... Escelicer, Cádiz, 1943. Págs. 490-491.

[40] PÉREZ, Dionisio. Ensayo de bibliografía y tipografía gaditanas. Mendizábal, Madrid, 1903. No obstante, la historia de la imprenta portuense del XIX está por hacer. Los pies de imprenta son los que proporcionan alguna noticia, además de las relaciones anuales y otros documentos de la sección Política de Orden Público. Prensa e Imprenta. Cajas 113-116. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ.

En las relaciones anuales que se conservan en la sección Política de Orden Público. Prensa e Imprenta. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ (en adelante AHPC) figuran las citadas y aparece, además, Bernardo NúĖez, hijo.

[41] Esta fotocopia y el texto fueron publicados en el Romancero Tradicional de las Lenguas Hispánicas (Tomo VI, Gerineldo I.  Versión 1.6., págs. 38-42 y Tomo V Romances de tema odiseico. Versión VIII, 2, págs. 213-216. Editores Diego Catalán et alt... Gredos, Madrid, 1975 y 1971-72 respectivamente (Cit. como R.T.L.H.).

[42] Biblioteca Nacional. Madrid. Usoz 9497. Antes U-10609.

[43] Sobre don Luis Usoz y Río (Chiquiraca, actual Bolivia, 1805-Madrid, 1865): MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Historia de los heterodoxos espaĖoles. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1965 (2 vols.) Confer, especialmente el Discurso preliminar a la primera edición págs. 31 y ss. Y el libro III, cap. II. Sección IV. Un cuáquero espaĖol: Don Luis Usoz y Río, págs. 900 y ss.

También, RICART, Domingo. “Notas para una biografía de Luis Usoz y Río”, en Studia Albornotiana, vol. XIII. Publicaciones del Real Colegio de EspaĖa. Zaragoza, 1973. En este volumen está también el trabajo de Robert JOHNSON, “Notas para una biografía de Luis Usoz y Río: una correspondencia literaria del canónigo Riego y B. B. Wiffen”.

[44] ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA CRUZ. CÁDIZ (En adelante A.P.S.C.C.). Bautismos.  Libro 87, fil. 244 vto. Los nombres que se le imponen son: Bernardo, Lorenzo, Jacinto, Germán, Rudesindo del Santísimo Sacramento. Sus padres figuran como Bernardo NúĖez e Isabel Virués “su legitima mujer, casados en esta ciudad (Cádiz) el aĖo ochenta y siete” (1787). La inscripción la firma el Dr. Don Antonio Cabrera, el célebre Magistral Cabrera.

[45] A.P.S.C.C. Matrimonios. Libro 40, fil. 209. El esposo es hijo de Don Dámaso Joseph NúĖez y de DoĖa Juana María Rosa. La esposa, Isabel Antonia Gómez Virués, es hija de Don Juan Gómez Virués y de DoĖa Beatriz Bela.

[46] A.H.P.C. Testamento de Don Bernardo NúĖez. Cádiz, 24 de agosto de 1800, ante D. Francisco de Paula Estepaz. Prot. 1362, fols. 198-201.

IGLESIAS RODRÍGUEZ, Juan José. La epidemia gaditana de fiebre amarilla de 1800. Ed. Diputación Provincial de Cádiz, 1987.

[47] ARCHIVO PARROQUIAL PRIORAL DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA. (En adelante A.P.P.P.S.M.), caja 298, pieza 2. “Amonestaciones, 2 de octubre 1814 hasta 1818”, Casamientos, Libro 52, 1813-1820. Fol. 139.

[48] ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (en adelante A.H.M.P.S.M.). Padrón general de todos los Vecinos Cabezas de familia. Cuartel, nľ 6.

[49] En 6 de Diciembre de 1820, en El Puerto, Bernardo José NúĖez abre una “Suscrición (sic) voluntaria de amigos del Pueblo y amantes del Sistema Constitucional para un periódico que ha de publicarse en esta Ciudad... Su título será  JARDÍN POLÍTICO... la suscrición (sic) se abre en esta ciudad en la librería de NúĖez y en Cádiz en la de Picardo y NúĖez...” A.H.P.C. Orden público. Prensa e imprenta. Caja 113.

[50] A.H.P.C. Orden Público. Prensa e Imprenta. Caja 116-34. En 1846. La Librería de Palau y Cía. Es traspasada a Don Rafael Bermúdez de Castro.

[51] A.H.M.P.S.M. Padrón general de todos los vecinos cabezas de familia, Cuartel nľ 6. 3 de enero 1824. Ibídem: 1828.

[52] Ibídem.

[53] A.P.S.C.C. Matrimonios Libro 44, fol. 59 vto.

[54] A.P.P.P.S.M. Bautismos Libro 106, fol. 98 vto.

[55] A.H.M.P.S.M., Leg. 132. Contribución Industrial. Expediente de ejecución a deudores. “D. Bernardo NúĖez por medio y todo el aĖo económico (sic) de 1820 a 1821. 43.000”. Hay dos diligencias. En la primera no fue habido. En la segunda se le notifica en su persona, 1828.

[56] A.H.P.C. Legajo 994, fols. 166 y ss. Protocolo del escribano del Puerto de Santa María Don José María Azpillaga.

[57] A.H.M.P.S.M. Padrón General de los vecinos 1831.

A.P.P.P.S.M., Padrón. Quartel del Espíritu Santo. 1832, fol.33; 1833, fol.33; 1834, fol.31; 1835, fol.31; 1836, fol.37 (Larga 41); 1837, fol.32; 1838, fol.32 vto.; fol. 31 vto.

[58] Las encuadernaciones documentadas en Bernardo NúĖez se reducen, por ahora, a las de los libros de Actas del Ayuntamiento Constitucional del Puerto de Santa María, Tomo III, de 1836; Tomos I y II de 1837; Tomos I y II de 1938; Tomos I y II de 1939 y Tomo I de 1840. Están en piel verde, con los tejuelos decorados con estampaciones en oro utilizando hierros barrocos y neoclásicos. (Actas Capitulares 1837,  Tomo I, fols. 71 vto. Y 76 vto. Los restantes volúmenes se deducen de Bernardo NúĖez por sus encuadernaciones  idénticas).

[59] A.P.P.P.S.M. Entierros. Libro 20, folio 68, “Don Bernardo Joseph NúĖez, natural de Lisboa, Reino de Portugal, viudo de DoĖa Josefa Vela testó ante Don José Martínez Azpillaga en 25 de enero de 1829. Albaceas DoĖa Josefa Vela, Don Francisco Vela y Don  Juan Vela”. En el fol. 68 vto. Del mismo libro consta el entierro del hijo de José María.

[60] A.H.P.C. Protocolos Notariales del Puerto de Santa María, legajo 994, fols. 176 y 177. Escribano don José Martínez de Azpillaga. 18 de marzo de 1835. Carta de pago de D. Bernardo Lorenzo NúĖez y Gómez a D. Francisco Bela.

[61] A.H.P.C. Protocolos Notariales del Puerto de Santa María, legajo 988, fols. 477-453. 20 de junio de 1834. Obligación Don Bernardo NúĖez hijo a Don Lorenzo de Miguel y otro. Escribano José Martínez de Azpillaga. De la liquidación que se practica se deduce que tiene libros como el Compendio de la Historia Natural de Bufón, Novelas selectas, la Vida de Voltayre (sic) y el Diccionario Geográfico Universal.

[62] A.H.M.P.S.M. Legajo 1836. Cuartel 3ľ, calle Palacios 43, propietario D. José María Lagier. En esta finca, además de la imprenta de Bernardo NúĖez, hay una sombrerería, una velonería y el Café del Comercio. (A.P.P.P.S.M. Caja 561 Padrón. Quartel de San Agustín,  fol.28. 1833, 1837, 1838, 1840; Caja 570, fol. 27, 1841, 1842, 1843, 1844, 1845).

[63] Este edicto, conservado en el A.H.M.P.S.M. Impresos. Legajo 2, aĖo 1837, es particularmente importante por su contenido ya que regula, entre otros, el régimen de los pasajes en faluchos desde El Puerto hasta Cádiz. Las coacciones y violencias a que se veían sometidos los viajeros, al ser llevados sus equipajes, contra su voluntad a un falucho distinto de aquel en que querían embarcar; el cobro del pasaje, una vez embarcados, a precios abusivos, etc., de que se quejan los viajeros románticos en sus libros, se tratan de atajar con este edicto que establece sanciones para quienes lo contravengan.

[64] Guía de Cádiz para el aĖo 1844. Imprenta del Museo de Novelas. Calle del Herrador, nľ 143. Págs. 44, 47 y 48.

[65] A.P.P.P.S.M. Padrón. Quartel de San Agustín. 1845. Caja 570. Palacios 43. Es el último aĖo en que la familia compuesta por Bernardo NúĖez, y Ana Avilés, su hija Concepción NúĖez y las cuĖadas Concepción Avilés y Rosario Avilés, vive en El Puerto. A partir de esa fecha, Bernardo NúĖez marcha a Cádiz y vive de pupilo en casa de DoĖa Dolores Delgado Buzón.

[66] A.P.P.P.S.M. Padrón. Quartel del Espíritu Santo. 1836, fol.37; 1837, fol.32; 1838, fol.32 vto.; 1839, fol.31 vto.

[67] A.P.P.P.S.M. Padrón. Quartel de San Agustín. 1840 fol. 28; 1841, fol.27; 1842, fol.27; 1843, fol.27; 1844, fol.27 y 1845, fo.27.

[68] A.H.P.C. Protocolos Notariales. Cádiz. Escribano D. Francisco de Paula Rivera y Lozano, legajo 4324, folios 809-812.

[69] A.H.P.C. Protocolos Notariales. Cádiz. Escribano D. Francisco de Paula Rivera y Lozano, legajo 4323, fols. 764-767 vto.

[70] Cfr. nota 68 de este artículo. Testamento de DoĖa Dolores Delgado Buzón.

[71] A.H.P.C. Protocolos Notariales. Cádiz. Escribano D. Francisco de Paula Rivera y Lozano. legajo 4316, fols. 410 a 413 vto. Es la escritura de constitución y recibo de dote otorgada por Bernardo NúĖez y Filomeno Fernández Arjona a Concepción NúĖez.

[72] Se reproduce en el apéndice.

[73] Guía de Cádiz... por D. José Rossetty...  AĖo XIX. 1873, pág. 266. Ibídem. AĖo XX, 1874. Pág. 271.

[74] Claudio Lepetit y su mono.  Novela escrita en francés por el célebre Paul Jacob, traducida al castellano por D.J.N.E. (Don Juan Nicolás Enrile), Cádiz. Imprenta de NúĖez y Arjona, 1846. (Boletín Bibliográfico de Historia. Nľ 7. Cátedra Adolfo de Castro. Cádiz, 1987, pág. 48).

[75] Ante la imposibilidad de consultar el Archivo Parroquial de San Lorenzo, en Cádiz, cerrado por obras, se da esta fecha aproximada, en que Bernardo no aparece ni en guías, ni en otros documentos. Sus talleres de encuadernación, por último, estuvieron en Amargura, 36 (Guía Rossetty, 1873, pág. 266) y en Sacramento, 57 (Guía  Rossetty, 1874, pág. 271).

[76] Francisco de Arjona y NúĖez es propietario de la Imprenta Ibérica con talleres en Balón, 21 y despacho en Duque de Tetuán 12, en Cádiz. Guía de Cádiz... por don José Rossetty. Cádiz. Imprenta de la Revista Médica de Federico Joly. AĖo XX, 1874, pág. 273. También conserva la imprenta de la calle San José que fuera propiedad de su abuelo (Guía Rossetty,  aĖo 1874, pág. 298).

[77] RODRÍGUEZ-MOĄINO, Antonio. Historia de los catálogos de librería espaĖoles (1661-1840). Estudio Bibliográfico. Madrid, 1966.

El número 85, pág. 159. Lista del surtido de romances, relaciones, pasillos, coplas, historias, libros y estampas en negro e iluminadas, que en el día tiene la imprenta de don Luis Ramos Coria, en Córdoba, en la Plazuela de las CaĖas, con los precios de todo. (Es de 1794 y comprende: 1) Romances y relaciones que llegan a 300. 2) papeles sueltos. 3) historias. 4) novenas y otros libretes pequeĖos forrados en papel. 5) estampas de a pliego. 6) estampas en octavo. 7) entremeses. El precio de todo era 45 reales la resma, salvo las estampas iluminadas que costaban 66 y los cuadernos de gramática que valían 60.

El  nľ 142, pág. 183, es la del Impresor cordobés Rafael García Rodríguez: Lista de surtido que en el día tiene en su imprenta Don Rafael García Rodríguez, calle de la Librería, casa número 2, en Córdoba, con todos estos impresos:

1) Libros en octavo, encuadernados en cartón o pergamino.

2) Libros en octavo, encuadernados en papel.

3) Libros en diez y seis, encuadernados en cartón o pergamino.

4) Libros en diez y seis, encuadernados en papel.

5) Novenas en diez y seis, con forro de papel.

6) Historias, con el número de pliegos que cada una tiene.

7) Estampas de a pliego.

8) Estampas de a medio pliego.

9) Romances, relaciones, pasillos y coplas hasta 224.

El malagueĖo Félix Casas y Martínez, impresor, imprenta frente al Santo Cristo de la Salud, ponía al pie: “donde se hallarán otros muchos”, o “donde se hallarán otros muchos romances”.

[78] A.P.P.P.S.M. Padrón. Quartel de San Agustín.  Caja 570, aĖo 1841, folio 27 y aĖo 1842, fol. 27.

[79] YERGA LANCHARRO, Manuel. “Interrogantes, dimes y diretes sobre ‘El Ciego de la PeĖa’, Silverio Franconetti y Rojo ‘El Alpargatero’”. Candil. Revista de Flamenco. PeĖa Flamenca de Jaén. Nľ 67. Enero-Febrero, 1990.

Aunque Yerga Lancharro fija la genealogía de Pedro Marín Hurtado y la fecha de su nacimiento, este “Ciego de la PeĖa” no es sino un coplero que componía romances. Aún no se ha reparado en el error en que cayó Ricardo Molina (“Mundo y Formas del Cante Flamenco”, Revista de Occidente, Madrid, 1963) inducido por cierto artículo de Antonio Murciano en que identifica a Pedro Marín, el “Ciego de la PeĖa”, con un cantaor flamenco natural de Sanlúcar. Este no era “El Ciego”, sino “El Tuerto de la PeĖa” (del Águila), gran siguiriyero de la escuela sanluqueĖa. Pastora Pavón, y Ramón Medrano que sabían interpretar su siguiriya siempre la atribuyeron a “El Tuerto de la PeĖa” y no a “El Ciego de la PeĖa”. Flamencamente hablando se distingue: Salud, la del Ciego; Curro, el Ciego; Rafael, el Tuerto; el Tuerto Aurelio...

Estébanez Calderón, en su carta a Pascual de Gayangos, de 21 de abril de 1839 cita el romance de El Ciego de la PeĖa (CÁNOVAS DEL CASTILLO, Antonio. El Solitario y su tiempo, Madrid, 1833, II, págs. 338-339.

[80] ALARCÓN, Pedro Antonio de, Obras Completas. Ed. Fax, Madrid, 1968, en Historia de mis libros (XIII págs. 19a-20b) y  El sombrero de tres picos, págs. 441-480. En el prefacio, alude al romance que recogió don Agustín Durán.

[81] Las descripciones contienen:

Š Número de orden en la serie del impresor.

Š Título.

Š Íncipit.

Š Descripción de cabecera y colofón.

Š Trascripción del pie de imprenta.

Š Hojas.

Š Centímetros.

Š Signatura sobre la colección de USOZ en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Š Notas sobre otras reimpresiones del mismo tema y bibliografía.

[82] Así: Trovos discretos y divertidos para entretener a los curiosos y cantar los Galanes a sus queridas Damas y especialmente los que se sienten agraviados por no ser correspondidos. (Córdoba, impr. Rafael García Rodríguez, nľ 202).

Trovos discretos y divertidos para cantar con la guitarra (Barcelona. Imp. Ignacio Estivill, nľ 3).

Trovos y décimas glosadas para cantar los galanes a sus novias, quejándose de su inconstancia (Madrid, impr. de Marés, s/n.), por citar unos cuantos.

[83] Así: Matraca entre los geniales Staremberg y Estanhope. Descúbrese dormido Staremberg y sale Estanhope (Zaragoza, Imprenta del Reyno, 1711).

Perico y Aneta, archiducal matraca lusitana (Sevilla, Impr. Francisco de Leefdael, s.a. pero del s. XVIII).

[84] La misma obra de Aguilar PiĖal que alberga todo tipo de composiciones impresas en pliegos de cordel se titula Romancero popular del siglo XVIII.

[85] Vid. notas 7, 78 y 79.

[86] R.T.L.H. Diego Catalán et alt., Seminario Menéndez Pidal, Ed. Gredos, Madrid, Tomo V, 1971-1972; págs. 213-216, versión VIII; y Tomo VI, 1975, págs. 38-42, versión I-6. El estudio de este pliego será siempre tributario de las sumarias pero acertadas y fundamentales anotaciones que Diego Catalán y sus colaboradores hicieron en R.T.L.H. A ellos, mi gratitud.

[87] CARAVACA, Francisco. “El Romance del conde Arnaldos en el cancionero manuscrito de Londres”. La Torre, 16, 1968, págs. 69-102.

[88] Sobre la popularidad de este romance de El conde Olinos. vid., entre otros estudios, MENÉNDEZ PIDAL, Ramón, Romancero Hispánico, op. cit. III, 9; IX, nota 29; VII, XI 5 y 7; XIX, 5; XX, 8,1 y 19, y XXII, 13.

[89] Sobre la noche y la maĖana de San Juan, cfr. CARO BAROJA, Julio. La estación de Amor. Fiestas populares de mayo a San Juan. Círculo de Lectores, Barcelona, 1992.

[90] Así, la recogida por Aurelio M. Espinosa, en 1920, a Margarita Navarro, 68 aĖos, en Sanlúcar de Barrameda, versión V, 246, en R.T.L.H., IV, Madrid, 1970, pág. 219.

 

[91] R.T.L.H., III, Madrid, 1969, págs. 24-25.

[92] RODRÍGUEZ MARIN, Francisco. Cantos populares espaĖoles. Francisco Álvarez y Cía. Editores, Sevilla, MDCCCLXXXIII, Tomo IV, pág. 406.

Y en mi trabajo “El romancero de los gitanos bajoandaluces. Del romancero a las tonás”. En Dos siglos de Flamenco, Jerez, 1989, pág.114.

[93] Sobre la cronología de la recolección de Estébanez Calderón, en Sevilla, a El Planeta y El Fillo, gitanos de Cádiz, el primero, y de Puerto Real o de El Puerto de Santa María, el segundo, veánse mis trabajos: “El romancero de los gitanos bajoandaluces. Del romancero a las tonás”, en Dos siglos de Flamenco. Jerez de la Frontera, 1989. Págs. 29-129, especialmente, págs. 53-59. Y “El romancero de los gitanos bajoandaluces, germen del cante flamenco”, en El Romancero. Tradición y pervivencia a fines del siglo XX. Cádiz, 1989. Págs. 563-607.

En las Escenas Andaluzas (Madrid, 1847) y en la que titula “Un Baile en Triana”, Estébanez  transcribe el romance del Conde Sol (La Condesita) y el de Gerineldo, que había recogido a esos gitanos.

Por su parte, Bartolomé José Gallardo, “por enero” de 1825 en la “Carzel de los seĖores” de Sevilla, donde estuvo preso por su talante liberal, recogió a unos tales P. Sánchez y Curro “El Moreno”, de Marchena, sendos romances de Jerineldos y La Condesita. Los manuscritos de Gallardo que estuvieron en el archivo de D. Pedro Sainz Rodríguez, fueron copiados por DoĖa María Goyri. Estas copias que se hallan en el Archivo Menéndez Pidal, fueron publicadas en el R.T.L.H., Madrid, 1970; Tomo IV, versión V. 244, págs. 217 y 218 (La Condesita); y en tomo VII, Madrid, 1975, versión 1.444, págs. 170-172 (Gerineldo).

[94] “En Andalucía el romance de La Condesita ha perdido su autonomía, para convertirse en segunda parte del romance de Gerineldo. Frente a 84 versiones andaluzas del romance doble de Gerineldo y La Condesita, sólo conocemos tres (y un fragmento) en que el tema de La Condesita perviva independientemente; y de ellas, dos son anteriores al aĖo 1840” (R.T.L.H., V, pág. 9). A ellas, hoy hay que aĖadir las autónomas recogidas por mí a los gitanos bajoandaluces.

“Los sefardíes de Marruecos cantan desde hace algún tiempo el romance de tema doble Gerineldo y La Condesita”. El origen andaluz de la segunda parte es evidente, y el influjo de las versiones locales independientes del tema de La Condesita muy limitado. En cambio, el tema de Gerineldo mantiene por lo general las características de romance sefardí no continuado. Hay, sin embargo, alguna versión de características plenamente andaluzas”. Ibídem. Pág. 10.

[95] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. “Sobre geografía folklórica. Ensayo de un método”. En Revista de Filología EspaĖola, VII, 1920, págs. 219-323.

MENÉNDEZ PIDAL, R. (1920), CATALÁN, Diego y GALMÉS, Álvaro (1950). Cómo vive un romance. Dos ensayos sobre tradicionalidad. Revista de Filología EspaĖola, Anejo LX, Madrid, 1954.

PETERSEN, Suzanne. El mecanismo de la variación en la poesía de transmisión oral: Estudio de 612 versiones del romance de La Condesita, con ayuda de un ordenador. Tesis de Ph. D., University of Wisconsin, Madison, 1976.

La profesora PETERSEN ha proseguido estos estudios con el auxilio de la informática y ha publicado, posteriormente otros trabajos que sería largo reseĖar. Al igual, Diego CATALÁN ha formulado otros trabajos de análisis electrónico del mecanismo reproductivo, desarrollando su tesis de la noción apertura del texto literario.

También SCHIAVO, L. “Apuntes para un estudio de las transformaciones en el romance de Gerineldo”. En El Romancero hoy: Historia, Comparatismo, Bibliografía crítica, Madrid, 1979, págs. 185-195.

 

[96] En R.T.L.H., tomo VI, ya cit., y en págs. 25-43 se estudia el romance de Gerineldo “según los pliegos sueltos”.

[97] Tercera parte de la Silua de varios romances... Imprenta de āaragoća por Steuan G. De Nagera. M.D.L.I., fol. xxxvj (Reimpresa por Rodríguez-MoĖino, Zaragoza, 1970, pág. 470 y publicada parcialmente por Menéndez Pelayo en su Antología de poetas líricos castellanos, IX, Madrid, 1900, pág. 318.

[98] En el pliego gótico, s.l. s.a., editado por Durán en su Romancero General, ya citado (I, págs. 176 y 177). Este es un romance de Gerineldos, el paje del Rey, nueuamente compuesto (en 4ľ., Got, a 2 columnas, 2 fojas, fig.).

[99] Canción nueva de Gerineldo, curiosa y verídica de la fuga del serrallo del gran SeĖor de Constantinopla de la  bella Enilda, Sultana favorita con un oficial ruso; caso sucedido en el presente aĖo. Existen multitud de impresiones de este romance. Vide, R.T.L.H., Tomo VI, págs. 30-32.

[100] MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Romancero Hispánico, op. cit., II, cap. XXI, 14, pág. 402.

[101] Cfr, nota 98 de este artículo.

[102] WOLF, F. J. y HOFMANN, C. Primavera y flor de romances. Berlín, 1856, II, págs. 97-101, nľ 161, a y MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino,  Antología..., ya cit. VIII, Madrid, 1899, págs. 282, 284.

[103] Vide nota 99 de este artículo.

[104] Don Ramón Menéndez Pidal entiende que “este final impertinente, tomado acaso del romance de Galiarda, procede de una tendencia moralizadora, de inculpación para la infanta y que en otra forma se ve en algunas versiones donde Gerineldo dice, al final del romance:

No lo niego mi buen rey, // que ella la culpa ha tenido. (El Padul, Granada).

Don Ramón anota la versión vieja de Galiarda”.

No quiero hazer, caballeros / para mi cosa tan fea // Que es tomar yo por mujer/ la que tuve por manceba.///

Y las orales modernas:

Juro la cruz de mi espada / y mi dorada bandera // de no casar con mujer / que antes el cuerpo me diera.

Vid. MENÉNDEZ PIDAL, R. Estudios sobre el Romancero, op. cit. Al analizar el romance de Gerineldo Menéndez Pidal anotó el extraordinario poder difusivo de las iniciativas romancísticas andaluzas (Rom. Hip. XXI).

 Y en el romance del Conde Pedro Vélez: Tengo juramento hecho/en un libro consgrado//de no casar con mujer/que su cuerpo me ha dado. En Catálogo General del Romancero,II, pág.191. Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos. Madrid.

[105] Versiones de Tánger o Tetuán, p. ej. También, Tánger: juramento tengo hecho / en el jardín de mi estrella.

En  Tetuán, 1952. Arcadio de Larrea recogió un Gerineldo judeo-espaĖol que terminaba:

Juramento tengo hecho / en mi librito de rezar: // mujer que ha sido mi dama, / con ella no he de casar.///

[106] En Tánger: juramento tengo hecho en mi librito vizeęro...

Y en Tetuán: Juramento tengo hecho / en los libros de mi tío, // hija que tal falta hace,/no ha de casarse conmigo ///

[107] En Tetuán, en el manuscrito de Luna Bennaim (1883-1953) escrito desde 1919 a aproximadamente 1950, en distintas fechas (proporcionado a Iacob M. Hassán por Moisés Benolol, C.S.I.C. Madrid, Instituto “Arias Montano”) hay transcrita una versión de El prisionero + Conde NiĖo + Gerineldo con el juramento + La Condesita:

Juramento tengo hecho / de mis padres los antiguos, // Moza que ha sido mi dama, / yo no he ser mi marido.

[108] Esta versión, conservada en el Archivo Menéndez Pidal, ha sido publicada en R.T.L.H. Tomo V, págs. 216-217, versión VIII, 3.

[109] MACHADO, Manuel. Obras Completas de Manuel y Antonio Machado. Ed. Plenitud, Madrid, 1973, pág. 162 (del libro “Sevilla”, 1920).